Adviento : ¿Por qué velas?

Por estas fechas hace frío, cantamos canciones (algunas de ellas sobre el Niño Jesús, otras sobre la nieve), ponemos los adornos de Navidad y hay velas moradas en la Iglesia, quizás también en tu casa. Estamos en el tiempo de Adviento.

¿POR QUÉ?

La palabra Adviento viene del latín “presencia, llegada, venida”... Esto debería darte una pista del significado del adviento, como un tiempo de preparación para la celebración de la venida de Cristo, cuando nació en Belén y le acostaron en un pesebre; y la preparación para la segunda venida de Cristo, que vendrá victorioso a juzgar a vivos y muertos. 

El adviento es algo más grande de lo que tú pensabas, ¿verdad?

El adviento es el comienzo del año litúrgico, el año de la Iglesia, un tiempo de penitencia y preparación. Comienza 4 domingos antes de Navidad. ¡Y hay mucho que hacer para prepararse a las dos venidas de Cristo! Los sacrificios y las penitencias nos ayudan a poner nuestros corazones en orden y a poner a Cristo de nuevo en el centro, porque seguramente le hemos arrinconado a un lado, después de la cuaresma, que fue la última vez que tuvimos un tiempo fuerte de penitencia y conversión.  Es, además, un tiempo de esperanza silenciosa. Estamos seguros de que el Salvador viene, que triunfa en nuestros corazones y en el mundo, y le esperamos.

En las primeras semanas de adviento, las lecturas y las oraciones de la Misa y de la Liturgia de las Horas, tienen más que ver con la segunda venida de Cristo, mientras que desde el 17 de diciembre en adelante, comienzan a preparar más intensamente para el nacimiento de Jesús, como si fuera una semana santa de Navidad. En adviento se hace referencia constantemente a los profetas, especialmente a Isaías y a Juan, el Bautista, que preparó la llegada del Mesías.

¡Presta atención a las lecturas de la Misa! Si no puedes ir a Misa todos los días, al menos lee y reza las lecturas y oraciones de la Misa para recibir el alimento del alma que la Iglesia nos da cada día. Puedes encontrarlas aquí.

Por estas fechas hace frío, cantamos canciones (algunas de ellas sobre el Niño Jesús, otras sobre la nieve), ponemos los adornos de Navidad y hay velas moradas en la Iglesia, quizás también en tu casa. Estamos en el tiempo de Adviento.

¿POR QUÉ?

La palabra Adviento viene del latín “presencia, llegada, venida”... Esto debería darte una pista del significado del adviento, como un tiempo de preparación para la celebración de la venida de Cristo, cuando nació en Belén y le acostaron en un pesebre; y la preparación para la segunda venida de Cristo, que vendrá victorioso a juzgar a vivos y muertos. 

El adviento es algo más grande de lo que tú pensabas, ¿verdad?

El adviento es el comienzo del año litúrgico, el año de la Iglesia, un tiempo de penitencia y preparación. Comienza 4 domingos antes de Navidad. ¡Y hay mucho que hacer para prepararse a las dos venidas de Cristo! Los sacrificios y las penitencias nos ayudan a poner nuestros corazones en orden y a poner a Cristo de nuevo en el centro, porque seguramente le hemos arrinconado a un lado, después de la cuaresma, que fue la última vez que tuvimos un tiempo fuerte de penitencia y conversión.  Es, además, un tiempo de esperanza silenciosa. Estamos seguros de que el Salvador viene, que triunfa en nuestros corazones y en el mundo, y le esperamos.

En las primeras semanas de adviento, las lecturas y las oraciones de la Misa y de la Liturgia de las Horas, tienen más que ver con la segunda venida de Cristo, mientras que desde el 17 de diciembre en adelante, comienzan a preparar más intensamente para el nacimiento de Jesús, como si fuera una semana santa de Navidad. En adviento se hace referencia constantemente a los profetas, especialmente a Isaías y a Juan, el Bautista, que preparó la llegada del Mesías.

¡Presta atención a las lecturas de la Misa! Si no puedes ir a Misa todos los días, al menos lee y reza las lecturas y oraciones de la Misa para recibir el alimento del alma que la Iglesia nos da cada día. Puedes encontrarlas aquí.

Propósitos

También es una buena idea hacer un propósito para cada día –un sacrificio o una buena obra- para preparar tu corazón para la venida de Jesús. Una buena tradición familiar es escribir muchos propósitos distintos en trozos de papel y coger uno cada día. Si lo has cumplido, lo puedes poner en la cuna del Niño Jesús. ¡Entre todos podéis hacer una cuna muy cómoda para el Niño Jesús!

La luz como símbolo


Un tema frecuente en la liturgia es la luz. El mundo estaba en tinieblas hasta que Cristo, la luz del mundo, se hizo hombre. La corona de adviento nos recuerda esto. Cada semana encendemos una vela más y la luz crece hasta que llegamos al 25 de diciembre, cuando nació la luz. Una buena costumbre familiar es cenar (o al menos un ratito de la cena) con las luces apagadas y tener encendida la corona de adviento... ¡Cada semana habrá más luz, hasta que en Navidad el comedor esté lleno de luz!

Benedicto XVI

“Queridos amigos, el adviento es el tiempo de la presencia y de la espera de lo eterno. Precisamente por esta razón es, de modo especial, el tiempo de la alegría, de una alegría interiorizada, que ningún sufrimiento puede eliminar. La alegría por el hecho de que Dios se ha hecho niño. Esta alegría, invisiblemente presente en nosotros, nos alienta a caminar confiados. La Virgen María, por medio de la cual nos ha sido dado el Niño Jesús, es modelo y sostén de este íntimo gozo. Que ella, discípula fiel de su Hijo, nos obtenga la gracia de vivir este tiempo litúrgico vigilantes y activos en la espera. Amén”.

--Benedicto XVI