Creo en el amor

La castidad es justamente eso: creer en el amor. Actualmente, la mayoría de la gente confunde las ideas sobre la sexualidad y, realmente, no se preguntan sobre ello. ¿Es que estamos siendo bombardeados con falsas nociones acerca de la sexualidad? Ahora mismo no puedes ni siquiera conducir por la autopista o ir al McDonald's sin ver algún anuncio que incluya alguna connotación sexual. Se está convirtiendo en algo realmente ridículo. ¿Por qué uno, cuando va al supermercado a comprar comida, tiene que encontrarse frente a sus narices con un montón de revistas que son medio-pornográficas?

 “La vocación cristiana requiere un estilo de vida puro y casto”. Y sabemos que nada puede ser más verdadero. Algunos de nosotros todavía nos preguntamos: ¿Es posible llevar actualmente un estilo de vida así? La respuesta más simple y verdadera es: “¡Sí, es posible, así que empieza a creer en ello!”.

Para empezar, debemos consolarnos con el hecho de que no somos la primera generación -y no seremos, seguramente, la última- que está rodeada de inmoralidad de toda clase. Entender la propia sexualidad ha sido un reto desde el principio. ¿Deberías controlar tus impulsos sexuales? O, antes incluso de esta pregunta, ¿pueden ser controlados los impulsos y deseos? Todo esto no está claro en nuestra sociedad. Los profesores están confundidos, los amigos, también, y aquellos que controlan los medios de comunicación querrían convencernos de que no hay necesidad de “suprimir” estos deseos o impulsos. ¿Por qué deberíamos preocuparnos si ellos garantizan una solución para cualquier “problema” inesperado que pueda ocurrir en este ámbito? ¿Realmente creemos esto? Deberíamos preguntarnos por qué hay tantos corazones destrozados si, supuestamente, el aborto y la anticoncepción iban a arreglar todos estos problemas.

Pero esto no acaba aquí. Incluso los que tienen buenas intenciones, no tienen las ideas claras. ¿Cuánta gente estaría de acuerdo con que la abstinencia es la forma más efectiva para reducir o acabar con el comportamiento de riesgo sexual de los jóvenes, pero, al mismo tiempo, piensan que, para los jóvenes, es surrealista poder practicarlo? Por lo tanto, la mayoría acabarían intentando convencernos de que es aceptable facilitar información “positiva” sobre anticonceptivos para los casos en que el joven tenga una vida sexual activa. De todas formas, incontables estudios han demostrado que los métodos anticonceptivos no solo no han reducido la cantidad de embarazos de chicas jóvenes y el contagio de enfermedades sexuales, sino que, queriéndolo o no, ha promovido la cultura de la promiscuidad. Si seguimos pensando de esta forma, aunque nos llamemos a nosotros mismos “buenos cristianos”, el círculo vicioso no hará más que continuar.

¿Alguien se ha preguntado por qué estamos debilitando la habilidad de la gente joven de elegir libremente y de vivir de forma sana y casta en primer lugar? Puede sonar a locura, pero los jóvenes son más que un trozo de carne con hormonas incontrolables. A toda persona joven le ha sido dado el don de la inteligencia y la libre voluntad de ser perfectamente capaz de tener relaciones sanas, tomar buenas decisiones y de cuidar adecuadamente de su cuerpo. Sí, muchos de nosotros nos sabemos débiles, pero, ¿no deberíamos confiar y esperar en Dios, que nos ha prometido darnos la fortaleza para vivir según el bien?