¿Adónde voy y por qué?

San Ignacio de Loyola repetiría esta frase constantemente: ¿Adónde voy y por qué? ¿Qué haría Jesús? ¿Qué haría Él si estuviera en mi lugar ahora mismo? ¿Qué me aconsejaría hacer? ¿Qué me está pidiendo en este momento?

Estas son las preguntas que deberían surgir en el alma como signos de una saludable y activa vida espiritual. Cuando nos sentimos movidos a ir a Jesús a través de María, la vigilancia del corazón será más efectiva, y acudir continuamente a esta Buena Madre se convertirá pronto en una necesidad constante para el alma.

Deberíamos desear esta unión con Dios, vivir en su corazón, considerándolo nuestro refugio y hogar, y alimento para el alma. Si, a través de la vigilancia del corazón, esto se hace, el corazón también se convertirá en su hogar. “Iremos a Él y haremos morada en Él…” (Juan 14, 23). Él podrá decir que está satisfecho de vivir ahí, porque tu corazón es suyo y así es como lo quiere Él. Y Él podrá pedir toda la atención y el amor, porque el único deseo del alma es estar atenta a Él y amarlo a Él en todas las acciones, con un  amor que crece día a día.