Cómo rezar

Ponte en la presencia de Dios. Ábrele tu corazón: “Olvido de las criaturas y recuerdo del Creador” (Sta. Teresa de Jesús). Sé dócil. Prepárate para cualquier obstáculo que pueda surgir. Lucha contra la tentación y las distracciones. Dale tus pensamientos, tus criterios, tu fe y, sobre todo, tu corazón a Jesús y deja que te hable.

Durante la oración es bueno tener una Biblia para leerla, especialmente los Evangelios, donde Jesús nos enseña constantemente. Esto es lo que nuestro Papa emérito Benedicto XVI nos recomienda: la lectio divina, para leer, meditar y contemplar la Palabra de Dios en la oración.

Los Evangelios son fundamentales, porque transmiten la vida de Jesús y sus palabras. Medita en una escena de su vida, en Nuestra Madre, en las enseñanzas de su vida, en su Pasión… La Pasión es algo que todo el mundo debería meditar a menudo durante la oración y a lo largo del día. Es una fuente de vida sin fin que nos da agua para ayudarnos a comprender más y más el misterio de su amor y la gravedad del pecado.

Humildemente pide en la oración la ayuda de Dios y su gracia para poner tus propósitos en práctica y ser fiel a ellos.

Recuerda, sobre todo, que la oración es para enamorarse más y más de Jesús. Es una relación de amor que está viva y debe crecer. Es el deseo de estar con el que amamos y con el que sabemos que nos ama. Es donde podemos unirnos más a Él. Cuanto más cerca estemos de Él, que es el Amor, más luz tendremos para ser capaces de ver cómo tenemos que vivir y lo que necesitamos cambiar para crecer más cerca de Él y hacerle feliz. ¡En la oración, el deseo de agradar a Dios debería crecer, porque darnos con amor suscita el deseo de dar más!

P.D. Este tema es importante y necesario que lo hables con tu director espiritual. Él puede aconsejarte y proponerte lecturas que puedes usar para la oración, puede guiarte sobre cómo luchar contra las distracciones, etc.