Consecuencias de la pereza espiritual

Puede darse el caso de que tenga pereza espiritual a la hora de hacer un esfuerzo para elevar mi corazón a Dios, permitir afectos desordenados por otras personas, tener un comportamiento tosco y arrebatos, impaciencia, ira, antojos, dejarme llevar por los placeres de los sentidos, el deseo de la comodidad o la gratificación, en ceder ante la facilidad de quejarme de otros o hablar de sus defectos, distracción, superficialidad, curiosidad por cosas que no tengan que ver con la gloria de Dios, chismorreos, conversaciones inútiles, vano amor y satisfacción de mí mismo, juzgar a otros con rigor, menospreciarlos, criticar su conducta, hablar demasiado, la necesidad incesante de ser apreciado y elogiado, hacer saber siempre lo que me gusta y lo que no, la vanagloria, el orgullo, creerme mejor que los demás, cabezonería, envidia, falta de respeto, desorden, falta de mortificación en el comer y en el beber, etc.

¿Cuántos pecados veniales voluntarios e imperfecciones  me esclavizan y me roban las abundantes gracias que Dios me tiene reservadas desde toda la eternidad? La falta de vigilancia sobre mi corazón puede paralizar el trabajo de Jesús en mí. En los momentos en los que el “reino de Dios sufre violencia” (Mt. 11, 12) tengo que actuar con violencia contra estos pecados e imperfecciones. Tengo que guardar mi corazón y corregir mi intención cuando caigo por debilidad. El diablo intentará apoderarse de mi corazón, para hacerlo débil y descarriarlo.

A veces, cuando decimos que hemos caído por debilidad, probablemente no hubiéramos caído si hubiéramos estado más vigilantes y hubiéramos librado mejor nuestras batallas espirituales. O, dicho de manera sencilla, si hubiéramos amado más a Dios. Podría estar acumulando una enorme cantidad de expiación para el purgatorio por mi falta de esfuerzo, por mis pecados veniales voluntarios e imperfecciones. Y, aunque no haya caído en pecado mortal, este podría estar siempre a la vuelta de la esquina... ¿Lo has pensado alguna vez?


hna kelai

Soy la Hna. Kelai María y soy Sierva del Hogar de la Madre desde 2007. Nací en Arizona (EE.UU.) pero también he vivido en Oregón, Alaska, Florida, España e Irlanda. Soy una conversa a la fe católica y encontré mi vocación poco después de mi conversión. Cada día doy gracias a Jesús por ser suya y por ser Sierva. Toda la eternidad no será suficiente para agradecerle por haberme salvado y por lo mucho que me ha amado y me ama.