La vida después de un retiro

Aquí tienes algunos consejos para ayudarte a seguir creciendo en tu vida espiritual después de un retiro.

Los sentimientos

Cuando vuelves de un retiro espiritual de un fin de semana te encuentras en la típica euforia espiritual que suele producir. Pero, si has estado en más retiros, ya te habrás dado cuenta de que ese sentimiento de alegría suele durar poco y que un par de semanas después vuelves a lo mismo de antes. Pues bien, te gustará saber que no eres el primero en experimentarlo y que, seguramente, tampoco serás el último. Contamos con muchos santos que nos pueden orientar sobre los pasos a seguir cuando los sentimientos empiezan a desvanecerse.

San Ignacio de Loyola, en sus reglas de discernimiento de espíritus, nos advierte sobre estos altibajos que podemos experimentar en nuestra vida espiritual. Si alguna vez te has sentido inflamado por el amor de Dios, o contrito hasta las lágrimas por un verdadero arrepentimiento de tus pecados pasados, o atraído hacia las cosas celestiales deseando la santidad; entonces has experimentado lo que San Ignacio define como “consolación” (subidas en la vida espiritual). Esto es lo que te mueve a desear gritar desde los tejados: ¡Quiero ser santo!

Sin embargo, si alguna vez has experimentado oscuridad en tu alma, o sequedad en tu vida de oración, o sientes que te atacan para que abandones el camino de la fe; eso es lo que se llamaría "desolación" (bajadas en la vida espiritual). Normalmente, cuando esto sucede, te lleva a pensamientos como estos: “Soy un caso perdido”, “¿Por qué tengo que sufrir?"..., y otras cosas similares.

Entonces... ¿Qué se puede hacer con todos estos pensamientos, sentimientos y movimientos que se dan en tu alma? Si ahora estás en consolación, lo primero que debes hacer es dar gracias a Dios por los beneficios recibidos. Después sería una buena idea poner por escrito esas gracias en un diario o cuaderno para poder volver a leerlas más adelante. Pero lo más importante es estar prevenido y ser consciente de que este tiempo, con todo lo bueno que parezca, no va adurar para siempre, y prepararte para los tiempos difíciles que vendrán en el futuro, en los que serás puesto a prueba.

¿Y si estás en desolación? Cuando la desolación llame a la puerta de tu corazón, antes que nada, tienes que ser humilde. ¿Por qué? Porque los regalos de Dios son precisamente eso, regalos, y no los merecemos. No nos debería sorprender que a veces parezca que Dios se esconde de nosotros o que nos ha abandonado a nuestras propias miserias. Somos pecadores y, en último término, no merecemos todas las gracias que Dios nos haya concedido hasta entonces. Tienes que intentar perseverar en la paciencia y permanecer firme a los compromisos tomados con Dios durante la desolación. No hagas cambios en las decisiones ya tomadas sin consultar a tu director espiritual. Aunque parezca de Dios te ha dejado, no es cierto, y pronto empezará a brillar la luz al final del oscuro túnel.

Finalmente, recuerda que Dios nos prueba como el fuego al oro y quiere comprobar la veracidad de nuestro amor en los momentos de sufrimiento. Deberíamos preguntarnos: ¿Amo a Dios por lo que Él es o por lo que Él me da? Si le amo por lo que es, ¿importa entonces lo que sienta?

Aquí tienes algunos consejos para ayudarte a seguir creciendo en tu vida espiritual después de un retiro.

Los sentimientos

Cuando vuelves de un retiro espiritual de un fin de semana te encuentras en la típica euforia espiritual que suele producir. Pero, si has estado en más retiros, ya te habrás dado cuenta de que ese sentimiento de alegría suele durar poco y que un par de semanas después vuelves a lo mismo de antes. Pues bien, te gustará saber que no eres el primero en experimentarlo y que, seguramente, tampoco serás el último. Contamos con muchos santos que nos pueden orientar sobre los pasos a seguir cuando los sentimientos empiezan a desvanecerse.

San Ignacio de Loyola, en sus reglas de discernimiento de espíritus, nos advierte sobre estos altibajos que podemos experimentar en nuestra vida espiritual. Si alguna vez te has sentido inflamado por el amor de Dios, o contrito hasta las lágrimas por un verdadero arrepentimiento de tus pecados pasados, o atraído hacia las cosas celestiales deseando la santidad; entonces has experimentado lo que San Ignacio define como “consolación” (subidas en la vida espiritual). Esto es lo que te mueve a desear gritar desde los tejados: ¡Quiero ser santo!

Sin embargo, si alguna vez has experimentado oscuridad en tu alma, o sequedad en tu vida de oración, o sientes que te atacan para que abandones el camino de la fe; eso es lo que se llamaría "desolación" (bajadas en la vida espiritual). Normalmente, cuando esto sucede, te lleva a pensamientos como estos: “Soy un caso perdido”, “¿Por qué tengo que sufrir?"..., y otras cosas similares.

Entonces... ¿Qué se puede hacer con todos estos pensamientos, sentimientos y movimientos que se dan en tu alma? Si ahora estás en consolación, lo primero que debes hacer es dar gracias a Dios por los beneficios recibidos. Después sería una buena idea poner por escrito esas gracias en un diario o cuaderno para poder volver a leerlas más adelante. Pero lo más importante es estar prevenido y ser consciente de que este tiempo, con todo lo bueno que parezca, no va adurar para siempre, y prepararte para los tiempos difíciles que vendrán en el futuro, en los que serás puesto a prueba.

¿Y si estás en desolación? Cuando la desolación llame a la puerta de tu corazón, antes que nada, tienes que ser humilde. ¿Por qué? Porque los regalos de Dios son precisamente eso, regalos, y no los merecemos. No nos debería sorprender que a veces parezca que Dios se esconde de nosotros o que nos ha abandonado a nuestras propias miserias. Somos pecadores y, en último término, no merecemos todas las gracias que Dios nos haya concedido hasta entonces. Tienes que intentar perseverar en la paciencia y permanecer firme a los compromisos tomados con Dios durante la desolación. No hagas cambios en las decisiones ya tomadas sin consultar a tu director espiritual. Aunque parezca de Dios te ha dejado, no es cierto, y pronto empezará a brillar la luz al final del oscuro túnel.

Finalmente, recuerda que Dios nos prueba como el fuego al oro y quiere comprobar la veracidad de nuestro amor en los momentos de sufrimiento. Deberíamos preguntarnos: ¿Amo a Dios por lo que Él es o por lo que Él me da? Si le amo por lo que es, ¿importa entonces lo que sienta?

Responder a las gracias

Responder a las gracias

El Señor derrama muchas gracias en los retiros y tú tienes la responsabilidad de responder a lo que el Señor te da. Tenemos que asegurarnos de que no perdemos lo que se nos ha dado, pues "llevamos este tesoro en vasijas de barro" (2 Cor. 4, 7). Algo que te puede ayudar a responder es escribir las gracias y las luces que el Señor te ha concedido para hacerte propósitos en tu vida diara. Reflexiona sobre lo que puedes hacer cada día para guardar lo que has recibido y no desperdiciarlo. Por ejemplo, podrías ver que el Señor te pide ser más fiel a la oración. ¿Cómo puedes aplicar eso a tu vida? Escribe el propósito de hacer 15 minutos de oración diarios ante el Santísimo Sacramento.

Quizá estés pensando: ¿por qué hay que anotar las gracias recibidas? El fin de anotarlas es que, una vez que regreses a la universidad o a tu casa y vuelvas a las clases, al trabajo, a estar con tus amigos, etc. tengas algo a lo que volver cada día, semana o mes, y recordar lo que has recibido. Pero no acaba aquí la cosa. No se trata simplemente de mirar hacia atrás y pensar que fue genial, sino que te tienes que examinarte a ti mismo: ¿Estoy respondiendo a las gracias recibidas? ¿Ha cambiado mi vida o sigo con las mismas rutinas que antes? ¿Sigo cayendo en los mismos pecados? ¿Estoy descuidando mi vida de oración?

Pero como nadie es buen juez de sí mismo y somos seres sociales, debes pedir la ayuda de un director espiritual. Después de un retiro es bueno buscar un director espiritual -si aún no lo tienes- y hablar con él, comentándole las gracias que has recibido y los propósitos que has hecho, para que te pueda ayudar a ser fiel y te aconseje.

Si quieres saber más sobre la dirección espiritual, cómo encontrar un director espiritual y de qué hablar con él pincha aquí.

Plan de vida

Plan de vida

Cuando haces propósitos concretos con la ayuda de la gracia de Dios, es importante también que hagas un plan diario asegurándote de que te salga tiempo para cumplir todos tus propósitos. Debes diseñar tu propio plan de vida.

¿Qué es un plan de vida? Es algo parecido a un horario, pero con un enfoque espiritual. Consiste en una planificación del día de forma que te salga tiempo para todas las actividades, no solo para las clases y los deberes sino también para los compromisos espirituales diarios que hayas tomado con el consejo tu director espiritual. Esto será una ayuda para ordenar tu vida. En vez de organizar el día en torno a ti mismo y a lo que tienes que hacer, deberías planear tu vida en torno a Dios y a lo que Él te pide respecto a tu unión con Él. Cuando colocas esto, entonces todo lo demás encaja en su sitio.

Si quieres saber más sobre lo que es un plan de vida, sus beneficios y cómo hacerlo pincha aquí.