Cuaresma

“La cuaresma es un tiempo propicio para  intensificar vuestra vida espiritual. Que la práctica del ayuno os ayude, queridos jóvenes, a adquirir un dominio de vosotros mismos cada vez más grande” (Benedicto XVI).

A la mayoría de las personas, la palabra cuaresma le trae a la mente cosas como ceniza, pescado, la imposibilidad de comer carne, penitencia y mortificación.

Todos sabemos que la cuaresma consiste en los cuarentas días antes de la Pascua de Resurrección, que cambia de fecha todos los años y que debemos prepararnos con la práctica de algún tipo de penitencia, es decir, ofreciendo algo que realmente no te gusta hacer o comer. Pero, ¿por qué celebramos la cuaresma? ¿Y por qué decimos 'celebrar' cuando supone hacer algo que nos agrada?

Una explicación general de la cuaresma

El Papa Benedicto explicó el tiempo litúrgico de la cuaresma en una catequesis que dio en 2012 y que os resumimos a continuación.

En los primeros siglos de vida de la Iglesia, el tiempo que conducía a la Pascua era el tiempo de preparación para llegar a recibir el sacramento del Bautismo. Se trataba de una iniciación en la fe y de un acercamiento progresivo a Dios. Más tarde, se extendió también a los penitentes, es decir, a aquellos que habían pecado gravemente; y por último, se invitó a todos los fieles a vivir este itinerario de renovación espiritual: un tiempo de arrepentimiento, de cambiar de nuestro corazón como preparación para encontrar al Señor al final de los tiempos.

“La cuaresma es un tiempo propicio para  intensificar vuestra vida espiritual. Que la práctica del ayuno os ayude, queridos jóvenes, a adquirir un dominio de vosotros mismos cada vez más grande” (Benedicto XVI).

A la mayoría de las personas, la palabra cuaresma le trae a la mente cosas como ceniza, pescado, la imposibilidad de comer carne, penitencia y mortificación.

Todos sabemos que la cuaresma consiste en los cuarentas días antes de la Pascua de Resurrección, que cambia de fecha todos los años y que debemos prepararnos con la práctica de algún tipo de penitencia, es decir, ofreciendo algo que realmente no te gusta hacer o comer. Pero, ¿por qué celebramos la cuaresma? ¿Y por qué decimos 'celebrar' cuando supone hacer algo que nos agrada?

Una explicación general de la cuaresma

El Papa Benedicto explicó el tiempo litúrgico de la cuaresma en una catequesis que dio en 2012 y que os resumimos a continuación.

En los primeros siglos de vida de la Iglesia, el tiempo que conducía a la Pascua era el tiempo de preparación para llegar a recibir el sacramento del Bautismo. Se trataba de una iniciación en la fe y de un acercamiento progresivo a Dios. Más tarde, se extendió también a los penitentes, es decir, a aquellos que habían pecado gravemente; y por último, se invitó a todos los fieles a vivir este itinerario de renovación espiritual: un tiempo de arrepentimiento, de cambiar de nuestro corazón como preparación para encontrar al Señor al final de los tiempos.

¿40 días?

En el lenguaje bíblico, el número 40 es un número simbólico. Es una cifra que expresa el tiempo de la espera, de la purificación, de la vuelta al Señor, de la conciencia de que Dios es fiel a sus promesas. Este número no constituye un tiempo cronológico exacto, resultado de la suma de los días. Indica más bien una paciente perseverancia, una larga prueba. Es el tiempo de las decisiones maduras.


40 días y 40 noches pasó Noé en el arca.

40 días después del diluvio tocaron tierra firme.

40 días y 40 noches ayunó Moisés en presencia del Señor para recibir la Ley.
40 años de viaje del pueblo judío desde Egipto hasta la Tierra Prometida.
40 años de paz en Israel bajo los jueces, antes de su vuelta al pecado.
40 días empleó el profeta Elías para llegar a Horeb, el monte donde se encuentra con Dios.

40 días hacen penitencia los ciudadanos de Nínive para obtener el perdón de Dios.
40 años dura el reino de Saúl.
40 años dura el reinado de David.

40 años dura el reinado de Salomón.

40 días pasa Jesús ayunando y rezando en el desierto.

AT y NT

¿Qué similitud guarda el tiempo que los judíos peregrinaron tras su liberación de la esclavitud de Egipto con el que Jesús pasó en el desierto?

En ambos casos, son momentos de cercanía especial de Dios, son el tiempo del primer amor con Dios, entre Dios y su pueblo, cuando Él habló a su corazón, indicándole continuamente el camino que debía recorrer. Pero es también, a su vez, el tiempo de las tentaciones. La única diferencia está en que el pueblo judío pecó contra Dios y Jesús venció la tentación.

Benedicto XVI dice que la misma situación, tiempo del primer amor y tiempo de la tentación, se da hoy en nuestras vidas. Podemos hacer una profunda experiencia de Dios que fortalece el espíritu, confirma la fe, alimenta la esperanza y anima la caridad. Pero el «desierto» también es el aspecto negativo de la realidad que nos rodea: la aridez, la pobreza de palabras de vida y de valores, el laicismo y la cultura materialista, que encierran a la persona en el horizonte mundano de la existencia como si solamente existiese el aquí y ahora, y no hubiera nada más allá de lo que nos rodea, nada que nos trascienda. A pesar de este ambiente en el que el cielo que está sobre nosotros se oscurece, también para la Iglesia de hoy, el tiempo del desierto puede transformarse en tiempo de gracia, pues tenemos la certeza de que incluso de la roca más dura puede hacer Dios que brote el agua viva que quita la sed y restaura.

Por eso, el Papa explica que la cuaresma es un tiempo para pasar en “el desierto”, volviendo al primer amor, acercándonos más a Dios para encontrar en Él la fortaleza para vencer las tentaciones, el agua que apaga nuestra sed. Pero, ¿cómo hacerlo?


La Iglesia nos propone tres herramientas fundamentales: oración, penitencia y limosna.

Oración: ¿Qué mejor modo de crecer en nuestra unión con Dios que hablando con Él?

Penitencia: Arrepentirnos de nuestros pecados y ofensas a Dios, y enmendar nuestras vidas. No basta decir que lo sentimos, debemos hacer algo al respecto.

Limosna: Darnos a nosotros mismos de verdad como Jesús, dándonos a los que sufren la pobreza tanto material como espiritual.

Fuente

BENEDICTO XVI
AUDIENCIA GENERAL
Sala Pablo VI
, miércoles 22 de febrero de 2012

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