¿Qué importancia tiene el Antiguo Testamento para los cristianos?

El Antiguo Testamento, si lo leemos bien, nos puede enseñar a “leer” nuestras propias vidas correctamente. Podemos aprender a ver la mano de Dios en nuestra vida diaria.

En el Antiguo Testamento, Dios se muestra como Creador y como quien mantiene el mundo en su existencia, como guía y educador de los hombres.  Los libros del Antiguo Testamento son Palabra de Dios y Sagrada Escritura.  Sin el Antiguo Testamento no se puede comprender a Jesús. [CIC 121-123, 128-130, 140]

En el Antiguo Testamento comienza la gran historia del aprendizaje de la fe, que da un giro decisivo en el Nuevo Testamento y que llegará a su meta con el fin del mundo y el retorno de Cristo. El Antiguo Testamento es mucho más que un mero preludio del Nuevo. Los mandamientos y las profecías del Pueblo de la Antigua Alianza y las promesas que contienen para todos los hombres, no han sido revocadas. En los libros de la Antigua Alianza se encuentra un tesoro insustituible de oración y de sabiduría; especialmente, los salmos, pertenecen a la oración cotidiana de la Iglesia.


El Antiguo Testamento relata cómo Dios creó, guió y preparó a su Pueblo. Dios condujo a este Pueblo hacia Él para preparar sus corazones: “La economía del Antiguo Testamento estaba ordenada, sobre todo, a preparar, anunciar proféticamente y significar con diversas figuras la venida de Cristo Redentor universal y la del reino mesiánico”. (Dei Verbum, n. 15) Y esto tiene sentido. ¿No estaban tus padres entusiasmados antes de que nacieses? Probablemente pasaron prácticamente los nueve meses preparando a toda la familia, parientes, amigos, compañeros de trabajo y vecinos para el gran acontecimiento con entusiasmo y excitación. Nueve meses... No está mal. Pero, ¿qué tal miles de años? Lo que Jesús iba a hacer y decir era tan grandioso que Dios necesitaba una gran cantidad de tiempo para contárselo y prepararles.

El Antiguo Testamento anunció a Jesús de dos modos: a través de los profetas y a través de figuras o tipos. Los profetas transmitieron la Palabra de Dios y hablaron de la venida del Salvador. “Los 'tipos' de Cristo en el Antiguo Testamento nos ayudarán a entender lo que significa su venida. La tipología discierne en las prefiguraciones de las obras de Dios en el Antiguo Testamento lo que Él llevó a cabo en plenitud en la persona de su Hijo Encarnado”. (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 128) "El Antiguo Testamento da luz al Nuevo Testamento y el Nuevo Testamento ayuda a descifrar el Antiguo Testamento" (San Agustín). Aunque parte de lo que está en el Antiguo Testamento “ha pasado” porque sólo era un estado en la idea de Dios de cómo ayudarnos, todavía muestra sucesivamente y es una parte integrante del plan eterno de Dios.

De hecho, el Antiguo Testamento es tan parte de la Sagrada Escritura y de la revelación de Dios como el Nuevo Testamento. La Iglesia nos dice: “Las verdades reveladas por Dios, que se contienen y manifiestan en la Sagrada Escritura, se consignaron por inspiración del Espíritu Santo. La Santa Madre Iglesia, según la fe apostólica, tiene por santos y canónicos los libros enteros del Antiguo y Nuevo Testamento con todas sus partes, porque, escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios como autor y como tales se le han entregado a la misma Iglesia”. (Dei Verbum, n. 11) Y tienes que recordar que la Biblia no es como cualquier otro libro: “Porque en los sagrados libros el Padre que está en los cielos se dirige con amor a sus hijos y habla con ellos; y es tanta la eficacia que radica en la palabra de Dios, que es, en verdad, apoyo y vigor de la Iglesia, y fortaleza de la fe para sus hijos, alimento del alma, fuente pura y perenne de la vida espiritual” (Dei Verbum, n. 21).

El Antiguo Testamento, si lo leemos bien, nos puede enseñar a “leer” nuestras propias vidas correctamente. Podemos aprender a ver la mano de Dios en nuestra vida diaria. Él quiere hablarnos en toda circunstancia, solamente tenemos que aprender a escuchar. San Juan Crisóstomo expresaba su deseo de que nosotros “aprendiésemos la gentil amabilidad de Dios, que las palabras no pueden expresar, y cuán lejos ha llegado en adaptar su lenguaje con pensativa preocupación por nuestra debilidad humana”.

Te doy ejemplos de varias situaciones por las que podrías estar pasando para que empieces a experimentar la voz de Dios en el Antiguo Testamento.

¿Estás cansado?
“Pero los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas, despliegan alas como las águilas; corren y no se agotan, avanzan y no se fatigan” (Is. 40, 31).

¿Confuso?
“Dios es nuestro refugio y fortaleza, una ayuda siempre pronta en los peligros” (Sal. 46)
“¡El Señor, tu Dios, está en medio de ti, es un guerrero victorioso! Él exulta de alegría a causa de ti, te renueva con su amor y lanza por ti gritos de alegría” (Sof. 3, 17).

¿Te encuentras solo?
“Cuando Israel era niño, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo. Pero cuanto más los llamaba, más se alejaban de mí; ofrecían sacrificios a los Baales y quemaban incienso a los ídolos. ¡Y yo había enseñado a caminar a Efraím, lo tomaba por los brazos! Pero ellos no reconocieron que yo los cuidaba. Yo los atraía con lazos humanos, con ataduras de amor; era para ellos como los que alzan a una criatura contra sus mejillas, me inclinaba hacia él y le daba de comer. Efraím volverá a Egipto y Asiria será su rey, porque rehusaron volver a mí. La espada hará estragos en sus ciudades, destrozará los barrotes de sus puertas y los devorará a causa de sus intrigas. Mi pueblo está aferrado a su apostasía: se los llama hacia lo alto, pero ni uno solo se levanta. ¿Cómo voy a abandonarte, Efraím? ¿Cómo voy a entregarte, Israel? ¿Cómo voy a tratarte como a Admá o a dejarte igual que Seboím? Mi corazón se subleva contra mí y se enciende toda mi ternura:” (Os. 11, 1-8).
“Porque tú eres de gran precio a mis ojos, eres valioso y te amo”. (Is. 43, 4)
“No temas ni te acobardes, porque el Señor, tu Dios, estará contigo dondequiera que vayas". (Jos. 1, 9)

¿Triste?
Dios no quiere que nos dejemos llevar por la tristeza, porque nos hace mucho daño: "No te abandones a la tristeza, no te atormentes con cavilaciones. [...] Anímate y alegra tu corazón, y echa lejos de ti la tristeza; porque a muchos mató la tristeza, y no hay utilidad en ella" (Eclo. 30, 22. 24-25)
"Como un hombre es consolado por su madre, así os consolaré yo, y en Jerusalén seréis consolados". (Is. 66, 13)

¿Agobiado?
“En la conversión y en la calma está vuestra salvación; en la serenidad y la confianza está vuestra fuerza”. (Is. 30, 15)
“El Señor está con ellos, viven y todo lo que hay en ellos es vida de su espíritu. Tú me curarás, me darás la vida”. (Is. 38, 16)

¿Asustado?
“Busqué al Señor: él me respondió y me libró de todos mis temores. Mirad hacia él y quedaréis resplandecientes, y vuestros rostros no se avergonzarán. Este pobre hombre invocó al Señor: él lo escuchó y los salvó de sus angustias...¡Gustad y ved qué bueno es el Señor! ¡Felices los que en él se refugian! (Ps 34)
“No temas, porque estoy contigo”. (Gn 26, 24)
“Yo estaré contigo “. (Gn 26, 3)
“Dios está contigo en todo lo que haces”. (Gn 21, 22)
“No temas, porque yo estoy contigo”. (Is 43, 5)

¿Feliz?
“Tu justicia llega hasta el cielo, oh Dios: tú has hecho grandes cosas, y no hay nadie igual a ti, Dios mío”. (Ps 71, 19)
“Puso en mi boca un canto nuevo, un himno a nuestro Dios. Muchos, al ver esto, temerán y confiarán en el Señor… queden pasmados de vergüenza los que se ríen de mí”. (Ps 40, 4; 16)

¿Entusiasmado?
“Como un joven se casa con una virgen, así te desposará el que te reconstruye; y como la esposa es la alegría de su esposo, así serás tú la alegría de tu Dios”. (Is 62, 5)

¿Necesitas consejo y no sabes a quién dirigirte?
“Yo los atraía con lazos humanos, con ataduras de amor; era para ellos como los que alzan a una criatura contra sus mejillas, me inclinaba hacia él y le daba de comer” (Os 11, 4)
“¿Es para mí Efraím un hijo querido o un niño mimado, para que cada vez que hablo de él, todavía lo recuerde vivamente? Por eso mis entrañas se estremecen por él, no puedo menos que compadecerme de él –oráculo del Señor–“. (Jer 31, 20)

¿Olvidado?
“Si me olvidara de ti, Jerusalén, que se paralice mi mano derecha; que la lengua se me pegue al paladar si no me acordara de ti, si no pusiera a Jerusalén por encima de todas mis alegrías”. (Ps 37, 5-6)

¿Incomprendido?
“Tú sabes si me siento o me levanto; de lejos percibes lo que pienso”. (Ps 139, 2)
“El Señor conversaba con Moisés cara a cara, como lo hace un hombre con su amigo”. (Ex 33, 11))

¿Experimentas que Dios te corrige?
“Por eso reprendes poco a poco a los que caen, y los amonestas recordándoles sus pecados, para que se aparten del mal y crean en ti, Señor”. (Sab 12, 2)

¿Parece que Dios está lejano?
“Ningún pensamiento se le escapa, ninguna palabra se le oculta”. (Si 42, 20)
“Porque el espíritu del Señor llena la tierra, y él, que mantiene unidas todas las cosas, sabe todo lo que se dice”. (Sab 1, 7)
“Señor, tú me sondeas y me conoces tú sabes si me siento o me levanto; de lejos percibes lo que pienso, te das cuenta si camino o si descanso, y todos mis pasos te son familiares. Antes que la palabra esté en mi lengua, tú, Señor, la conoces plenamente; me rodeas por detrás y por delante y tienes puesta tu mano sobre mí”. (Ps 139)