¿Por qué tengo que hacer mi cama?

¿Para qué ducharnos si vamos a volver a mancharnos de todas formas? ¿Para qué limpiar la casa, lavarme los dientes, peinarme, guardar los platos, comer o dormir? Volveré a tener hambre y sueño otra vez...

De acuerdo, volverás a tener hambre y sueño, las cosas se ensuciarán y desordenarán de nuevo, pero, ¿no merece la pena tenerlas limpias y ordenadas, no merece la pena descansar? ¿Acaso no encuentras paz en el orden? Cuando todo está limpio, en su lugar, cuando hay orden en tu vida, a tu alrededor... ¿no has observado cómo eso ayuda a que tu corazón descanse, esté en reposo?

El orden exterior nos ayuda a tener orden interior.

Además, dar mil vueltas para hacer la cama es pereza. No queremos hacerlo porque supone esfuerzo y tomarse tiempo para hacerlo. No querer esforzarse es una señal de pereza.

Es algo tan pequeño, lleva muy poco tiempo y, en realidad, no supone una cantidad extraordinaria de esfuerzo, pero puede ser el primer pequeño paso hacia la santidad.

Un hombre que comenzó a tomar su vida spiritual más en serio, empezó a tratar un guía espiritual. La primera cosa que este le dijo fue: "Haz la cama todas las mañanas y luego ve a hacer 15 minutos de oración". Y ese fue el inicio de su viaje hacia la santidad. A lo largo del camino vas dando más pasos y pasos más grandes, pero nunca darás esos pasos si no das antes esos otros pequeños pasos.

Y recuerda las palabras de Jesús, tu Modelo, Maestro, Hermano y amor de tu alma: “El que es fiel en lo poco, lo es también en lo mucho; y el que es injusto en lo poco, también lo es en lo mucho” (Lucas 16, 10).