Pier Giorgio y su amor más grande


Podríamos decir con toda propiedad que Pier Giorgio fue un alma profundamente eucarística. ¿Qué significa esto?

Significa que encontró su fuerza, su consuelo, su energía y su amor, semejante al de Cristo, en la Eucaristía. ¡Este era el centro de su vida! ¿En qué otro sitio podría encontrar la fuerza para vivir una fe y una alegría tan intensas estando en una familia tan fría en las cosas espirituales? Sus virtudes heroicas, su manera de vivir las bienaventuranzas, su vida gastada en el servicio a los pobres, no son solo características de un chico asombroso, sino que son el resultado de su amor y de la recepción de la Santísima Eucaristía. Como la Eucaristía es Jesús, constituye el centro de la vida de todos los santos. Juan Pablo II, por ejemplo, decía: "La Santa Misa es el centro absoluto de toda mi vida y de cada día de mi vida". Y debería ser también el centro de la vida de cada cristiano.

La verdad es que es algo de sentido común -que, curiosamente, es el menos común de los sentidos-. En la última cena, Jesús nos dejó el don de su amor divino. No es que ascendiera a los cielos dejándonos aquí para que nos apañáramos solos. Al contrario, se dio a nosotros de forma radical. Él nos espera en la comunión y en la adoración para darnos abuntantes gracias, una alegría que es anticipo del cielo y una intimidad con Él que no podemos ni imaginar.

Pier Giorgio solía escalar una montaña por la noche -esta marcha podría llevar fácilmente 3 horas, pero él la hacía en 45 minutos- para ir a Misa a escondidas. Pasaba noches enteras adorando al Santísimo Sacramento. Desde que tenía doce años, cuando empezó a asistir al colegio de los jesuitas, empezó a recibir la Eucaristía todos los días, cosa que antes no era normal y se podía hacer solamente con el permiso del director espiritual. Y cuando iba de marcha o excursión con sus amigos, procuraba hacer una parada para recibir la comunión -ya fuera llevando a un sacerdote con ellos, o bien buscando la iglesia más cercana-. Esto suponía, a veces, no comer cuando los demás lo hacían para guardar el ayuno eucarístico o incluso renunciar al viaje para poder recibir la Eucaristía.

Estas son algunas de sus palabras sobre la Eucaristía, tomadas de un discurso a los jóvenes católicos en Pollone (Italia):

"Os animo con todas mis ganas a que os acerquéis lo más posible al banquete eucarístico. Alimentaos de este pan de ángeles y sacaréis de él la fuerza para luchar en vuestra batalla interior, la batalla contra las pasiones y las adversidades, porque Jesucristo ha prometido a aquellos que se alimenten de la Santísima Eucarsitía que les concederá la vida eterna y las gracias necesarias para alcanzarla. Y cuando te hayas consumido totalmente por el fuego de la Eucaristía, entonces agradecerás más conscientemente a Dios que te haya llamado a formar parte de esa multitud y disfrutarás de una paz que aquellos que son felices según el mundo nunca experimentarán, porque la verdadera felicidad no consiste en los placeres mundanos ni en las cosas terrenas, sino en la paz de la conciencia, que solo puedes tener si eres puro de corazón y de mente".