El Hogar de la Madre cerrará sus cuentas de Facebook, Instagram y Twitter

Hace unos diez años que el Hogar de la Madre lanzó sus redes sociales. Las dificultades que hemos encontrado en el camino nos han hecho reflexionar sobre el uso de las redes y la mentalidad que está detrás de los que las diseñan. Fruto de esta reflexión ha sido la decisión de cerrar nuestras cuentas en Facebook,  Instagram y Twitter. Estamos ya trabajando para buscar maneras de sustituir estas redes con otros medios para hacer llegar a la gente que nos sigue las novedades de nuestras páginas: Hogar de la Madre, EUK Mamie – HM Televisión, Hna. Clare e InfoFamiliaLibre.  Seguiremos en YouTube.

A continuación, queremos explicar cómo hemos llegado a esta conclusión, no solo para informar sino para animar a todos los que lean esto a que piensen seriamente sobre el uso que hacen de las redes.

Hay estudios abundantes sobre el efecto adictivo de las redes sociales. (La información recogida en este artículo se basa ante todo en «Online Social Networking and Addiction—A Review of the Psychological Literature», un artículo académico que recoge y sintetiza los últimos estudios en este campo). Cuando se dice efecto adictivo no se refiere solo al hecho de que se usan muchísimo, sino a los síntomas concretos que producen: cambios fuertes de ánimo, preocupación excesiva emocional y cognitiva, conflictos interpersonales y personales, un uso cada vez más frecuente y recaídas después de un período de abstinencia. Estudios recientes demuestran que el uso excesivo de las redes activan los mismos mecanismos cerebrales que la cocaína. Expertos han denunciado el hecho de que las redes sociales imitan métodos usados tradicionalmente en los juegos de casino. Es decir, no es casualidad que sean adictivas las redes, sino que están hechas así. Están diseñadas para ser una especie de agujero negro: una vez que entras, no sales, o si sales, es solo transitoriamente, hasta que llegue la próxima notificación. En EE.UU. la adicción a las redes sociales es tan frecuente que se han creado muchos centros de ayuda para la adicción a redes sociales y otras nuevas tecnologías.

Además de la realidad de sus efectos adictivos, está demostrado que las redes sociales tienen otros efectos negativos en las vidas de las personas que las usan: menos participación en la vida familiar y social, dificultades en el sueño, estima propia baja y búsqueda de compensaciones afectivas, peor rendimiento académico, dificultades en los noviazgos e incluso en los matrimonios, tendencias narcisistas, etc.

Estos estudios solo confirman lo que hemos constatado en el Hogar de la Madre en nuestro apostolado con jóvenes y adultos en estos años. Muchos jóvenes tienen graves dificultades para empezar una vida espiritual seria por su adicción a las redes sociales. El uso que hacen de las redes les sumerge en la mundanidad, la superficialidad, el cotilleo y el pecado en edades muy tempranas. Muchos crean una imagen en las redes que no corresponde con su identidad real y terminan inmersos en la simulación y la mentira, con una obsesión de su apariencia y una preocupación insistente sobre la opinión de los demás sobre ellos.

Considerando todo esto, es decir, no solo los efectos negativos de las redes sino el hecho de que están hechas y diseñadas para crear estos efectos, no solo por los estudios que existen sino por nuestra experiencia directa con las personas que confirman esos estudios, nos ha surgido la duda de si queremos nosotros estar presentes en ellas. ¿Es verdad que es la única manera de llegar a la gente? ¿Es verdad que si no estamos en las redes la gente no podrá ponerse en contacto con nosotros? 

Y la respuesta es no. No es la única manera. No queremos estar metidos en unos sistemas que están destrozando la vida familiar, social y espiritual de tantas personas. No queremos caer en esta trampa del mundo que nos dice que es necesario tener redes sociales, ni queremos que nadie caiga en esa trampa.

Una duda que se podría plantear es si vale la pena estar en las redes por el bien que se puede hacer a pesar de todo lo anteriormente dicho. De hecho, reconocemos que se ha hecho bien a través de nuestras redes y que otros consiguen hacer mucho bien en ellas. Sin embargo, el ambiente que crean las redes en sí ahoga el espíritu y no lo predispone a pensar, a profundizar, a desear las cosas de Dios. Al contrario, fomentan y predisponen al cotilleo y a la murmuración. Es como querer hacer apostolado en una discoteca. El ambiente allí no es el adecuado para hablar de Dios, ya que la música, las luces y todo predispone a las personas a lo más bajo del hombre, en vez de a lo más espiritual. Creemos que al estar presentes en las redes, de alguna manera las estamos apoyando, comunicando a los demás que está muy bien tener redes sociales. Y, como hemos dejado muy claro, pensamos que están hechas para causar muchos males en la persona humana y en la sociedad. Aunque algunos se sientan llamados a usarlas para el bien, nosotros preferimos dar testimonio del mal que causan y de que se puede vivir sin ellas.

Os invitamos a cada uno de vosotros a preguntaros si son necesarias vuestras cuentas de redes sociales y, ante todo, si verdaderamente os hacen bien a vosotros y a vuestras familias. Si la respuesta es no, cerrad vuestras cuentas. Y cuidado: si solo al pensar en esa posibilidad os llenáis de ansiedad o incluso de rabia, pensad que a lo mejor sois adictos, o estáis empezando a serlo. Sed honestos. Y actuad con la libertad de los hijos de Dios, no esclavizados a este mundo.

«Para vivir en libertad, Cristo nos ha liberado. Por tanto, manteneos firmes, y no os sometáis de nuevo al yugo de la esclavitud» (Gal 5,1).

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¡Dios os bendiga!