Citas con intención

¿Quién no recuerda aquellos días de historias de amor de la Segunda Guerra Mundial? Jimmy volvió a casa cuando acabó la guerra y conoció a Betty en una feria de verano. «Era la chica más guapa que había visto jamás». Y hablando con un amigo le dijo: «Un día, me voy a casar con ella». El resto es historia. Jimmy y Betty tuvieron un feliz matrimonio que duró más de cincuenta años.

En aquellos tiempos, no se pensaba en coquetear o salir con alguien para siempre sin tener que comprometerse. Tampoco vivía uno refugiado en el sótano de sus padres hasta los cuarenta y pico años por miedo a la responsabilidad del matrimonio y de una vida familiar. Un joven no buscaba solo una novia; buscaba una esposa que pudiera ser la futura madre de sus hijos.

¿Y ellas? Las jóvenes no iban de un chico a otro solo por diversión. Buscaban un hombre de verdad: un hombre que supiera el significado del compromiso, del sacrificio y del amor incondicional. Si no aparecía en el momento que ella quería, la chica no se pasaba el día llorando en el sofá, comiéndose un helado y viendo películas románticas. Una joven no buscaba solo un novio; buscaba un marido que pudiera ser el futuro padre de sus hijos.

¿Y ahora? Es obvio que la mentalidad ha cambiado. Ya no se busca lo mismo en una relación. Pasar tiempo juntos ha pasado de ser un discernimiento para el matrimonio a ser una forma de estar a gusto y divertirse. Hemos sustituido las relaciones responsables con un compromiso por un “estaré contigo hasta que me canse de ti o deje de sentir que estoy enamorado”.

Las citas solían darse en un contexto de actividades familiares, mientras que, ahora, incluso los expertos recomiendan salir con alguien a espaldas de nuestros padres. 

Es verdad que la mayoría de las relaciones no terminan necesariamente en matrimonio, pero algunas de ellas se vuelven tan íntimas y emocionalmente afectivas, que la pareja podría estar casada. Una ruptura es como un divorcio emocional. ¿Por qué? Porque las citas no están basadas en el verdadero amor y en el sacrificio, sino en la utilización de la otra persona.

Lo admitamos o no, el mundo ha moldeado y cambiado nuestro modo de ver las citas y las relaciones. Ha alterado nuestra manera de acercarnos al matrimonio y de prepararnos para él. Hemos llegado a un punto en el que es necesario preguntarse: “¿Cómo quiere Dios que me enfrente a esta relación?”. En otras palabras, ¿cuál es la intención de la cita?

La palabra “cortejar” quizás se quede coja, además de estar desfasada para muchos de nosotros. Posiblemente estés pensando: “¡Seguro que a tal chica le encantaría venir a casa y estar jugando a juegos de mesa con mi familia hasta las 8! ¡Buena idea!”. Llámalo como quieras -cita o cortejo-, pero lo que importa es que tendríamos que averiguar si es la voluntad de Dios que estemos o no con esa persona.

Ahora bien, no hay nada malo en ser amigo de alguien del sexo opuesto y pasar tiempo con él, pero si se trata de una relación seria, debería ser para un discernimiento matrimonial. Estamos hechos para glorificar a Dios en todo lo que hacemos: hasta en una cita.

Entonces, ¿qué podemos hacer? Aquí os dejo algunos consejos prácticos a tener en cuenta:

  1. Al inicio de una relación, reza y pídele a Dios su bendición. 
  2. Ten claro que el propósito es discernir sobre el matrimonio.
  3. Involucra a las familias de ambos. Lo más probable es que, según como trate ahora a su familia, te tratará a ti cuando se apaguen los sentimientos.
  4. Empieza una relación teniendo clara la intención, y escucha y obedece a tu director espiritual.
  5. Sé prudente mientras paséis tiempo juntos, teniendo presente al Señor y a nuestra Madre.

En una palabra: ten una intención. Si no estás listo para dar el paso hacia el matrimonio, entonces, ¿qué sentido tiene salir con alguien?