Ahora, ¿Qué hacer?

Es de suma importancia que prediquemos el evangelio de la castidad, la modestia y la decencia. En nuestro mundo, esto exige un precioso martirio, entregando nuestras vidas como testigos del amor que Cristo tiene por cada uno de nosotros y por la Iglesia en su conjunto.

“Hacedlo todo sin murmuraciones ni discusiones para que seáis irreprochables e inocentes, hijos de Dios sin tacha en medio de una generación tortuosa y perversa, en medio de la cual brilláis como antorchas en el mundo, llevando en alto la palabra de vida, que en el día de Cristo será para gloria mía no haber corrido en vano ni haberme en vano afanado.” (Fil. 2, 14-16)

10 cosas que me harán querer ser casto

1. Creer en el evangelio de la pureza. Antes de que Jesús haga un milagro -y vivir castamente es un milagro-, Él siempre pide al que va a ser curado que crea… ¿Crees que es posible?

2. Recuerda que eres miembro del Cuerpo de Cristo, que no debes someterte a costumbres y lugares, posturas o modas que no son dignas de Él.

3. Acepta desde la fe que mostrar tu cuerpo o hacer cosas parecidas con él ofende a Dios, va en contra de su voluntad y es pecado. No prefieras el criterio del mundo al Evangelio de Cristo. Si lo haces, ten por seguro que te equivocarás en las elecciones que hagas cuando se trata de la forma de vestir.

4. Recuerda que no puedes ser un verdadero cristiano si no aceptas la cruz. Vivir verdaderamente la castidad en este mundo trae consigo sus cruces y, a veces, estas cruces pueden ser muy pesadas. Cuanto más grande es la cruz, mayor es la resurrección. Con mayor penitencia viene mayor alegría.

5. Tienes que estar en el mundo, pero no estás llamado a ser parte de él. Así que no te sientas obligado a seguir las tendencias del mundo cuando van en contra del Evangelio de Cristo. “No os acomodéis a los criterios de este mundo: al contrario, transformaos, renovad vuestro interior, para que podáis descubrir cuál es la voluntad de Dios, qué es lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto” (Rom. 12, 2).

6. Lee la vida de los santos. Esto de ayudará a modelar tu vida después de aquellos que vivieron en verdadera libertad y que fueron dóciles a la voluntad de Dios. Incluso sin hacer exactamente las mismas cosas que ellos hicieron, aprenderás a asumir su espíritu y a vivir según el Espíritu Santo.

7. Para vivir en el mundo, mira el ejemplo de aquellos que han sido llamados a la vida consagrada. Ellos dedican su vida a alcanzar la santidad, pero tú también deberías. Deja que vivir castamente penetre cada aspecto de tu vida y pon los medios necesarios para alcanzar el fin al cual tú también estás llamado: el Cielo.

8. Tienes que saber que has sido enviado para evangelizar al mundo. No basta liberarte del mal y evitar el escándalo; la finalidad de tu vocación es más grande que eso: ser luz del mundo en medio de tantas situaciones oscuras y ser la sal que guarde a los otros de la corrupción.

9. Recuerda la enseñanza de Cristo sobre el escándalo: “¡Ay de quienes son ocasión de pecado en el mundo! Es inevitable que esto exista. Sin embargo, ¡ay de aquellos que sean ocasión de pecado!” (Mt. 18, 7). No pienses que porque no seas tan malo como los otros, tus acciones son decentes. Pueden ser ocasión de pecado para otros, conduciéndolos al escándalo, incluso si ellos son menos malos.

10. ¡Sé fiel y valiente! Toma a la Virgen como tu Madre, Modelo y Maestra. Ofrece a la Inmaculada todo tu ser sin reservas, y ella te guiará a la gran bienaventuranza: “Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios” (Mt. 5, 8).