Pon algo de orden en tu vida

El orden consiste en que todo esté en su sitio y como debe estar. Y este “en su sitio y como debe estar” se aplica tanto a las cosas grandes como a las pequeñas de nuestra vida. Así que, ¿por dónde tenemos que comenzar? ¿Por lo grande o por lo pequeño? Es importante tener muy claro desde el principio que si hay algo GRANDE en mi vida que Dios me esté pidiendo “poner en su sitio” y me he estado negando a hacerlo e ignorando a Dios, incluso si todas las demás pequeñas cosas están ordenadas, nunca tendré verdadero orden y paz en mi vida, porque esa cosa que es verdaderamente importante está fuera de su lugar. Por tanto, si te encuentras en esta categoría, el primer paso es poner esa cosa grande como debería estar y, entonces, serás finalmente capaz de progresar. Sucede igual que cuando un hueso que estaba desencajado se vuelve a colocar; puede resultar doloroso, pero, una vez encajado, todo va mejor.

Un buen punto de partida:
Ordena tu tiempo: Ten un tiempo fijo para ciertas cosas que necesitas hacer a lo largo del día (oración, misa, estudio, apostolado, actividades, trabajos, examen de conciencia, etc.). Sé fiel y constante en hacer esas cosas a la hora que debes hacerlas. Por ejemplo: si ahora mismo es tiempo de estudio, no vayas a tumbarte en el sofá a ver una peli; si en este momento es tiempo de hacer la oración, no te escaquees diciendo que estás muy ocupado, y entonces te vas de escondidas al gimnasio o sales con tus amigos; si ahora mismo es la hora de hacer el examen de conciencia, pero en realidad no quiero hacerlo y, justamente, me acuerdo que creo que tengo algo muy urgente que hacer..., no te preocupes, porque en esos cinco minutos que te lleva hacer el examen de conciencia no se va a caer el mundo. Normalmente nos dejamos llevar más a la hora de actuar por lo que nos apetece que por lo que es verdadero y correcto.

Si eres constante y fiel, eso te ayudará a crecer enormemente en tu vida espiritual, porque fortalecerá tu voluntad y te liberará de la esclavitud de estar sometido a tus sentimientos. Y entonces, en vez de hacer siempre lo que es más fácil, más cómodo, más placentero, vivirás haciendo lo que está bien y es correcto. “Jesús pasó haciendo el bien” (Hch. 10, 38).