Tibieza

Enfermedad espiritual: Tibieza

¿Has aflojado o te has aburrido en tu vida espiritual? ¿Has perdido todo el entusiasmo de luchar contra tu pereza, contra tus momentos de “no me apetece ahora mismo...”? ¿Sientes que te falta convicción, energía y fuerza para hacer lo que sabes que debes hacer? ¿Te sientes más impaciente y no tan caritativo con el otro, y sientes que te da igual?

Bueno, amigo mío, podrías estar sufriendo de un caso muy agudo de “tibieza”.

Atención: “agudo” se definiría aquí como muy grave y peligroso, que requiere una seria e inmediata intervención.

¿QUÉ ES LA TIBIEZA? Un tipo de “flojera” espiritual que te lleva a no querer luchar contra la pereza o el aburrimiento en tu vida espiritual; a no querer hacer lo que es bueno, lo que sabes que debes hacer o a no hacerlo bien, por ejemplo, la oración, la misa, el rosario, la confesión, los sacrificios, los actos de virtud, especialmente, de caridad. La tibieza daña gravemente tu caridad con los demás y te deja con poco entusiasmo para ejercer esta virtud.

SÍNTOMAS
    1.    Sequedad en la vida espiritual: falta de entusiasmo, aburrimiento en la oración, falta de ganas de confesarte, de ir a misa y de rezar el rosario, sentimientos de que no amas a Dios tanto como antes, de que no estás tan convencido como solías estar, dificultad de vivir unido a Dios en todo lo que haces.
    2.    Falta de entusiasmo en el día a día: en tu trabajo, en tus cargos y en tu rutina diaria, olvidándote de ofrecer todo por amor a Dios.
    3.    No hacer las cosas bien. Quizá encuentras tiempo para ir a la oración, a misa, a la confesión, para rezar el rosario…, pero no lo haces bien. Te distraes con facilidad o te aburres, y no haces mucho esfuerzo por cambiar. Esto pasa también con todo lo que haces durante el día: hacer la cama, poner el lavavajillas, el trabajo… no lo haces bien; tratas de hacerlo lo más rápido posible para acabar cuanto antes y sin darle un sentido sobrenatural a lo que haces.
    4.    Falta de caridad: estás más impaciente, los demás te molestan más fácilmente, haces más juicios, piensas menos en los demás y llegas a un punto en el que tu conciencia ya no te remuerde.
    5.    Sutil envejecimiento. Sí amigo mío, si se refleja en nuestra apariencia física el gozo y la alegría, también se refleja en ella la indiferencia y la infidelidad del alma. El que da pasos hacia delante y luego vuelve atrás, como el perro al vómito, extingue esa chispa juvenil.

CAUSAS PRINCIPALES DE LA ENFERMEDAD
    1.    Negligencia e infidelidad en las pequeñas cosas que Dios nos está pidiendo y que sabemos que tenemos que hacer. Tomar decisiones sabiendo que no estamos prestando atención a las pequeñas cosas a las que tenemos que ser fieles.
    2.    Rechazar sacrificios que Dios nos pide.

¿BUSCAS UNA CURA?
La cura para esta enfermedad solo se da a través de la gracia de Dios y de su divina misericordia, y debes pedirle a Él esta gracia constante y fervorosamente, con un corazón lleno de confianza y de esperanza.

Paso 1: renueva y profundiza tu oración. Busca tiempo para hacer la oración y haz el esfuerzo de hacerla bien. Es muy importante leer la Biblia, especialmente, leer y meditar la Pasión.

Paso 2: tienes que reconocer el grave estado de tu alma y humillarte mucho ante Nuestro Señor, dándote cuenta de que le necesitas y de que sin Él no puedes hacer nada.

Paso 3: no dimitas, quedándote en un estado de tibieza. Es una tentación pensar que es imposible cambiar. Haz todo lo que puedas, pon todo tu esfuerzo, con humildad y amorosa confianza en Dios, porque con Él todo es posible. Será Él, no tú, quien lo haga, pero tú tienes que responder a todo lo que te pida.

Paso 4: mantén tu entusiasmo para seguir luchando, no tires la toalla, confía completamente en el poder de su gracia.

Paso 5: ten deseos de perfección y la firme resolución de poner todo de tu parte para alcanzarla.

Paso 6: comunión y confesión frecuentes. Haz un examen de conciencia diario.

Paso 7: estar muy, muy, muy cerca de María, Nuestra Madre. Pon tu corazón a su cuidado. Recuerda que Ella es tu Reina y tu Madre. Ella quiere llevarnos a su Hijo; tiene  el poder de hacerlo. ¿Cómo vamos a poner toda nuestra esperanza en Ella si no creemos en su poder? No dudes en poner amorosamente tu confianza en Ella y confíale tu corazón entero. ¡Dale siempre las gracias por cuidar de ti y por ser tu Madre!

Durante este proceso curativo es bueno recordar que, si no pones los medios para salir de este estado, puedes caer en la ceguera espiritual, y serás el culpable de los errores que cometas porque no hiciste el suficiente esfuerzo para salir de este estado de tibieza. También, si no haces el esfuerzo de cambiar, caerás fácilmente en pecados mortales y perderás tu estado de gracia.

RESUMEN
Renueva tu vida interior y la relación con el Señor y con Nuestra Madre. Toma la firme decisión de empezar una nueva vida de santidad y generosidad, crece de todas las formas posibles en la caridad, renueva el deseo de luchar en todo lo que depende de ti; amorosa confianza, esperanza alegre, humildad, sencillez y fidelidad a tus compromisos espirituales y a los sacramentos.

MEDICINA PREVENTIVA

¿Estás preguntándote cómo no convertirte en un tibio?
Bueno, muchas veces, la tibieza empieza a aparecer en los momentos de fortaleza espiritual y consolación, por el error de atribuir esta fuerza a tus propios esfuerzos y méritos. Para prevenir esto, es muy importante humillarse constantemente ante Nuestro Señor, llenando tu corazón de amor y confianza en Él, y reconociendo que le necesitas en todo y que, sin Él, no puedes hacer nada. Y, a lo largo del día, ten la resolución de ser generoso en todo lo que te pida y rectifica constantemente tu intención en todo lo que haces, asegurándote de que tu única intención es hacerlo todo por amor a Dios y para hacerle feliz.  

El Señor dijo: “Porque no sois ni fríos ni calientes, estoy a punto de vomitaros de mi  boca”.
Ser tibio es como estar en un estado peligroso, porque en la vida espiritual no hay tiempo de “relax”. Es como un bote que rema contracorriente para llegar a su destino… Si dejas de remar y decides relajarte por un momento, el bote no seguirá hacia delante, pero tampoco se quedará donde está, sino que se irá hacia atrás. Así que, si tú ves que estás sufriendo de esta enfermedad, actúa inmediatamente.  ¡No te olvides de todo lo que está en juego!

María, salud de los enfermos, ruega por nosotros.
“Un santo no es tibio ni mediocre” (San Juan Pablo II).