María, nuestra Madre

Si quieres ser santo y llegar al cielo, hay un atajo, un refugio donde obtener fuerza y ayuda cuando nos cansamos, consuelo cuando alguien nos ha hecho daño, salud para nuestras almas enfermas. Como escribió San Luis de Monfort: “Ella es el camino más seguro, fácil, corto y perfecto para acercarnos a Jesús”.

Si te fijas en las vida de los santos, verás que todos ellos vivieron en diferentes épocas y recorrieron caminos muy distintos. Pero todos tenían algo en común: un amor inmenso a nuestra Madre, la Virgen, y a la Santísima  Eucaristía. No hay camino más corto para llegar al cielo que darnos enteramente a María.

Desde el comienzo de la Iglesia en el tiempo de los Apóstoles, los cristianos han encontrado su fuerza en María, la Madre de Dios. Ella es la primera discípula de Jesús y la única persona humana (que, sin ser Dios) ha sido completamente fiel al Señor. Es la "Santa" por excelencia. ¿Quién podría enseñarnos a amar a Jesús mejor que ella?  Ella está también junto a Dios porque es su Madre, e intercede por nosotros ante Dios para que algún día podamos estar con ellos en el cielo para siempre.

Suena genial, ¿verdad?

Aquí tenemos algunos medios para llegar a conocerla:
- Rezar el Rosario
- Hablar con ella. Cuando le recemos, pidámosle que nos ayude a conocer a Jesús y a seguirle.
- Hablar con ella a lo largo del día, preguntándole cómo fregaba los platos por amor a Jesús, cómo rezaba, cómo cocinaba... También le puedes preguntar cómo habría estudiado ella si hubiera tenido que ir al Instituto o a la Universidad, etc.

Si quieres ser santo y llegar al cielo, hay un atajo, un refugio donde obtener fuerza y ayuda cuando nos cansamos, consuelo cuando alguien nos ha hecho daño, salud para nuestras almas enfermas. Como escribió San Luis de Monfort: “Ella es el camino más seguro, fácil, corto y perfecto para acercarnos a Jesús”.

Si te fijas en las vida de los santos, verás que todos ellos vivieron en diferentes épocas y recorrieron caminos muy distintos. Pero todos tenían algo en común: un amor inmenso a nuestra Madre, la Virgen, y a la Santísima  Eucaristía. No hay camino más corto para llegar al cielo que darnos enteramente a María.

Desde el comienzo de la Iglesia en el tiempo de los Apóstoles, los cristianos han encontrado su fuerza en María, la Madre de Dios. Ella es la primera discípula de Jesús y la única persona humana (que, sin ser Dios) ha sido completamente fiel al Señor. Es la "Santa" por excelencia. ¿Quién podría enseñarnos a amar a Jesús mejor que ella?  Ella está también junto a Dios porque es su Madre, e intercede por nosotros ante Dios para que algún día podamos estar con ellos en el cielo para siempre.

Suena genial, ¿verdad?

Aquí tenemos algunos medios para llegar a conocerla:
- Rezar el Rosario
- Hablar con ella. Cuando le recemos, pidámosle que nos ayude a conocer a Jesús y a seguirle.
- Hablar con ella a lo largo del día, preguntándole cómo fregaba los platos por amor a Jesús, cómo rezaba, cómo cocinaba... También le puedes preguntar cómo habría estudiado ella si hubiera tenido que ir al Instituto o a la Universidad, etc.

De los santos

De los santos

Todos los santos son imitadores de María. Ella es la más hermosa y la más pura de todos los miembros del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia. Los santos trabajan sin desfallecer pare ser como ella y como su Hijo.

Lo que los santos dicen sobre María nos ayuda a pensar en nuestra Madre del cielo y a amarla cada vez más y más, que es lo que realmente importa.

San Juan Pablo II

““La victoria, si llega, llegará por medio de María.” Mientras entraba en los problemas de la Iglesia universal, al ser elegido Papa, llevaba en mí una convicción semejante: que también en esta dimensión universal, la victoria, si llega, será alcanzada por María. Cristo vencerá por medio de Ella, porque Él quiere que las victorias de la Iglesia en el mundo contemporáneo y en el mundo del futuro estén unidas a Ella.”

Cruzando el Umbral de la Esperanza


"Por lo tanto, se puede afirmar que la mujer, al mirar a María, encuentra en ella el secreto para vivir dignamente su feminidad y para llevar a cabo su verdadera promoción. A la luz de María, la Iglesia lee en el rostro de la mujer los reflejos de una belleza, que es espejo de los más altos sentimientos, de que es capaz el corazón humano: la oblación total del amor, la fuerza que sabe resistir a los más grandes dolores, la fidelidad sin límites, la laboriosidad infatigable y la capacidad de conjugar la intuición penetrante con la palabra de apoyo y de estímulo."

Redemptoris Mater


San Maximiliano Kolbe

"Queridísimos hijos, cómo desearía decirles, repetirles lo buena que es la Inmaculada, para poder alejar para siempre de sus pequeños corazones la tristeza, el desaliento interior, el abatimiento. La sola invocación “María”, acaso con el ánimo sumergido en las tinieblas, en las arideces, y hasta en la desgracia del pecado, ¡qué eco produce en su Corazón que tanto nos ama! Y cuanto más infeliz es el alma, hundida en sus pecados, tanto más este Refugio de los pobres pecadores como nosotros, la rodea de cariñosa y solícita protección. Pero no se aflijan nunca si no sienten tal amor. Si quieren amar, ésta es ya una señal segura de que están amando; se trata sólo de un amor que procede de la voluntad. También el sentimiento exterior es fruto de la gracia, pero no siempre sigue inmediatamente a la voluntad. Puede venirles, queridos míos, un pensamiento, casi una triste nostalgia, una súplica, un lamento. “¿Quién sabe si la Inmaculada me ama todavía?” ¡Hijos amadísimos! Se lo digo a todos juntos y a cada uno en particular en su nombre, anótenlo bien, en su nombre: Ella ama a cada uno de ustedes, los ama mucho y en todo momento sin excepción alguna. Esto, queridísimos hijos, se lo repito en su nombre.  Ámala, Ámala a la Inmaculada. Ella te hará feliz. Fíate de ella sin límites. "


San Louis María Grignon de Montfort

Todos nuestros tesoros espirituales son ante Dios, el Padre de familia, menos de lo que sería para un rey la manzana agusanada que para pagar el arriendo le presentara un pobre colono suyo. ¿Qué haría el pobre hombre, si fuera listo y gozara del favor de la reina? Acudiría a ella, que-llena de bondad para con el pobre campesino y de respeto para con el rey- embellecería la fruta quitándole lo dañado y colocándola entre flores en una bandeja de oro. ¿Cómo no aceptaría el rey condescendiente y hasta con gusto, de manos de la reina, el obsequio de su arrendatario?


San Bernardo

Mira a la estrella, invoca a María

Si se levantan los vientos de las tentaciones, si tropiezas con los escollos de la tentación, mira a la estrella, invoca a María.

Si te agitan las olas de la soberbia, de la ambición o de la envidia, mira a la estrella, invoca a María.

Si la ira, la avaricia o la impureza impelen violentamente la nave de tu alma, invoca a María.

Si, turbado con la memoria de tus pecados, confuso ante la fealdad de tu conciencia, temeroso ante la idea del juicio, comienzas a hundirte en la sima sin fondo de la tristeza o en el abismo de la desesperación, piensa en María.

En los peligros, en las angustias, en las dudas, piensa en María, invoca a María. No se aparte María de tu boca, no se aparte de tu corazón; y para conseguir su ayuda intercesora, no te apartes tú de los ejemplos de su virtud. No te descaminarás si la sigues, no desesperarás si le ruegas, no te perderás si en ella piensas.

Si ella te tiene de su mano, no caerás; si te protege, nada tendrás que temer; no te fatigarás si es tu guía; llegarás felizmente al puerto si ella te ampara.

 

Si quieres ofrecer algo a Dios procura presentarlo por manos de María, si no quieres ser rechazado.

Oraciones

Oraciones

Memorare

Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorando vuestro auxilio y reclamando vuestro socorro, haya sido abandonado de ti. Animado por esta confianza, a Vos acudo, oh Madre, Virgen de las vírgenes. Y, aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a comparecer ante vuestra presencia soberana. ¡Oh, Madre de Dios, no desechéis mis humildes súplicas, antes bien, dignaos a escucharlas y acogerlas favorablemente. Amén.


Bendita sea tu pureza

Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza. A ti, celestial princesa, virgen sagrada, María, te ofrezco en este día, alma, vida y corazón. Mírame con compasión. No me dejes, Madre mía. Amén.


Bajo tu misericordia

Bajo tu misericordia nos refugiamos, ¡oh, santa Madre de Dios!, no desprecies nuestras súplicas en la necesidade, sino líbranos de todo peligro, ¡oh, Virgen gloriosa y bendita! Amén.


 Ofrecimiento a la Santísima Virgen

¡Oh, Señora mía! ¡Oh, Madre mía! Yo me ofrezco enteramente a ti y, en prueba de mi filial afecto, te consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón; en una palabra, todo mi ser. Ya que soy todo tuyo, oh Madre de bondad, guárdame y defiéndeme como a pertenencia y posesión tuya. Amén.


Dulzura de los ángeles (de la liturgia bizantina)

Dulzura de los ángeles, alegría de los afligidos, 
abogada de los cristianos, Virgen, Madre del Señor, protégeme y sálvame de los sufrimientos eternos.
María, purísimo incensario de oro, que ha contenido a la Trinidad excelsa; en ti se ha complacido el Padre, ha habitado el Hijo, y el Espíritu Santo, cubriéndote con su sombra, Virgen, te ha hecho Madre de Dios.
Nosotros nos alegramos en ti, Theotókos; tú eres nuestra defensa ante Dios. Extiende tu mano invencible y aplasta a nuestros enemigos. Manda a tus siervos el socorro del cielo.


Ante las tentaciones

Madre querida, acógeme en tu regazo, cúbreme con tu manto protector y con ese dulce cariño que nos tienes a tus hijos, aleja de mí las trampas del enemigo e intercede intensamente para impedir que sus astucias me hagan caer. A ti me confío y en tu intercesión espero. Amén.


No me desampare tu amparo (Fray Luis de Granada, O.P.)

No me desampare tu amparo, 
no me falte tu piedad, 
no me olvide tu memoria. 
Si tú, Señora, me dejas, ¿quién me sostendrá? 
Si tú me olvidas, ¿quién se acordará de mí? 
Si tú, que eres estrella de la mar 
y guía de los errados, no me alumbras, ¿dónde iré a parar? 
No me dejes tentar del enemigo, 
y si me tentare, no me dejes caer, 
y si cayere, ayúdame a levantarme.
¿Quién te llamó, Señora, que no le oyeses? 
¿Quién te pidió, que no le otorgases?

Sus virtudes

Sus virtudes

Las virtudes de la Santísima Virgen son bien conocidas y nosotros deberíamos esforzarnos en imitarlas. Aquí hay una lista de las 10 principales virtudes de María que señala San Luis María Grignon de Montfort. Elige una virtud cada día o para cada semana y pídele a nuestra Madre desde por la mañana que te ayude a imitarla en esa virtud.

1. Ardiente caridad: deja que el amor a Dios sea la fuerza que impulse cada decisión.

2. Profunda humildad: sabe quién es ella delante de Dios, ni más ni menos.

3. Mortificación en todo: busca rendir su vida y su voluntad en todo momento.

4. Oración constante: tiene siempre conciencia de la presencia de Dios.


5. Obediencia ciega: sigue la llamada de Dios sin tener en cuenta lo que cueste.

6. Sabiduría divina: pide siempre guía al Espíritu de Dios.

7. Pureza incomparable: tiene un corazón inmaculado y sin mancha de pecado.

8. Dulzura angelical: irradia alegría y paz a todo el que se encuentra con ella.

9. Fe viva: busca constantemente la voluntad de Dios y nunca la propia complacencia.

10. Paciencia heroica: confía en que Dios siempre actúa; tiene más fe en los planes de Dios que en los suyos.

Mes de María

Mes de María

Aunque siempre debemos honrar a María, la Iglesia dedica a ella especialmente el mes de Mayo. Durante todo el mes la honramos con oraciones, con el rezo del santo Rosario, con sacrificios, imitando sus virtudes y consolando su corazón por las ofensas que recibe.

Este mes, acércate más a María. Recuerda que acercarse más a ella es acercarse más a Jesús. Su deseo es que nosotros amemos cada vez más a su Hijo y por eso siempre nos llevará a Él.


Oraciones

En Fátima (Portugal), nuestra Madre se apareció a tres pastorcitos y les dijo: "Rezad el Rosario todos los días para obtener la paz en el mundo y el final de la guerra". "Cuando recéis el Rosario, decid después de cada misterio: Oh Jesús mío, perdonad nuestros pecados, libradnos del fuego del infierno. Llevad al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de vuestra Divina Misericordia”.

Estas son las 15 promesas de María a quienes recen el santo Rosario:

1.- El que me sirva, rezando diariamente mi Rosario, recibirá cualquier gracia que me pida.

2.- Prometo mi especialísima protección y grandes beneficios a los que devotamente recen mi Rosario.

3.- El Rosario será un fortísimo escudo de defensa contra el infierno, destruirá los vicios, librará de los pecados y exterminará las herejías.

4.- El Rosario hará germinar las virtudes y también hará que sus devotos obtengan la misericordia divina; sustituirá en el corazón de los hombres el amor del mundo por el amor a Dios y los elevará a desear las cosas celestiales y eternas. ¡Cuántas almas se santificarán por este medio!

5.- El alma que se encomiende por el Rosario no perecerá.

6.- El que con devoción rezare mi Rosario, considerando misterios, no se verá oprimido por la desgracia, ni morirá muerte desgraciada; se convertirá, si es pecador; perseverará en la gracias, si es justo, y en todo caso será admitido a la vida eterna.

7.- Los verdaderos devotos de mi Rosario no morirán sin los auxilios de la Iglesia.

8.- Quiero que todos los devotos de mi Rosario tengan, en la vida y en la muerte, la luz y la plenitud de la gracia, y sean partícipes de los méritos de los bienaventurados.

9.- Libraré pronto del purgatorio a las almas devotas del Rosario.

10.- Los hijos verdaderos de mi Rosario gozarán en el cielo una gloria singular.

11.- Todo lo que se me pidiere por medio del Rosario se alcanzará prontamente.

12.- Socorreré en todas sus necesidades a los que propaguen mi Rosario.

13.- Todos los que recen el Rosario tendrán por hermanos, en la vida y en la muerte, a los bienaventurados del cielo.

14.- Los que rezan mi Rosario son todos hijos míos muy amados y hermanos de mi Unigénito Jesús.
    
15.- La devoción al santo Rosario es una señal manifiesta de predestinación a la gloria.


Sacrificios

Nuestra Madre se ha aparecido muchas veces para pedirnos que hagamos sacrificios por los pecadores para que las almas se conviertan y se vean libres del infierno.

Pensad algún tipo de sacrificio que podáis hacer para ofrecerlo por la salvación de los pecadores.

En Fátima, la Virgen María dijo: "Ofreceos vosotros mismos por los pecadores y repetid muchas veces, especialmente cuando hagáis algún sacrificio: Oh Jesús, es por amor a Ti, por la conversión de los pecadores y en reparación por los pecados que se cometen contra el Inmaculado Corazón de María".


Consolar su Corazón: primeros sábados

El Inmaculado Corazón de María recibe muchas ofensas por nuestros pecados. Ella nos pide la reparación y nos ha dicho cómo hacerlo.


"Mira, hija mía, mi Corazón cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan sin cesar con blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, procura consolarme y di que a todos los que, durante cinco meses, en el primer sábado, se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen el Rosario y me hagan compañía durante 15 minutos meditando en los misterios del Rosario con el fin de desagraviarme, les prometo asistir en la hora de la muerte con las gracias necesarias para su salvación".

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 Ama a la Inmaculada

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Nuestra Madre con Jesús

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Guadalupe

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Ave María (relieve)
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