Aprende a arreglarte (1ª parte)

Deja que te haga una pregunta: ¿Por qué estás tan preocupado en salir de casa arreglado? Ropa, pelo, pendientes, collares, pulseras, zapatos, bolso, cinturón, bufanda... ¿Estamos tan preocupados por todo esto porque pensamos que puede hacernos feos? Obviamente no. Nos preocupan todas estas cosas porque pensamos que hacen que nos veamos bien, nos creemos más divertidos, más guapos, más atractivos; a nuestros ojos y a los ojos de los demás.



Puede ser que me vista muy bien y cause buena impresión, pero ¿he pensado alguna vez en arreglar bien mi alma?

Los accesorios o adornos de un cristiano deben ser sus buenas obras, sus virtudes.



¿Sabías que hay santos que han tenido la gracia de ver las almas y que a veces han visto que algunas eran como trozos de carne podrida, llenas de larvas y gusanos? No sé que pensarás tú, pero a mí no me gustaría ir por la calle y que la gente me viera de esta forma. Dudo que a ti te guste, la verdad…



Si sumara todo el tiempo que gasto cuidando de mi cuerpo y todo el tiempo que gasto cuidando de mi alma y lo que me esfuerzo en cultivar las virtudes, vería la importancia real que le doy a cada cosa. En otras palabras, podría estar caminando tan tranquilo por la calle con mi carne podrida comida por gusanos y que me de igual, porque lo único que me importa es tener una buena apariencia exterior. O a lo mejor no estoy en ese estado extremo de tener la carne podrida, pero mi alma sí que huele un poco mal. Y ¿por qué no le doy más importancia a mi alma? En realidad, si piensas en ello, cuando mueras, tu cuerpo se va a pudrir. ¡Pero desde tu muerte, tu alma va a estar en la presencia de Dios! 



Pídele a la Virgen, maestra en adornar las almas, que ordene tus prioridades y que te enseñe a valorar y a amar todo lo que ella y su Hijo valoraron y amaron, de tal forma que tu alma se parezca cada día más a las suyas, ¡cuanto más, mejor! Amén.