Reparación

Se hablada de la reparación, a causa de las misas negras que se han celebrado, de Halloween, etc. Pero... ¿qué es la reparación?  ¿Es hacer muchas oraciones?  ¿Es algo así como llevar un velo en la iglesia o musitar oraciones como hacen las viejitas de nuestra parroquia?  ¿Es algo reservado a los fanáticos?  ¿Tiene alguna importancia?

Reparar significa arreglar, intentar apañar algo después de haberlo estropeado… Por ejemplo, disculparme y fregar los platos para compensar por algo que he hecho a mi madre. Cuando se habla de reparar con respecto a Dios se trata de compensar mi falta de amor (pecado) poniendo más amor. Obviamente, hay una reparación normal del pecado: la confesión sacramental, la penitencia, la oración y la enmienda, como es lógico; pero reparar es más que desagraviar por lo que hemos hecho mal.

Vamos por partes. Se nos pide reparar respecto a Dios por dos motivos: por justicia y por amor. Es de justicia que reparemos nuestras ofensas a Dios y es un acto de amor consolar a Jesús y sufrir con Él, pues somos miembros de su cuerpo místico, y el cuerpo también sufre cuando sufre la cabeza. 

Se hablada de la reparación, a causa de las misas negras que se han celebrado, de Halloween, etc. Pero... ¿qué es la reparación?  ¿Es hacer muchas oraciones?  ¿Es algo así como llevar un velo en la iglesia o musitar oraciones como hacen las viejitas de nuestra parroquia?  ¿Es algo reservado a los fanáticos?  ¿Tiene alguna importancia?

Reparar significa arreglar, intentar apañar algo después de haberlo estropeado… Por ejemplo, disculparme y fregar los platos para compensar por algo que he hecho a mi madre. Cuando se habla de reparar con respecto a Dios se trata de compensar mi falta de amor (pecado) poniendo más amor. Obviamente, hay una reparación normal del pecado: la confesión sacramental, la penitencia, la oración y la enmienda, como es lógico; pero reparar es más que desagraviar por lo que hemos hecho mal.

Vamos por partes. Se nos pide reparar respecto a Dios por dos motivos: por justicia y por amor. Es de justicia que reparemos nuestras ofensas a Dios y es un acto de amor consolar a Jesús y sufrir con Él, pues somos miembros de su cuerpo místico, y el cuerpo también sufre cuando sufre la cabeza. 

Efectos

La reparación tiene varios efectos: “al borrar las culpas, la perfecciona [nuestra unión con Dios] participando de los padecimientos de Cristo y la consuma ofreciendo sacrificios por los hermanos” (Papa Pío XI).

Pero, sobre todo, forma parte de una gran realidad: la Pasión y Muerte de Jesús.  Si recuerdas, en el Evangelio de San Lucas (capítulo 22), durante la agonía en Getsemaní, Jesús estaba sumido en un sufrimiento extremo. Vio los pecados de todas las generaciones y los asumió como propios, para poder pagar el precio debido por ellos. Y es posible que también recuerdes que un ángel del cielo lo confortaba. Él veía los pecados de todos los hombres y el ángel lo consolaba con el amor y los sacrificios de todos los hombres. "De esta manera, aún podemos y debemos consolar aquel Corazón sacratísimo, incesantemente ofendido por los pecados y la ingratitud de los hombres" (Papa Pío XI).

Además de las nuestras, Dios recibe otras muchas ofensas. Los que sabemos esto y nos preocupamos por ello, debemos consolarlo. Esta es la conclusión a la que llegó el Papa Pío XI: "Quien con amor medite cuanto hemos dicho y en lo profundo del corazón lo grabe, no podrá menos de aborrecer y de abstenerse de todo pecado como de sumo mal; se entregará a la voluntad divina y se afanará por reparar el ofendido honor de la divina Majestad, ya orando asiduamente, ya sufriendo pacientemente las mortificaciones voluntarias, y las aflicciones que sobrevinieren, ya, en fin, ordenando a la expiación toda su vida".

El Papa Pío XI también dice que si hiciéramos esto, no solo pagaríamos por nuestros pecados y por los de los demás, consolando así a Jesús, sino que también ganaríamos muchos corazones endurecidos para la vida de la gracia. Comentó que esto sería un gran beneficio para toda la Iglesia y para toda la sociedad por el bien que sembraría en los corazones de los hombres.

Cuando Jesús se apareció a Santa Margarita María de Alacoque, una de las cosas que le dijo explícitamente que le dolían eran las muchas ofensas que se le hacían en la Eucaristía, lo cual es de entender. Es obvio que le hace sufrir el hecho de que el don de su amor total sea despreciado. Él pidió específicamente que le consoláramos con nuestro amor, nuestros sacrificios y nuestra oración. Estas son sus palabras: "Esto fue lo que más me dolió de todo cuanto sufrí en mi Pasión, mientras que si me correspondiesen con algo de amor, tendría por poco todo lo que hice por ellos y, de poder ser, aún habría querido hacer más. Mas solo frialdades y desaires tienen para todo mi afán en procurarles el bien. Al menos dame tú el gusto de suplir su ingratitud de todo cuanto te sea dado conforme a tus posibilidades".

 

Otras ideas

Lo puedes hacer solo o en grupo.

Hora santa frente al Santísimo
Confesión
Misa y comunión
Rosario / Coronilla de la Divina Misericordia

Oraciones

Oraciones específicas de reparación:

El ángel que se apareció en Fátima enseñó a los niños esta oración de reparación:

"Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo; os adoro profundamente y os ofrezco el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por las ofensas, sacrilegios e indiferencias con los que Él es ofendido. Por los méritos infinitos del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María, te pido la conversión de los pecadores.

El Papa Pío XI escribió una oración de reparación para la celebración del día del Sagrado Corazón:

"Dulcísimo Jesús, cuya caridad derramada sobre los hombres se paga tan ingratamente con el olvido, el desdén y el desprecio, míranos aquí postrados ante tu altar. Queremos reparar con especiales manifestaciones de honor tan indigna frialdad y las injurias con las que en todas partes es herido por los hombres tu amoroso Corazón.

Recordando, sin embargo, que también nosotros nos hemos manchado tantas veces con el mal, y sintiendo ahora vivísimo dolor, imploramos ante todo tu misericordia para nosotros, dispuestos a reparar con voluntaria expiación no sólo los pecados que cometimos nosotros mismos, sino también los de aquellos que, perdidos y alejados del camino de la salud, rehúsan seguirte como pastor y guía, obstinándose en su infidelidad, y han sacudido el yugo suavísimo de tu ley, pisoteando las promesas del bautismo.

Al mismo tiempo que queremos expiar todo el cúmulo de tan deplorables crímenes, nos proponemos reparar cada uno de ellos en particular: la inmodestia y las torpezas de la vida y del vestido, las insidias que la corrupción tiende a las almas inocentes, la profanación de los días festivos, las miserables injurias dirigidas contra ti y contra tus santos, los insultos lanzados contra tu Vicario y el orden sacerdotal, las negligencias y los horribles sacrilegios con que se profana el mismo Sacramento del amor divino y, en fin, las culpas públicas de las naciones que menosprecian los derechos y el magisterio de la Iglesia por ti fundada.

¡Ojalá que podamos nosotros lavar con nuestra sangre estos crímenes! Entre tanto, como reparación del honor divino conculcado, te presentamos, acompañándola con las expiaciones de tu Madre la Virgen, de todos los santos y de los fieles piadosos, aquella satisfacción que tú mismo ofrecisté un día en la cruz al Padre, y que renuevas todos los días en los altares. Te prometemos con todo el corazón compensar en cuanto esté de nuestra parte, y con el auxilio de tu gracia, los pecados cometidos por nosotros y por los demás: la indiferencia a tan grande amor con la firmeza de la fe, la inocencia de la vida, la observancia perfecta de la ley evangélica, especialmente de la caridad, e impedir además con todas nuestras fuerzas las injurias contra ti, y atraer a cuantos podamos a tu seguimiento. Acepta, te rogamos, benignísimo Jesús, por intercesión de la Bienaventurada Virgen María Reparadora, el voluntario ofrecimiento de expiación; y con el gran don de la perseverancia, consérvanos fidelísimos hasta la muerte en el culto y servicio a ti, para que lleguemos todos un día a la patria donde tú con el Padre y con el Espíritu Santo vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén".