¡Quiero ser fiel a mi propósito de rezar!

Oración: la necesitamos como nuestro cuerpo necesita oxígeno. Es un tiempo para forjarnos y formarnos para ser imágenes de Cristo. Y, sobre todo, es un tiempo para enamorarnos más de Él. La oración tiene que tener un efecto transfigurador. Tiene que cambiarnos, guiarnos para ser mejores, cambiar nuestros pensamientos, corazones, acciones, elecciones y nuestra forma de vida.

Y este tiempo de oración en silencio - lo mejor sería ante el Santísimo Sacramento expuesto o ante el Sagrario- es fundamental para que se dé este cambio.

Es importante que la oración se haga por la mañana, antes de empezar el día, para fortalecer tu corazón, tu voluntad y tu unión con Dios antes de comenzar la jornada. Sin ella, fácilmente caeremos en la mediocridad. Santa Teresa de Jesús decía: “Aquel que ha decidido, sin importar cuánto le cueste, hacer por lo menos 30 minutos de oración cada mañana, ha hecho la mitad del trabajo del día”.

Estamos llamados a vivir en unión con Jesús. Él tiene que ser el principio, el sentido y la meta de mi vida entera. Esto solo es posible si Él es la luz de mi razón y de mis demás acciones, tanto a nivel exterior como interior. Él tiene que ser el amor que gobierne y dirija todos los afectos de mi corazón, mi fuerza en el trabajo, las pruebas y batallas… ¡Mi alimento, mi Dios, mi todo!

Además, la oración nos ayuda a evitar los peligros de nuestras debilidades, nos ayuda en nuestro contacto con el mundo y con todas las obligaciones diarias. La oración nos cubre con una armadura resistente que nos hace invulnerables a las flechas envenenadas del enemigo. Sin la oración, nos atravesarán, dejándonos heridos y débiles. Caeremos fácilmente en tentaciones, pecados y faltas en las que a veces no nos dábamos cuenta de que caíamos.

¿Se puede rechazar este tiempo de oración sabiendo que, si lo hago, estoy rompiendo el corazón del que me está ofreciendo este gran regalo de amistad con Él?

Recuerda: estás llamado a vivir en unión con Cristo para vivir con Él y en Él. Esta vida en Cristo está asegurada si eres fiel a la oración.