Educar la sexualidad

Es una pena que tanta gente limite la educación sexual a dar información sobre las funciones psicológicas y la higiene apropiada. Claro que estas cosas son necesarias, pero no son las más importantes. Además, estas cosas la gente las sabe ya. 

Por otra parte, dominar nuestros impulsos sexuales (que incluye el educar nuestros deseos, nuestra imaginación, nuestra la manera de mirar a los demás…) es una parte fundamental de la educación sexual, pero a esto se le da poca o ninguna importancia.

Al igual que cualquier otra apetencia del cuerpo, si no educamos nuestros impulsos sexuales, terminaremos actuando a nivel puramente biológico. Imagínate a una persona que no educara su manera de comer o beber, que no aprendiese cómo y cuándo usar el baño, etc. Pues bien, esto es algo similar a lo que puede pasar en el ámbito sexual, y las consecuencias podrían ser peores.

Nuestra imaginación y nuestro modo de mirar a los demás necesitan “entrenamiento” para no mirar a los otros como objetos, en lugar de ver en ellos a personas. Si rompemos el lazo inseparable entre sexo y amor, especialmente a jóvenes e incluso a niños, les haremos un gran daño. Es una forma perversa de quitarles la inocencia y la simplicidad, tan necesaria en esos momentos de la vida.

No se trata tanto de suprimir nuestros impulsos, sino más bien saber cómo gestionar adecuadamente nuestros sentimientos. Nuestra voluntad solo tiene que actuar y rechazar aquello que sabemos es negativo y que perjudica nuestra afectividad. Es necesario también poner fin a las imaginaciones inapropiadas. Debemos educar nuestros sentidos, nuestra imaginación, nuestra inteligencia y nuestra voluntad para que estén al servicio de nuestra capacidad de amar.

Si haces un esfuerzo por educarte en este ámbito, podrás aprender a tratar tu cuerpo y el de los demás con dignidad. El fin de todo esto es la verdadera alegría y la libertad de ser capaz de darte completamente a otro.