¿Qué es la liturgia? (3ª parte)

La liturgia terrenal es una pequeña imitación de la liturgia del cielo; participa de la vida del cielo, adorando a Dios, alabándole y dándole gloria. Cuando termino los salmos en la liturgia de las horas con el “Gloria al Padre...”, debería ponerme en adoración ante la Santísima Trinidad. En Misa, estoy participando de la nueva y eterna alianza que se hace continuamente en presencia del Padre, como el sacrificio más agradable y como redención por nuestros pecados.

La fiesta de los santos me recuerda que tengo que crecer cerca de mis hermanos, que, en el paraíso, me están protegiendo y están rezando por mí. Las fiestas de la Virgen me recuerdan la suerte que tengo de tener una Madre tan buena, guapa y poderosa, que me quiere tanto y que no descansará hasta verme a su lado en el Cielo, en el Reino de su Hijo. Y las fiestas del Salvador: Navidad, Semana Santa, Pasión, Resurrección, Ascensión, Corpus Christi, Sagrado Corazón… me deben hacer desear el Cielo. Lejos de ser una carga pesada, deberían ser la fuente de mi fuerza y tranquilidad.


La liturgia me debe ayudar a vivir mis cruces y sufrimientos diarios. En lugar de ver solo una cruz, debería ver al Redentor clavado en ella, sufriendo por mis pecados, por amor a mí. Cuando lo vivo así, llevaré mis cruces con más amor.

Toda la liturgia: el calendario de la Iglesia, los diferentes misterios, solemnidades, días de fiesta, memorias…, busca ayudarme a vivir con el corazón y con los ojos más puestos en el cielo que en la tierra. Quiere recordarme que mi hogar no es este, que todo lo de la tierra pasa y que toda la eternidad está delante de mí. ¿Dónde quiero pasar toda la eternidad? ¡Mi corazón ya debería vivir y desear estar allí para siempre!