Síndrome del vagón de cola

¿Tienes una racha fuerte de pereza? ¿Prefieres dejar el trabajo para los demás? ¿Te beneficias normalmente del esfuerzo de los demás? ¿Dejas que otros hagan todo el esfuerzo de tener que llevar una conversación? Te gusta estar rodeado de gente que intenta estar siempre alegre, que siempre está ayudando, que trata de hacer buen ambiente..., pero ¿haces algo para contribuir a ese buen ambiente?

Vamos a ver diferentes situaciones:

Cuando ves a los demás trabajando y haciendo cosas, a veces piensas...

Situación 1: "Bueno, parece que hay mucho trabajo... Voy a ver si hay algo un poco más fácil que hacer, a lo mejor sentarme".

Situación 2: "La verdad es que no me apetece sudar ni mancharme las manos ahora mismo. Creo que tenía algo que hacer… ¡Ah sí! Me acabo de acordar de algo muy importante que tengo que hacer en mi teléfono".

Situación 3: "Mmm, hay mucho trabajo… Creo que voy a irme a la habitación para arreglarme un poco el pelo. A ver si cuando vuelva ya han terminado".

Situación 4: "Fulanito está siempre sonriendo, parece que está siempre de buen humor; siempre pensando en los demás e intentando crear buen ambiente, siempre tiene algo bueno que decir... Me encanta estar con él. Pero cuando yo estoy de mal humor, todo el mundo tiene que aguantarme. No me apetece sonreír ahora mismo. No me apetece hablar… Pues nada, tendrán que aguantarlo…".

¿Has visto alguna vez un tren? (Doy por hecho que es algo normal…) A la cabecera del tren está la locomotora; después, los vagones y, al final, el vagón de cola. El vagón de cola es siempre el último. Y la locomotora es la única que tira; los demás solo van detrás, tirados por ella. ¿Eres locomotora o un vagón de carga? ¿Ayudas a tirar del peso o eres un peso para los demás?

Nosotros tendemos siempre hacia lo más cómodo. Tenemos que tener cuidado de no convertirnos en vagones de cola perezosos. Sé ordenado, dejando cada cosa en su lugar, en tu vida, en tus prioridades, en tus acciones, incluso en tu casa o en tu habitación. Una persona perezosa no sabe nada, no dice nada, siempre está en una esquina sin hacer nada. Tenemos que ser locomotoras, pero con cuidado de no convertirnos en una máquina insoportable que siempre esté corrigiendo y juzgando a los demás, y quejándose de que "yo siempre tengo que hacer todo el trabajo y nadie me ayuda".

Ahora, seamos honestos en este punto: todos tenemos algo de vagón de cola. Pero, cuanto menos lo seamos, mejor.  Mira a Cristo. Míralo en la Cruz. Examínate a ti mismo en Él, examina tu vida con su vida. Y cambia lo que no vaya bien. Y a ver si, cuanto antes, puedes empezar a tirar no solo de tu propio peso, sino del de otros, siendo fuerza y ayuda para tirar de los demás hacia el camino de la santidad.

¡Aprende a amar a Nuestra Madre un montón! ¡Y ella, fuerza en la debilidad y en  la pereza, nos dará el empujón que necesitamos para convertirnos en locomotoras para muchas almas!