¡No tengáis miedo a Cristo!

“Yo quisiera decir a todos vosotros, queridos jóvenes: ¡No tengáis miedo a Cristo! Él no quita nada, y lo da todo. Quien se da a él recibe el ciento por uno. Sí, abrid, abrid de par en par las puertas a Cristo, y encontraréis la verdadera vida. Amén”. Benedicto XVI, 24 de abril de 2005.

¿Te has parado a pensar alguna vez en que Cristo te ama con amor infinito y en que tiene un plan para ti, para hacerte tan feliz como es posible serlo en este mundo? Así pues, ¿de qué deberías tener miedo? ¿Tienes miedo a lo que pueda pedirte, a los cambios que tendrías que hacer en tu vida para ser un auténtico discípulo de Cristo?

No tengáis miedo a Cristo. Es el único que nos ama como somos en realidad, con nuestros errores, fracasos, dones y talentos. Su amor nunca nos fallará. Pero, en muchas ocasiones, tenemos la tentación de tener miedo a lo que Él nos pueda pedir. Si vivimos con ese temor, es que no confiamos en su amor.

Cuando confiamos totalmente en su amor y le abrimos nuestros corazones, Él entra llenándonos con muchos dones. Pero deja que seamos nosotros los que demos el primer paso. Nos toca a nosotros elegir: o abrirle completamente nuestros corazones, o encerrarnos en nosotros mismos. No tengáis miedo a abrirle de par en par las puertas de vuestros corazones a Cristo. Os hará más felices de lo que nunca podáis imaginar y, viviendo con Él, encontraréis la vida verdadera.

¿Acaso no tenemos todos algún modo miedo –si dejamos entrar a Cristo totalmente dentro de nosotros, si nos abrimos totalmente a él–, miedo a que él pueda quitarnos algo de nuestra vida? ¿Acaso no tenemos miedo a renunciar a algo grande, único, que hace la vida más bella? ¿No corremos el riesgo de encontrarnos luego en la angustia y vernos privados de la libertad? ¡No! Quien deja entrar a Cristo no pierde nada, nada –absolutamente nada– de lo que hace la vida libre, bella y grande. ¡No! Sólo con esta amistad se abren las puertas de la vida. Sólo con esta amistad se abren realmente las grandes potencialidades de la condición humana. Sólo con esta amistad experimentamos lo que es bello y lo que nos libera. Así, hoy, yo quisiera, con gran fuerza y gran convicción, a partir de la experiencia de una larga vida personal, decir a todos vosotros, queridos jóvenes: ¡No tengáis miedo a Cristo! Él no quita nada, y lo da todo. Quien se da a él, recibe el ciento por uno. Sí, abrid, abrid de par en par las puertas a Cristo, y encontraréis la verdadera vida. Amén.