La solución es la castidad

¿Qué solución daremos a los jóvenes? ¿Hay alguna que les sirva? La sociedad, dando por hecho que ningún joven es capaz de controlar su cuerpo y sus urgencias sexuales, está, en realidad, minando su habilidad de tomar decisiones responsables y basadas en la verdad. Es decir, está reduciéndolos a la categoría de meros animales.

ç¿Y vas a dejar que te sigan insultando?çTú eres una persona y, por esta razón, puedes desear, buscar y encontrar la verdad, el amor, el bien y la belleza. Los jóvenes necesitan ayuda para buscar y encontrar todas estas cosas. Y cuando esto se refiere al tema de la sexualidad, lo que debemos promover es la castidad. La castidad es el único camino.

Una buena pregunta sería: ¿Cuál es la finalidad de mi sexualidad? La sexualidad, según el plan de Dios, puede ser una fuente de unión, profundidad, intimidad y libertad. La cuestión está más en lo que somos que en lo que hacemos. En el principio, Dios creó “hombre y mujer”. Esta complementariedad entre el hombre y la mujer no se refiere solamente a la procreación, sino que implica también el que un hombre y una mujer pueden darse el uno al otro en un acto de amor. Este don desinteresado de uno mismo está en el núcleo de lo que debe ser nuestra idea sobre la sexualidad. De este modo, el don invisible del amor se transforma en don visible del cuerpo, siempre y cuando el acto físico sea realizado en el único contexto adecuado: el matrimonio.

La castidad es una forma de vida. Es la forma en que todos nosotros estamos llamados a vivir la sexualidad, sea cual sea nuestro estado de vida: soltero, casado o consagrado. Todos estamos llamados a tener un corazón puro y a mantenerlo así. Tenemos que defenderlo y protegerlo. Para una persona soltera, esto se traduce en la abstinencia. Lejos de convertirlo en un sujeto pasivo, la abstinencia requiere por parte del joven una lucha contra su peor enemigo: la concupiscencia (inclinación al pecado, consecuencia del pecado original).

La castidad es una virtud que nos ayuda a conducir el impulso sexual, tanto en el aspecto físico como en el espiritual, dirigiéndonos hacia la caridad. Nos permite ser verdaderamente libres, autocontrolarnos y respetarnos a nosotros mismos en relación con los demás. De esta forma, vemos a los demás como personas y no como simples objetos. Al ser la castidad una virtud, nos da una gran fuerza espiritual, nos inclina al bien, nos hace personas más íntegras y nos hace experimentar repulsión hacia aquello que es lujurioso.