El arma secreta de Pier Giorgio


Pier Giorgio estaba locamente enamorado de María, Madre de Dios y Madre nuestra. Para él, rezar el rosario era, según su hermana y su mejor amigo, “su consolación y su arma”.

Lo rezaba nada más levantarse y por la noche, para no causar problemas en la familia. Una vez, su padre entró en su habitación y lo pilló rezando el rosario junto a su cama. Después de esto se quejó a su párroco: “¿Qué ha hecho usted con mi hijo?”. Pero el sacerdote replicó: “A lo mejor, señor senador, usted preferiría que su hijo se quedase dormido con una novela barata sobre la mesilla”. Su padre respondió enseguida: “Claro que no”.

Cuando su familia, con la ayuda de otros, intentó disuadirlo de rezar tanto, ¿cuál fue su respuesta? Entró en la Sociedad de María, habló menos de esto en su casa y se aferró a su amor a María y al rosario.

Su hermana Luciana nos cuenta que, una vez que se fueron juntos a la montaña, cansados del largo día, se tumbaron en las camas del hostal para jóvenes e, inmediatamente, Pier Giorgio le dijo: “Ahora vamos a rezar el rosario”.

En una ocasión, al empezar una marcha pacífica en Roma, promovida por los estudiantes de una universidad católica, esta se convirtió en una lucha entre los estudiantes y la policía. Pier Giorgio se puso de pie y, con mucha calma, dijo: “Vamos a rezar el rosario por nosotros y por los que nos han atacado”.

Muchos de los que conocieron a Pier Giorgio como el joven que estaba constantemente ayudando a los necesitados, le recuerdan también andando deprisa por la calle en sus misiones caritativas con el rosario en la mano.

No es fácil ser cristiano, especialmente en este mundo de hoy, pero Pier Giorgio también lo tuvo difícil. Él era un joven estudiante bien dotado, popular y muy ocupado, aunque su familia no aprobó todo lo que él hacía por la fe de la Iglesia. Pese a todo esto, que podría parecernos una excusa para no rezar y, precisamente, por todo esto, Pier Giorgio sintió la necesidad de volverse hacia su Madre del cielo para encontrar en ella el consuelo y la fuerza para vencer en sus batallas diarias.

Cada vez que nuestra Madre habla del rosario en las apariciones -en Fátima o a los santos- dice lo mismo. Pero a veces no lo captamos. Lo repite una y otra vez: “Todo lo que me pidáis con el rezo del rosario os lo concederé”.

“Quédate con el rosario como recuerdo mío y, si cada vez que rezas el rosario, rezas uno de más por mí, te lo agradeceré”. –Pier Giorgio a un amigo.