Lectura espiritual: importancia de un buen libro

La lectura espiritual ha sido siempre un aspecto importante en la vida cristiana. Y, aunque sabemos que es cierto, parece que es una de las cosas a las que actualmente tendemos a quitar importancia cuando no tenemos “tiempo suficiente”. Sin embargo, es necesaria para el alma.

Un creyente, si quiere ser realmente creyente, necesita renovar su fe a través de la Palabra de Dios en la Sagrada Escritura, los documentos de la Iglesia y las vidas de los santos. Cuando fortalecemos nuestra fe de esta manera, nos acercamos más a Cristo. Podremos ganar también un entendimiento más profundo de la verdad para podernos defender de las falsas doctrinas que emergen continuamente. San Pedro escribió lo siguiente sobre este tema:

Como hubo en el pueblo profetas falsos, así habrá falsos doctores, que introducirán sectas perniciosas, llegando hasta negar al Señor, que los rescató, y atraerán hacia sí una pronta perdición. Muchos los seguirán en sus liviandades, y por causa de ellos será blasfemado el camino de la verdad" (2 Pe. 2, 1-2).


Los creyentes deben formar sus mentes y estimular sus corazones, leyendo y escuchando las palabras y los pensamientos de Cristo. Esto no significa que la Sagrada Escritura sea el único libro de lectura espiritual por ser Palabra de Dios. En un sentido más amplio, la lectura espiritual incluye todos los buenos libros cristianos. Reconocemos que es Dios quien ha estado en el centro de las vidas de los santos, en sus escritos, en los documentos de la Iglesia católica, y por eso todo ello puede considerarse como lectura espiritual.

Tal vez podríamos ir más lejos y decir que no deberíamos hacer la lectura espiritual con un móvil o cualquier otro aparato electrónico. Aunque se pueden leer libros en distintos dispositivos, vale la pena "desconectarse" y tomar entre las manos un libro real, de hojas impresas con tinta, durante al menos unos 15 o 30 minutos al día. Deja que Dios nutra tu alma, que la inspire y que ponga en ella grandes deseos, sin competir con ninguna otra cosa.