Amar es una decisión radical

Desear el amor no es debilidad. La debilidad consiste en conformarse con algo menos que el amor. Crystalina Evert.

La castidad es una virtud heroica. Es absolutamente necesaria en la preparación para el matrimonio y también en la vida matrimonial. ¿Por qué? Porque la castidad no es simplemente abstinencia. No es la negación sino el autocontrol de la sexualidad, es el dominio de uno mismo que nos capacita para amar en plenitud a una persona, no solo su cuerpo sino en integridad. Precisamente por esto, la verdadera castidad cristiana supone superación del propio egoísmo, capacidad de sacrificio por el bien de los demás, nobleza y lealtad en el servicio y en el amor. En efecto, por la virtud de la castidad el hombre rompe la cáscara de su egoísmo y aprende a entregarse totalmente –cuerpo y alma– y sin reservas al otro. 

Necesitamos guerreros que luchen en esta cruzada con virilidad y no caigan en la sensualidad a la que nos aboca el mundo. Cuida tu mirada, tus pensamientos, tu deseo, tus gestos, tu presencia... que todo lo que puedas pensar, decir y actuar sea siempre para su gloria y alabanza. El Señor quiere habitar en nuestro corazón, por eso es importante mantenerlo muy limpio y puro. 

¿Cómo voy a entregarme a alguien si no soy dueño de mí mismo?

A los ojos del mundo, la castidad se ve como una serie de normas y prohibiciones que ha puesto la Iglesia y que te quitan la libertad, pero justamente es lo contrario: la castidad es libertad. Uno es más libre cuanto más control tiene de sí mismo, cuando es capaz de decidir y de poder –por tanto– elegir el bien. La castidad nos hace poseer nuestra libertad, nos hace dueños de nosotros mismos. ¿Crees que un borracho es libre cuando decide tomarse una cerveza? Por supuesto que no lo es. Lo mismo pasa con una persona que no puede controlar sus impulsos, no es libre de usar su cuerpo. También debemos tener en cuenta que una persona es capaz de amar más cuanto más libre es. 

¿Cómo practicar esta virtud?

Lo primero que hay que saber es que las virtudes no crecen por separado, sino que están interrelacionadas; por tanto, si nos esforzamos por vivir bien las demás virtudes veremos cómo nos resulta mucho más fácil conseguir nuestra meta. Si normalmente me dejo llevar por lo que el cuerpo me pide o por lo que me apetece en ese momento y no practico la diligencia y el autocontrol en las pequeñas cosas, cuando tenga que poner en práctica una cosa más seria me va a resultar imposible. Un ejemplo para un pequeño entrenamiento sería privarme de comer todo lo que me apetece u ofrecer comerme lo que no me gusta. Elegir el peor sitio, el vaso que está más sucio sin quejarme, o recoger la cocina, aunque me de mucha pereza y nadie me ayude. Aunque te cueste mucho, dile a Jesús: «Señor siento que me muero», pero hazlo por Él. Otra cosa importante que nos ayudará a ordenar nuestras pasiones es mantener un orden en el día a día y ser firme con nuestro horario, tener una hora fija de acostarse y de levantarse, y luchar por cumplirlo. 

Por último y lo más importante de todo: lo que nos da la mayor fuerza es la Eucaristía. Necesitamos recibir al Señor todos los días ya que sin Él no podemos hacer nada. Él está esperando unirse a nosotros, quiere que le busquemos y le pidamos ayuda, y está deseando ayudarnos. También es necesario pasar un rato del día en silencio delante de Él, ya que, aunque muchas veces no lo notemos, durante esos ratos el Espíritu Santo está actuando y el Señor está escribiendo en nuestros corazones. Por ello debemos abrirnos a Él y pedirle con gran sinceridad que cambie nuestro corazón de piedra por uno de carne, que nos enseñe a amar y que ponga en nosotros un gran deseo de ser castos y puros. 

A parte de estas pequeñas pautas, también hay que luchar por no dejarse llevar por la corriente y tener sentido común. Voy a ser clara: por mucho que vayas a Misa y reces, si te metes en la boca del lobo lo más probable es que este salga y te coma. Estamos manchados por pecado y somos muy débiles, lo mejor es evitar las situaciones de peligro y estar siempre rodeados de gente. Y otra cosa esencial que no he mencionado: agarra fuerte tu rosario y confiésate con frecuencia, eso te dará mucha fuerza. Recuerda que si eliges vivir bien tu noviazgo no va a ser algo fácil, la castidad es un sacrificio muchas veces heroico. Y, como decía el Padre Pío: «Quien comienza a amar debe estar dispuesto a sufrir».

Y, si hasta ahora no he vivido la castidad e incluso he perdido mi virginidad, ¿puedo comenzar a vivir la castidad? ¡Claro que sí! DIOS HACE NUEVAS TODAS LAS COSAS. Dios es capaz de perdonar todas las cosas. Mira el ejemplo de san Agustín. Si él es santo, todos podemos llegar a serlo. Todo santo tiene un pasado y todo pecador tiene un futuro. 

Es normal que te veas débil, que pienses que no puedes conseguirlo, que veas que la corriente del mundo te arrastra y no sabes cómo mantenerte firme, y tienes razón, no puedes, tú solo no puedes. Pero de la mano del Señor y de nuestra Madre sí que se puede. Debemos acudir a Ellos continuamente, pedirles la fuerza, que cojan nuestra debilidad y la transformen. 

«Si caigo 1000 veces al día, 1000 veces al día comenzaré de nuevo con una nueva conciencia de mi debilidad, prometiéndole a Dios enmendar mi vida». Venerable Bruno Lanteri.


Elvira

Holaaaa! Me llamo Elvira Vaqué, soy de Valencia y estoy estudiando enfermería. Soy miembro del Hogar de la Madre de la Juventud desde el año 2018. Unos meses antes, me fui de peregrinación a Medjugorje y el Señor cambió mi corazón. Siempre había sido católica pero tenía una fe débil y no tenía una relación personal con el Señor. Antes, cuando pensaba en la figura de los santos, lo veía como algo lejano y antiguo, pensaba que ya no existían. ¡Qué tonta! Todos estamos llamados a ser santos y esa debe ser nuestra meta; en nuestro día a día, debemos vivir en tensión de santidad. Yo soy muy débil y obviamente no es un camino de rosas, entregarse cada día cuesta y cansa, pero el otro día alguien me dijo “amar es entregarse”, y cuánta razón… Yo, la mayoría de veces caigo, pero sé que Él está ahí para levantarme y ayudarme; ahora es Él quien guía mi vida. ¡Qué bueno es el Señor y cuánto nos quiere! Rezad por mí, para que el Señor me mantenga fuerte y fiel en mi debilidad porque si tiene que depender de mí… mal vamos.
¡Un saludo!