Preparándose para la Navidad

¿Cómo vivo el adviento? ¿Aprovecho realmente este tiempo para prepararme para la Navidad? Con esto no me refiero a comprar el árbol, decorar la casa, cocinar un millón de galletas, comprar un trillón de regalos para devolverlos el día después de Navidad. A mí me parece que el adviento se pierde en medio del jaleo de las compras de Navidad, la cocina y muchas otras cosas materiales que uno hace cada año. Yo creo que este año es hora de que nos paremos y pensemos un poco en Aquel a quien nos preparamos a recibir.

El adviento es un tiempo que debería emplearse en preparar nuestros corazones para la Navidad. Cuando uno prepara el cumpleaños de un amigo, piensa en ese amigo y qué puede hacer ese día para que sea especial para él. Le preguntamos qué quiere para su cumpleaños. Entonces, ¿qué es lo que nos impide hacer lo mismo con el Señor? A veces pienso qué es lo que el Señor ve en la mañana de Navidad y digo: “¡Pufff! ¡Creo que probablemente siente que Él es el regalo que nunca se abre en Navidad porque está perdido bajo una montaña de papeles de regalo!”



Un día me encontré con una imagen de la Virgen que me encantó y pensé que era perfecta para el Adviento. Es una foto de María que está a punto de poner al Niño Jesús en los brazos de una pequeña niña campesina sonriente. La pequeña campesina tiene sus brazos preparados para recibir al Niño Jesús y está deseosa, esperando el momento en el que Él venga a sus brazos. ¡Esta Navidad tú puedes ser como esa pequeña campesina o ese pequeño campesino! Cuando la Virgen venga a nosotros en la mañana de Navidad para dejarnos recibir a Jesús, ¿serán nuestras manos capaces de coger al Niño Jesús? ¿O nos olvidaremos totalmente de su presencia a causa de la presencia de demasiados regalos? Imagínate que tienes tus brazos llenos de todas las cosas que recibimos en Navidad e intentas coger al Niño Jesús en tus manos. ¡No se pueden coger las dos cosas a la vez! ¡Debemos poner a un lado las cosas que apartan nuestra mirada del Niño Jesús para poder cogerle bien en nuestros brazos! Durante este adviento, preguntemos al Señor qué es lo que Él desea. Tratemos de quitar de nuestras vidas todo lo que nos impide estar preparados para coger al Niño Jesús en la mañana de Navidad: nuestros deseos egoístas, el modo en que hablamos, cómo empleamos nuestro tiempo, etc… ¡JESÚS VIENE! Prepara un lugar alegre en tu corazón donde Él pueda habitar.

¿Cómo vivo el adviento? ¿Aprovecho realmente este tiempo para prepararme para la Navidad? Con esto no me refiero a comprar el árbol, decorar la casa, cocinar un millón de galletas, comprar un trillón de regalos para devolverlos el día después de Navidad. A mí me parece que el adviento se pierde en medio del jaleo de las compras de Navidad, la cocina y muchas otras cosas materiales que uno hace cada año. Yo creo que este año es hora de que nos paremos y pensemos un poco en Aquel a quien nos preparamos a recibir.

El adviento es un tiempo que debería emplearse en preparar nuestros corazones para la Navidad. Cuando uno prepara el cumpleaños de un amigo, piensa en ese amigo y qué puede hacer ese día para que sea especial para él. Le preguntamos qué quiere para su cumpleaños. Entonces, ¿qué es lo que nos impide hacer lo mismo con el Señor? A veces pienso qué es lo que el Señor ve en la mañana de Navidad y digo: “¡Pufff! ¡Creo que probablemente siente que Él es el regalo que nunca se abre en Navidad porque está perdido bajo una montaña de papeles de regalo!”



Un día me encontré con una imagen de la Virgen que me encantó y pensé que era perfecta para el Adviento. Es una foto de María que está a punto de poner al Niño Jesús en los brazos de una pequeña niña campesina sonriente. La pequeña campesina tiene sus brazos preparados para recibir al Niño Jesús y está deseosa, esperando el momento en el que Él venga a sus brazos. ¡Esta Navidad tú puedes ser como esa pequeña campesina o ese pequeño campesino! Cuando la Virgen venga a nosotros en la mañana de Navidad para dejarnos recibir a Jesús, ¿serán nuestras manos capaces de coger al Niño Jesús? ¿O nos olvidaremos totalmente de su presencia a causa de la presencia de demasiados regalos? Imagínate que tienes tus brazos llenos de todas las cosas que recibimos en Navidad e intentas coger al Niño Jesús en tus manos. ¡No se pueden coger las dos cosas a la vez! ¡Debemos poner a un lado las cosas que apartan nuestra mirada del Niño Jesús para poder cogerle bien en nuestros brazos! Durante este adviento, preguntemos al Señor qué es lo que Él desea. Tratemos de quitar de nuestras vidas todo lo que nos impide estar preparados para coger al Niño Jesús en la mañana de Navidad: nuestros deseos egoístas, el modo en que hablamos, cómo empleamos nuestro tiempo, etc… ¡JESÚS VIENE! Prepara un lugar alegre en tu corazón donde Él pueda habitar.

1 semana

 

Misión de la semana: No hacer comentarios negativos, pensar antes de hablar. Estar dispuesto a escuchar a alguien que lo esté pasando mal. Ser más consciente de la presencia de Dios y hablar con Él durante todo el día.

Virtud de la semana: esperanza

     
Un día, alguien me dijo: "Ten esperanza y no desesperes." ¡Esto es un modo perfecto de mirar a la primera semana de Adviento! Debemos tener la esperanza de que Cristo verdaderamente vendrá y, con esta esperanza, hacer los preparativos para su llegada. A veces, durante el Adviento, actuamos como si Jesús en realidad no fuese a venir, nos falta esperanza. La esperanza quiere decir que hay algo que deseamos, pero también es algo que esperamos alcanzar. La desesperación se da cuando deseamos algo, pero no creemos que va a llegar. El adviento nos debe llenar de esperanza. Mucha gente sustituye la esperanza de la venida del Niño Jesús, con la falsa esperanza que lo material y lo mundano que nos ofrecen. Pero, cuando pasa Navidad, y las personas descubren que eso sólo ofrece una alegría pasajera, se produce la desesperación.

Todos los juguetes y dulces y regalos del mundo entero no pueden llenar el vacío de tu corazón cuando te olvidas de Cristo, sobre todo en Navidad. En un acto con jóvenes durante el adviento de 2011, el Papa Benedicto XVI, nos dijo: "Queridos jóvenes, os invito a redescubrir la intimidad con Cristo en la atmósfera espiritual del adviento, poniéndoos a aprender en la escuela de la Virgen María." ¡Aceptemos esta invitación! ¡Vamos a tratar cada día de acercarnos más a Cristo durante el adviento! María tuvo nueve meses de espera y preparación para el nacimiento de Cristo, pero, al mismo tiempo, durante estos nueve meses era la morada para el cuerpo de Cristo. Aunque María no pudiera verlo, sabía que Él estaba dentro de Ella. Cuando recibimos la Eucaristía, debemos pedir a Jesús que haga de nuestros corazones su morada, como lo hizo con María. ¡No olvides que también puedes hacer comuniones espirituales durante el día para invitar a Jesús a morar en ti!


Mucha gente comienza el adviento deseando que se acabe ya, para que puedan pasar a la alegría de la Navidad. Si vivimos el adviento como debemos y aprovechamos bien cada día, la mañana de Navidad experimentaremos una alegría como nunca antes, la cual también aumentará cuando el día de Navidad haya pasado. El adviento está destinado a ser un tiempo de oración y de penitencia, a fin de profundizar en nuestra relación con Cristo. Durante esta primera semana de Adviento vamos a redescubrir la intimidad con Cristo y a aprender a vivirlo con la Santísima Virgen. Esta semana trateremos de aprender de María la virtud de la esperanza e intentaremos entender cómo pasó sus nueve meses en la expectativa esperanzada de su Hijo, ¡el Salvador del mundo!

2 semana


Misión de la semana: ¡Vacíate de lo que está llenando tus manos e interponiéndose en el camino de tu relación con Dios! Ve a confesarte y haz una confesión verdadera y buena, ¡no te arrepentirás! Se dice que es "la mejor fuente de paz y alegría!" (Del libro "Hablar con Dios")

La virtud de la Semana: paz

Ya es la segunda semana de Adviento y, antes de que te des cuenta será Navidad. Sé que a algunos les puede parecer largo, pero en realidad, cuando llegue la Navidad te preguntarás dónde se fue el Adviento. Es importante que reflexionemos y preguntemos al Señor y a Nuestra Madre cómo estamos viviendo el Adviento hasta ahora. Al comienzo, nos propusimos tratar de crecer en nuestra relación con Cristo. Ahora podemos preguntarle si hemos hecho el esfuerzo necesario. ¡Recuerda que todavía estás a tiempo para cambiar si te has distraído y has perdido de vista el objetivo!

Es importante meditar realmente sobre la humildad de Dios, que escogió un establo para que naciera su Hijo. Esta semana, escoge un día para pensar en la sencillez y la pobreza que se ven en el  nacimiento de Jesús en Belén.

La virtud de esta semana es la paz que, a menudo, está ausente durante esta época del año (basta pensar en la locura de las compras y de las preocupaciones de muchos para complacer a todo el mundo con sus regalos). En el libro "Hablar con Dios" dice: "La presencia de Cristo en nuestras vidas es siempre la fuente de una paz y tranquilidad indestructibles..."

La paz en nuestra vida cotidiana será más evidente si seguimos la voluntad de Dios, ya que demuestra que Cristo está más presente en nosotros. Quiero ahora compartir con vosotros un ejemplo real de cómo, incluso hasta unos días antes de Navidad, todavía hay tiempo para vaciarnos de lo que nos impide coger al Niño Jesús y llenarnos con la mayor de las paces.

El año pasado, yo quería un regalo para Navidad. Podrías estar pensando... Pues, ¿qué hay de malo en eso? ¡Todo el mundo tiene una lista de deseos para la Navidad!" Bueno, mientras rezaba, pregunté a Dios que quería Él por Navidad. Se me hizo patente lo que deseaba: "Quiero que no desees ese  objeto material." Al principio fue difícil porque yo me estaba autoconvenciendo de que eso me ayudaría en los estudios, podría ser bueno para ayudarme a ser más organizada, etc. Estaba demasiado ciega para darme cuenta de que era y seguiría siendo una distracción. Después de unos días de lucha, me di cuenta de lo que tenía que hacer y que así dejaría de desear algo por Navidad y me centraría más en Cristo. ¡Llegó el día de Navidad y me llené de alegría y de paz! ¡Sentí que mi deseo ya no eran las cosas, sino coger al niño Jesús! Experimenté que la Virgen María me decía en mi corazón: "Porque no tienes ese objeto material, te dejaré que cojas a mi Hijo!" ¡Qué gran bendición! ¡Te reto a que taches de la lista tus deseos y escribas el nombre de Jesús en su lugar! Pide a la Virgen que te permita poner tranquilamente tu mirada centrada en Jesús durante el Adviento y la Navidad.


Fuente: Libro "Hablar con Dios", Volumen 1: Adviento y Navidad. "El Mesías: El Príncipe de la Paz".

3 semana

Misión de la semana: ¡Sé una persona alegre y agradecida! ¡No hables mal de nadie! Lleva alegría a los demás en tus conversaciones y con tu sonrisa. Si es posible, visita un asilo de ancianos, habla con ellos, canta villancicos.

Virtud de la semana: ¡LA ALEGRÍA!

¡GAUDETE! ¡ALÉGRATE! El tercer domingo de adviento se conoce como el “Domingo Gaudete”.  Este domingo el sacerdote puede vestir casulla rosa para celebrar la Misa. La cercanía de la venida de Jesús es la causa de esta gran alegría ¡y nos da la mayor ALEGRÍA! Esta semana, tu tarea será trabajar en la alegría, ¡siendo alegre y llevando alegría a los demás! Una de las maneras más fáciles es sonreír. No, no te estoy pidiendo que pongas una falsa sonrisa de anuncio de televisión. Una verdadera sonrisa sale de dentro y es expresión de alegría para compartirla con los demás. Como decía la Madre Teresa: “Nunca sabremos todo el bien que una sencilla sonrisa puede hacer”.

Espera… ¿Y si..., justo ahora, no tengo alegría, si me siento como el viejo gruñón Scrouge del “Cuento de navidad”? Bueno, creo que el mejor modo de convertirte en una persona más alegre es cultivando una actitud de agradecimiento, ¡tomándote tiempo para ver todas las cosas buenas! ¡Has sido creado y eres eternamente amado por Dios! ¡Éste es el mayor bien! Otro modo de hacerte una persona más alegre es no pensar demasiado en ti mismo.  En el libro “Felipe Neri: el fuego de alegría”, de Paul Turk, este es el secreto que comparte: “El que está totalmente libre de egoísmo, que se ha dado a sí mismo completamente, es el que ha encontrado la perfecta alegría. Los egoístas son siempre los hombres más tristes mientras que la alegría que nunca se oscurece procede de la humildad.” ¡En vez de centrarnos en nosotros mismos, podemos usar ese tiempo que ahorramos en ayudar a los demás en sus necesidades!

La última sugerencia que añadiría es cuidar las conversaciones. Una vez participé en un debate y al final de la discusión nos lanzaron un reto para la semana, consistía en pensar antes de hablar y examinar si lo que íbamos a hablar de nosotros era algo necesario y edificante. Deberíamos caer en la cuenta de que el tiempo que pasamos hablando con nuestros amigos revela a nuestros amigos y a Dios lo que nosotros encontramos más importante. Si nos repitiésemos a nosotros mismos nuestras conversaciones, ¿nos sentiríamos horrorizados de lo que es más importante para nosotros?

Quiero compartir una pequeña historia del libro, “Felipe Neri: el fuego de la alegría” que muestra cómo la verdadera fuente de alegría es el amor de Dios. “De acuerdo al testimonio de Pietro Consolini, un confidente especial en los últimos años de Felipe, Felipe vio una bola entrar en su boca y después sintió su pecho expandirse sobre su corazón. La sensación de fuego interior era tan fuerte que Felipe se tiró a tierra y gritó: ¡Basta, Señor, basta! ¡No puedo más! Capecelatro escribe: “Su oración estaba llena de amor: pero como el amor es siempre insaciable, él pedía más y mayor amor”. Su oración fue escuchada: "El amor de Dios se desbordó desde su alma en su cuerpo, su sangre corría tan rápidamente a través de sus venas que su rostro se iluminó totalmente y se sonrojó, sus ojos, sus mejillas, su frente, todo resplandecía de un resplandor rojizo e insólito. Esta experiencia del amor de Dios dio a Felipe una alegría sin límites, una alegría toda del amor divino". ¡Ha llegado el momento de dejar de pensar en ser feliz y trabajar en nuestro amor a Dios para que también nosotros podamos estar ardiendo con una alegría incontenible como la de San Felipe Neri!