Once verdades de la vida interior (2ª parte)

4. Mi vida interior, la vida de la gracia, la vida de Jesús en mí… puede crecer en todo momento en proporción a la intensidad de mi amor hacia Dios. Eso significa que cada segundo puede ser un momento de crecimiento para mí. Cada pequeño instante, en todo lo que hago, pienso, digo, sufro,… si lo vivo por amor a Dios, su gracia crece en mí, su vida crece en mí y yo me acerco más a Él. Estos actos de amor hacen crecer la gracia en mi alma.

¿Quieres que crezca más la gracia en tu alma? Aquí tienes dos cosas que pueden ayudarte, si lo haces por amor a Dios:

a.    Hacer actos meritorios: por ejemplo, intentar crecer en virtudes; trabajar con munificencia; desapegarme de las cosas y la gente; ofrecer los dolores físicos y los sufrimientos interiores; aceptar las humillaciones; negar mis gustos, comodidades, deseos, caprichos (aunque no sean pecaminosos); rezar, ir a misa, hacer lectura espiritual, amar a la Virgen María, rezar el rosario, etc.

b.   Participar en los sacramentos, sobre todo, en la Eucaristía.

¡Cualquier momento puede convertirse en un momento de gracia para mí! Si reflexionamos un poco sobre este hecho, nos debe llenar de alegría y de ánimo para luchar y seguir adelante. Dios nos ama tanto que Él se presenta a nosotros en cada momento y nos da la oportunidad de acercarnos más a Él, para que su vida crezca en nosotros. Todo lo que nos pide es nuestra colaboración y nuestro amor. ¿Podrías negarle tan poco?

5. La concupiscencia, mi debilidad, la tendencia hacia lo que es más cómodo, más fácil, o lo que es pecaminoso, crean en mí “elementos de muerte”, porque me arrastran al pecado, y todo pecado es dañino para la vida de Jesús en mí, para la vida de gracia. El pecado venial daña y debilita esta vida, y el pecado mortal la mata.

Así que, la concupiscencia unida a los pecados que yo cometo disminuye la vida de Jesús en mí y puede terminar aniquilándola por completo.

En esta lucha espiritual no siempre es una mala señal que haya batallas. Las batallas dan la oportunidad de obtener victorias y conquistar nuevas metas. Así que, cuando vengan las tentaciones, cuando la debilidad y el desaliento inunden tu corazón, cuando los sentimientos te arrastren y te quiten la fuerza para luchar por tu ideal, ¡no tengas miedo! ¡Y no pierdas la esperanza! Porque estos momentos, si se viven bien, pueden ser grandes victorias para tu alma. Vivirlos bien significa que, cuando vengan esas contrariedades, tienes que luchar con todas tus fuerzas para rechazarlas. Si eres fiel en esta lucha, no solo no perjudicarán la vida de Dios en ti, sino que la fortalecerán. Como en todas las batallas, cuanto más esfuerzo pongas en la lucha, más saborearás la victoria.

6. Si no aprovecho bien los medios que tengo a mi alcance para crecer en mi vida interior o si no soy fiel al usarlos, mi comprensión de la verdad será borrosa, mi voluntad se debilitará y mi habilidad para colaborar con Jesús para que su vida pueda crecer en mí, se verá afectada. Como consecuencia, mi vida interior irá disminuyendo progresivamente, e iré caminando cuesta abajo hacia la mediocridad.