¿Otra salida?

Al escribir este artículo, no quiero usar la triste realidad del suicidio para defender un punto de vista o para tratar de hacer pensar a los demás como pienso yo. No sé qué había dentro del alma de esta mujer, lo mucho que estaba sufriendo y todos los eventos que se sucedieron en su vida hasta llevarla al punto de quitarse la vida.

Sin embargo, es bueno analizar una situación trágica y preguntarnos a nosotros mismos: “¿Cómo podemos evitar que esto vuelva a pasar en el futuro? ¿Hay alguna solución para no llegar a tan terrible desesperación en mi propia vida y en la de las personas a las que quiero?” De hecho, me parece que es un deber hacia aquellos que han sido llevados a tan profunda desesperación, hacer lo que esté en nuestras manos para evitar que esto vuelva a suceder. Y esta es la razón por la que escribo este artículo.

Charlotte Dawson era modelo y famosa de televisión. Se casó con un candiato a los juegos olímpicos, el nadador Scott Miller. Después de estar casados 6 meses, Charlotte descubrió que estaba embarazada. En su autobiografía cuenta que lo supo antes de hacerse la prueba del embarazo, porque sentía algo vivo dentro de ella. A pesar de que la idea de ser madre le hizo emocionarse, vio que su esposo se sentía incómodo con la noticia, pues el bebé iba a nacer en las mismas fechas que tendrían lugar los Juegos Olímpicos de Sidney, en el año 2000. Charlotte se dio cuenta de que su esposo no quería que nada se interpusiera entre él y su medalla de oro. Por eso, decidieron abortar.

¿Y vivieron felices para siempre? Bueno, la primera señal fue que Scott se negó a ir a la clínica abortiva con Charlotte, porque decía que no le gustaba el ambiente que había allí. ¡Qué manera de ser hombre...! Charlotte confiesa en su libro que, justo después del aborto, sintió las primeras punzadas de lo que sería el resto de su corta vida: la depresión. Al final, su esposo no ganó la medalla de oro ni ninguna medalla. De hecho, ni siquiera pudo ir a los juegos olímpicos porque se descubrió que había estado consumiendo sustancias ilegales. El golpe final para Charlotte fue descubrir que su esposo le estaba engañando después de sólo 6 meses de matrimonio.

Después de 15 años padeciendo depresión, Charlotte Dawson, finalmente, se quitó la vida.

Al escribir este artículo, no quiero usar la triste realidad del suicidio para defender un punto de vista o para tratar de hacer pensar a los demás como pienso yo. No sé qué había dentro del alma de esta mujer, lo mucho que estaba sufriendo y todos los eventos que se sucedieron en su vida hasta llevarla al punto de quitarse la vida.

Sin embargo, es bueno analizar una situación trágica y preguntarnos a nosotros mismos: “¿Cómo podemos evitar que esto vuelva a pasar en el futuro? ¿Hay alguna solución para no llegar a tan terrible desesperación en mi propia vida y en la de las personas a las que quiero?” De hecho, me parece que es un deber hacia aquellos que han sido llevados a tan profunda desesperación, hacer lo que esté en nuestras manos para evitar que esto vuelva a suceder. Y esta es la razón por la que escribo este artículo.

Charlotte Dawson era modelo y famosa de televisión. Se casó con un candiato a los juegos olímpicos, el nadador Scott Miller. Después de estar casados 6 meses, Charlotte descubrió que estaba embarazada. En su autobiografía cuenta que lo supo antes de hacerse la prueba del embarazo, porque sentía algo vivo dentro de ella. A pesar de que la idea de ser madre le hizo emocionarse, vio que su esposo se sentía incómodo con la noticia, pues el bebé iba a nacer en las mismas fechas que tendrían lugar los Juegos Olímpicos de Sidney, en el año 2000. Charlotte se dio cuenta de que su esposo no quería que nada se interpusiera entre él y su medalla de oro. Por eso, decidieron abortar.

¿Y vivieron felices para siempre? Bueno, la primera señal fue que Scott se negó a ir a la clínica abortiva con Charlotte, porque decía que no le gustaba el ambiente que había allí. ¡Qué manera de ser hombre...! Charlotte confiesa en su libro que, justo después del aborto, sintió las primeras punzadas de lo que sería el resto de su corta vida: la depresión. Al final, su esposo no ganó la medalla de oro ni ninguna medalla. De hecho, ni siquiera pudo ir a los juegos olímpicos porque se descubrió que había estado consumiendo sustancias ilegales. El golpe final para Charlotte fue descubrir que su esposo le estaba engañando después de sólo 6 meses de matrimonio.

Después de 15 años padeciendo depresión, Charlotte Dawson, finalmente, se quitó la vida.

El ego

El egoísmo descarado detrás del aborto es repugnante. Charlotte dijo: “Todo lo que Scott había hecho le estaba llevando a este momento y nada se podía interferir en su camino, por lo que decidimos que teníamos que abortar al bebé.”  Y la consecuencia del egoísmo es siempre la infelicidad, la depresión y la inestabilidad emocional. Podemos estar tan llenos de nosotros mismos, que estemos cegados por nuestro propio y horrendo egoísmo y sus trágicas consecuencias en nuestras propias vidas, en las vidas de otros, y -lo peor de todo- en nuestras relaciones con Dios.

En una ocasión, Fulton Sheen declaró abiertamente: “La causa principal de la infelicidad interior es el egocentrismo o el egoísmo”. Sheen hace un análisis muy claro de lo que él llama “melancolía”. “No es simplemente repugnancia, o descontento, o dolor, o, incluso, un sufrimiento. En el sufrimiento, se suele poner el énfasis en cosas externas y circunstancias que ponen triste a una persona; en la melancolía, hay una herida interior, una especie de descontento de sí mismo, un odio, un deseo de estar vacío. La vida se vuelve casi contra el propio instinto de conservación y contra el legítimo amor propio… Crece enojado consigo mismo, se vuelve contra sí mismo…”  Él dice que esta clase de existencia se desarrolla en tres etapas sucesivas: el egoísmo, la picadura de la conciencia y “una preocupación por la muerte, que a veces termina en suicidio”.

Los niños son un hermoso regalo si estamos dispuestos a dejar nuestro egoísmo. Ellos nos enseñan a amar verdaderamente, como Cristo nos pidió amar. La Madre Teresa cuenta una bella historia: “Nunca olvidaré un día, en Venezuela, que fui a visitar a una familia que nos había dado un corderito. Fui a darles las gracias y allí me enteré que ellos tenían un hijo enfermo. Le pregunté a la madre: ‘¿Cómo se llama el niño?’. La madre me dio la respuesta más bonita: 'Nosotros lo llamamos profesor de amor, porque él nos enseña a amar”.

El perdón de Dios

Para las personas que se encuentran en la situación de Charlotte, es importante saber que Dios siempre perdona. Tomemos a Dorothy Day como ejemplo. Ella era una activista católica que antes de su conversión también abortó. Como en el caso anterior, su novio -que la convenció para abortar- no fue a recogerla de la clínica abortiva. Horas más tarde, cuando ella llegó finalmente a casa, encontró una nota en la que él le decía que la dejaba. Después de una larga y sincera búsqueda, Dorothy Day se unió a la Iglesia católica y encontró el perdón de Dios. Es más, ahora está en curso la causa para promover su canonización. La Madre Teresa dice que, a pesar de todo, Jesús quiere que seamos santos. El perdón de Dios está allí, solamente tenemos que ir a la confesión y abrir nuestros corazones a ese perdón. Está en nuestras manos.    

Te lo dije...

Aunque Dios no nos hable así, Él podría hacerlo si quisiera. Dios trata de decirnos y de advertirnos que siendo egoístas, escogiendo ir contra los diez mandamientos, comprando todo lo que el mundo nos ofrece, no llegaremos a ser felices. Dios dice: "No matarás". Y, aún así, matamos a nuestros bebés y somos infelices (sin preguntar al bebé si es feliz o no con tu decisión). Dios dice: “No cometerás adulterio”. Y, aún así, lo hacemos, sembrando la infelicidad en los demás y en nosotros mismos.
 
Con frecuencia, no queremos escuchar a Dios, pero sin embargo escuchamos cualquier cosa que pensamos que nos hará felices. Y tenemos que aprender la lección de la forma más dura. “Dios siempre perdona… Pero la naturaleza nunca lo hace”. Podemos tomar decisiones, pero no podemos escoger las consecuencias. Por ejemplo, Mary Shelley (la autora de Frankenstein), se escapó cuando tenía tan solo 16 años con Percy Shelley, el cual abandonó a su esposa y a su hijo. Pocos años después apareció el cadáver de su esposa, Harriet, en un río después de que se hubiera suicidado. Dios nos da los diez mandamientos y su mandamiento del amor con el fin de hacernos felices. Solo tenemos que creer y escucharle. “Ojalá escuchéis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones."

La alegría de seguir nuestra conciencia

En su autobiografía, Charlotte admite que ella tenía que tratar de mentirse a sí misma, convenciéndose de que abortar era lo correcto, que estaba tomando la decisión acertada. Tratar de ahogar nuestra conciencia nunca nos llevará a la felicidad. Escuchar nuestra conciencia, aunque pueda ser duro y requiera sacrificio, trae consigo la felicidad de saber que estamos haciendo lo que Dios nos pide.

María Luce Gamboni es una joven italiana de 18 años, cantante y actriz. Después de unas pruebas, fue seleccionada para hacer el papel de Julieta en un musical de Roma. Parecía que esta era la oportunidad de su vida para llegar a realizar sus sueños. Sin embargo, en las prácticas, se enteró de que iba a tener que aparecer semidesnuda en una de las escenas. Después de hablar con los productores, que se negaron a cambiar la escena, renunció a su papel.

Os dejo con las bellas palabras de María Luce: “Me sentí como un objeto a merced de aquellos que querían usar mi feminidad y usarme a mí para su propio éxito. En cierto sentido he fracasado, porque no he logrado lo que quería, pero, en realidad, he triunfado… porque he elegido el respeto a mí misma antes que el dinero o incluso la realización de mis sueños”.

Aunque fue una decisión desgarradora, María dijo que esa misma noche, cuando volvió a casa, lloró de alegría: “Lloré de felicidad porque había hecho lo que yo sabía que tenía que hacer”.
 
Tenemos que dejar que nuestra fe nos dé la fuerza para vivir y para tomar las decisiones que sabemos, en nuestro corazón, que debemos tomar.