¿Cómo debería ser mi oración? (2ª parte)

El herrero introduce el acero en las llamas de la forja no para pulirlo o convertirlo en carbón, sino para hacerlo maleable. De la misma manera, la oración debería iluminar mi inteligencia y dejar el corazón incandescente para que el alma sea dúctil y, de esta manera, poder trabajarla mejor y limar las asperezas del “hombre viejo” (o darle una forma completamante nueva), moldeándolo con las virtudes y dándole la forma de Cristo.

La oración, esa conversación con Jesús, debería acercar mi alma a la santidad y formarla a su imagen y semejanza. Señor, Tú mismo formas y moldeas mi corazón con tus manos, que son dulces y misericordiosas, pero fuertes y firmes al mismo tiempo. Ruégale a nuestro Señor que nos conceda la gracia de ser capaz de tener una unión más íntima y duradera con su voluntad, ya sea pidiendo directamente a Jesús o por intercesión de Nuestra Santa Madre, de los ángeles o de los santos.

La oración debería reforzar mis resoluciones y encaminarme hacia cambios concretos en el obrar durante mi vida. Es bueno terminar el rato de oración con una idea en particular que puedas seguir meditando en el corazón a lo largo del día y una resolución concreta a la cual dedicar más atención. Por ejemplo, si veo que tengo que dejar de ser vago, debo proponerme medidas específicas, sabiendo dónde suelo caer en pereza. Por ejemplo, no sentarme o tumbarme en el sofá o en la cama, sino sentarme en el sitio más incómodo; no apoyarme en la pared cuando esté cansado, etc. Por eso, el examen de conciencia es un ejercicio maravilloso para todos los días. Nos ayuda a tener presentes los aspectos que debemos de trabajar y a prestar más atención a cosas concretas durante el día, tomando medidas para solucionarlas.


hna kelai

Soy la Hna. Kelai María y soy Sierva del Hogar de la Madre desde 2007. Nací en Arizona (EE.UU.) pero también he vivido en Oregón, Alaska, Florida, España e Irlanda. Soy una conversa a la fe católica y encontré mi vocación poco después de mi conversión. Cada día doy gracias a Jesús por ser suya y por ser Sierva. Toda la eternidad no será suficiente para agradecerle por haberme salvado y por lo mucho que me ha amado y me ama.