Algunas maneras de empezar de nuevo

Has pensado alguna vez: “¡Ay, madre! He vuelto a meter la pata”? A lo mejor Dios te ha dado la gracia de ver que has caído en pecados muy grandes que se han apoderado de tu vida y se han convertido en vicios. O quizás hayas pensado: “¿Cómo me he metido en esto?”.

Tal vez tu problema sea una mala amistad, las drogas, la impureza, las mentiras... y la lista de posibilidades sigue. Todos pasamos por acontecimientos en nuestras vidas que desearíamos poder borrar. Muchas veces pensamos que no hay nada que podamos hacer. No podemos reescribir la historia, así que aceptamos las culpas y comenzamos de nuevo.


Aquí tienes algunas maneras de empezar de nuevo:

1.    Reconocer tu culpa
2.    Confesarla a un sacerdote
3.    Hablar de ello con tu director espiritual
4.    Hacer un examen de conciencia personal cada día

Reconoce tu culpa

A veces no queremos reconocer que hemos cometido una falta grave que nos está tirando hacia abajo y que nos está haciendo la vida muy dura, tanto a nosotros mismos como a los demás. Algunos síntomas obvios de esto son: enfadarse fácilmente con los demás, discutir en casa, criticar constantemente a los demás, no soportar mirarte al espejo. ¿Por qué se dan estos síntomas? Porque tu forma de tratar a los demás cambia cuando el pecado se ha adueñado de tu corazón, pues nos quita la caridad. Por eso no soportas a los demás y te irritas, especialmente con tu familia, con la que discutes a menudo. Como no estás tranquilo contigo mismo, estás triste y enfadado por tu pecado, y entonces criticas a los demás para sentirte un poco mejor. Te estás hundiendo en el pecado.
 
Alguien dijo con razón: "Dios perdona siempre; el hombre, a veces; pero la naturaleza no perdona nunca". Algunas de nuestras decisiones pueden tener consecuencias que durarán toda la vida. Podemos aferrarnos a un pecado y estar apegados a él durante muchísimo tiempo. Esto puede tener consecuencias físicas permanentes. Dios puede perdonar y borrar nuestros pecados, pero las consecuencias permanecen.

Entonces, reconoce tu error. Estás cambiando la grandeza de la vida que Dios ha planeado para ti por placeres, deseos, personas, ideas y pensamientos a los que no quieres renunciar. ¿Merece la pena?

Confiésate

Ahora que reconoces tu culpa, es el momento de deshacerte de ella. Dile adiós: "Goodbye, no quiero volverte a ver". Deja que el amor, la misericordia y el perdón de Cristo conquisten tu corazón y expulsen al pecado. Muchas personas no ven la confesión de esta manera. En general, muchos piensan que significa decir sus secretos más vergonzosos a un sacerdote, pero es lo contrario, es abrirse al abrazo amoroso que Dios desea darte.

¿Cómo sabemos esto? Jesús contaba parábolas para ayudarnos a entender su amor que nunca falla. Entonces, ¡escúchalo! Lee las parábolas del hijo pródigo o de la oveja perdida. ¿Aún dudas? Entonces, lee a Santa Faustina y sobre la Divina Misericordia. Cristo se apareció a Santa Faustina para comunicarle una y otra vez su deseo de perdonar a los pecadores, de que acudan a Él a través del sacramento de la reconciliación.

El mayor miedo que puedes tener es la vergüenza de reconocer tus pecados. Pero todos somos pecadores, hasta los sacerdotes se confiesan. Así que ellos entienden qué se siente al tener que humillarse para poder recibir la misericordia y el perdón de Dios. Cristo desea quitarte esta carga y devolver la gracia a tu corazón.

Habla de ello

Así es, habla de ello. No con todo el mundo, ni con tu mejor amigo, ni con unos cuantos amigos. No. Habla con alguien que pueda ayudarte y animarte a superarlo. Habla de ello con tu director espiritual y, si no tienes, busca a un sacerdote o a una religiosa en quien puedas confiar y con quien puedas hablar.

Habla de los problemas a los que te estás enfrentando, para que te puedan ayudar a buscar soluciones que te permitan superarlos. Te ayudarán de manera que no parezca humillante. Recuerda que tu director espiritual también es un pecador y que también está tratando de llegar a la santidad. Él sabe lo que es pasar por estos problemas.

Examen de conciencia personal diario

Ahora que has reconocido tu pecado y lo has confesado, tienes que comenzar a ser precavido, evitando caer en él otra vez.  ¿Cómo puedes ser precavido? Una opción es hacer un examen de conciencia todas las noches antes de dormir.

Muchas personas piensan que el examen de conciencia es algo que haces antes de confesarte. No, no, no. Es de sabios hacer el examen de conciencia particular antes de dormir, para ver si has sido fiel a todo lo que Dios te ha pedido durante el día.

Hay cosas comunes, como un compromiso de oración, trabajarse en las virtudes, actos de caridad. Pero cuando estás comenzando a librarte de la culpa de un pecado grave al que has estado atado mucho tiempo, es muy bueno hacer un examen de conciencia particular de ese pecado. ¿Evité las ocasiones de caer en ese pecado? Si mi problema es mirar cosas impuras en Internet, ¿me he puesto un límite de tiempo para usarlo?, ¿he revisado mi e-mail en la cocina o delante de otro para evitar estar solo en mi habitación con el ordenador?

Lo mejor que puedes hacer es pedir consejo a tu director espiritual sobre qué puedes hacer para mantenerte bajo control.