Penitencia

¿Qué dice la Iglesia?

Todo cristiano tiene la obligación de hacer penitencia, cada uno a su modo, pero hay algunas penitencias comunes para toda la Iglesia universal.

Días y tiempos penitenciales: Todos los viernes del año y el tiempo de cuaresma.

Abstinencia de carne: todos los viernes*, excepto las solemnidades (Navidad, Pascua, etc.). Obliga a los mayores de 14 años.

Abstinencia y ayuno: Miércoles de Ceniza y Viernes Santo. Obliga a aquellos entre 18 y 60 años. El ayuno se entiende normalmente como una comida completa y 2 comidas más ligeras que no lleguen a igualar a una comida completa.

*Excepciones y variaciones: cada Conferencia Episcopal puede decidir más detalles acerca de estos días de penitencia; incluso la substitución de alguna de las penitencias por otra (muchos han permitido formas de penitencia que no sea abstenerse de carne durante todos los viernes del año). Revisa lo que prescribe tu Conferencia Episcopal al respecto.

Bien. Ahora sabemos lo que la Iglesia universal espera de todos los cristianos como penitencia… Pero... ¿Cómo se entiende eso de que “se espera que cada cristiano haga penitencia a su "modo”? ¿Qué más tengo que hacer? ¿Qué es la penitencia? ¿Por qué es buena? ¿Hay algo más que el hecho de renunciar al chocolate?


Después de la oración, la penitencia es la manera más efectiva de limpiar el alma de las culpas pasadas, incluso de protegerla contra las futuras.

La penitencia es lo que llamamos un acto de justicia. Hemos ofendido a Dios y hemos violado los derechos de Dios con nuestro pecado, y lo que debemos hacer es reparar. Si rompes una ventana, no basta con decir que lo sientes, tienes que arreglarla. El pecado es una ofensa contra un Dios infinito (por lo tanto, es una ofensa infinita) y por eso tenemos que arreglarlo en la medida que podamos. Constantemente estamos metiendo la pata y nuestros pecados tienen repercusiones infinitas.

La penitencia incluye cuatro cosas principales:
- Con nuestra inteligencia y nuestra fe vemos que el pecado es un mal, el mayor de los males, ya que ofende a Dios y nos priva de los bienes más grandes (la gracia, la felicidad, el Cielo…) ODIAMOS EL PECADO con toda nuestra alma.
- Sabemos que este pecado es nuestro y que sus huellas permanecen en nuestra alma incluso después de haber sido perdonado. Estamos sinceramente arrepentidos y nuestra alma se siente agobiada por una profunda tristeza.
- Decidimos firmemente evitar el pecado en el futuro, evitando las ocasiones peligrosas para el alma y fortaleciendo nuestra voluntad contra la atracción del pecado.
- Expiamos los pecados con nuestra disposición y obras de penitencia.

Disposición: somos pecadores y tememos al pecado porque nos separa de Dios. Recuerda que o bien has caído o bien no has caído, no por ser fuerte, sino por la gracia de Dios. Ejemplo: María Magdalena y Santa Teresa de Lisieux.

Obras de penitencia:
- Paciencia en los problemas y aceptación alegre de las cosas que Dios permite en mi vida, las cosas que permite que me pasen a mí o a mi alrededor.
- Hacer nuestros trabajos fielmente con un espíritu de reparación.
- Ayuno. Como el hombre ha hecho durante miles de años por una buena razón… Muchos pecados provienen de nuestros deseos de placer (como comer y beber). Por eso, la mejor manera de contrarestarlos es negándonos un poco  en estas cosas a nosotros mismos.
- Limosna. Negarnos a nosotros mismos para dar a los demás, ya sean cosas materiales como dinero, como pasando tiempo con alguien que está solo, etc.


Como nota adicional: Si has entendido lo que se ha dicho de la penitencia y aún sientes que te falta algo… es porque aún hay mas. ¡Hay más maneras que nos ayudan a ir al Cielo!

Se llama mortificación, que significa “dar muerte” en latín. Antes de que te des la vuelta y digas: "Esto es demasiado intenso, yo me voy de aquí”, recuerda lo que dijo San Pablo: “Los que son de Cristo han crucificado la carne con sus vicios y concupiscencias..."

La mortificación es como una lucha activa contra el pecado. La penitencia compensa por nuestro pecado y la mortificación es una batalla contra lo que nos hace pecar: nuestro amor al placer.   Debemos aprender a controlarnos a nosotros mismos y no dejar que el placer nos controle. Cuando quieres ganar el gran juego, te entrenas durante horas todos los días para conseguirlo, haces todo aquello que te pueda ayudar a poner tu cuerpo en forma, no pasas mucho tiempo con la familia, ni con tus amigos… todo por EL JUEGO.

¿Y qué estás haciendo para llegar al Cielo?


Mortificación:
•    Renunciar a los placeres perversos
•    Renunciar a los placeres peligrosos
•    Abstenerse de ciertos placeres lícitos, para asegurar el dominio de nuestra voluntad sobre nuestro deseo de placer. Aquí tienes algunas ideas para abstenerte de algunos placeres lícitos:

De los ojos:
Aquí es donde tenemos que recordar que lo que vemos queda grabado en nuestra memoria… y frecuentemente regresan a nuestra mente durante las tentaciones. Así que, en primer lugar, no deberías ver películas ni imágenes impuras. También deberías abstenerte de aquellas cosas que son peligrosas (no directamente malas pero que pueden llevar a tentaciones). Ejemplos: Cuando estoy conduciendo por la autopista, puedo evitar mirar los carteles malos; en las salas de espera, puedo no mirar revistas; evitar mirar todos los escaparates; no ver películas que no vería con mi madre, o aún mejor, que no vería con nuestra Madre, la Virgen.

De los oídos y la lengua:
Lo que digo y lo que escucho también tiene una importancia vital. Ejemplo: mortificar la curiosidad y no hacer preguntas innecesarias ni cotillear. Tener buenas conversaciones que hacen mejor a una persona, aunque no sean directamente de Dios.

Del gusto, olfato y tacto:
Estos sentidos también deben ser vigilados. No exagerar con el perfume o con las cremas porque nos gustan cómo huelen, comer lo que es necesario y en su momento (no ser un glotón), comer más de lo que no me gusta y menos de lo que me gusta, no estar siempre tocando cosas muy suaves, etc…

De la imaginación y la memoria:
Estas dos potencias pueden jugar mucho con nosotros. Son grandes facultades, pero desde la caída del hombre nos han dado problemas. Si no es algo directamente pecaminoso, al menos nos hacen perder una gran cantidad de tiempo en el trabajo, la escuela y en la oración. Cuando mi mente comienza a vagar, debo frenarlo. Me puedo mantener ocupado haciendo mis deberes lo mejor posible. Puedo usar la imaginación y la memoria como una ayuda en la oración, imaginando las escenas de los Evangelios y de los misterios de la vida de Jesús.

Otras formas de mortificación:
Hay muchas formas de mortificar el cuerpo. Piensa qué da a tu cuerpo la mayor “comodidad” y luego habla con tu director espiritual o confesor para ver qué puedes hacer para "morir" a ti mismo.


Lo que dice la Iglesia: texto completo.

"Compendio de Teología Ascética y Mística", de Adolphe Tanquerey, S.S.