¿Te has enamorado alguna vez?

No, la pregunta no va en broma. ¿Te ha pasado alguna vez? Sería una pena si hubieras ido por la vida sin haberte enamorado jamás. La siguiente pregunta sería: ¿de quién te has enamorado? ¿De esa gran chica, o de ese gran chico…?


Nadie puede vivir sin un amor sólido y fuerte en su vida. Pero, hoy en día, ¿dónde puedes encontrar ese amor? Seamos sinceros, no se encuentra tan fácilmente. Y a veces, buscando ese amor, entregamos nuestro corazón como un caramelo para que sea probado, disfrutado y después olvidado. Nuestro corazón no está hecho para ser entregado a trocitos, nuestro corazón está hecho para darse íntegramente y ser también colmado íntegramente.


¿Quién es capaz de amar con un amor que no esté basado en el placer y que nunca sea negligente? ¿Quién tiene un amor sólido, fuerte y fiel? ¿Quién tiene un amor que me diga: quiero estar contigo por toda la eternidad y, por eso, nunca morirás? ¿Quién me guarda constantemente en el corazón? ¿Quién me profesa un amor que me mantiene vivo de verdad? Y, por si no fuera suficiente aún, ¿quién me ama tan fuertemente que está dispuesto a ser torturado hasta el punto de que su cuerpo se convierta en una única herida abierta y a ser clavado a un madero como una señal a un poste? ¿Quién ha dado su vida por mí para que yo pueda vivir?

¿Entiendes a qué tipo de amor te llama Él?


Mi corazón humano pide llenarse de un amor que lo colme por completo, para que, desde la abundancia de ese amor, pueda amar a otros siguiendo cualquiera que sea mi vocación. Sólo hay una fuente de ese amor.
“Oh, Señor, nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti” (San Agustín).


¿No es hora de que nos enamoremos de aquel que nos amó primero?