2ª semana de Cuaresma: el coronavirus y la comunión

Querido principiante:

Al comenzar la segunda semana de Cuaresma, y el coronavirus está más y más presente, estaba pensando en el efecto que está teniendo en el mundo y en la Iglesia. Así que he decidido compartir dos reflexiones sobre el coronavirus y la Eucaristía.

Tengo la costumbre de recibir la comunión de rodillas y en la boca como un modo de mostrar reverencia a nuestro Dios escondido. Por el coronavirus, en muchos lugares a los católicos se les ha pedido que consideren seriamente recibirla en la mano. Así que ayer recibí la comunión en la mano por primera vez en muchos años. Después de consumir la Forma inmediatamente miré a mi mano y vi una partícula grande y después dos o tres más. Es decir, que enseguida vi que el Corazón de Jesús estaba en la palma de mi mano y en dos o tres lugares más. Obviamente consumí las partículas en un modo reverente inmediatamente. Esto me hizo pensar en la cantidad de veces que Jesús, escondido en tantas partículas, se cae al suelo, o incluso es sacudido de las manos de la gente menos atenta.

Podemos aprender una buena lección de esto: si recibes la Eucaristía en la mano, asegúrate de que tienes mucho cuidado en consumir todo, porque Jesús está completamente allí, incluso en la partícula más pequeña. Quizá es más fácil para algunos imaginar partículas de oro, y el cuidado que darían a ellas. Pues aquí tenemos la Joya sin precio, y cada partícula tiene un valor infinito. Es Dios.

Durante este tiempo, lavarse las manos con frecuencia está altamente recomendado. Una nota práctica sobre esto en relación con la Eucaristía: asegúrate de que tus manos están limpias cuando recibes al Rey de Reyes en ellas. Imagínate que le das la mano al presidente o al Papa. Te asegurarías de que estuvieran más que presentables. Bueno, aquí es el Creador el que se pone todo entero en tus manos. No solo para darte la mano, sino, para ponerse en las tuyas. ¡Qué humildad! Realmente, Dios, tan grande, se expone a tanto por amor nuestro. Lo menos que podemos hacer es recibirle con la mayor reverencia posible para acoger a este Divino Huésped que viene por amor nuestro.

Otra nota más importante: asegúrate de que tu alma está limpia para que el Rey de Reyes entre en ella y haga su morada, limpia de pecado a través de la confesión.

¿Tú, has aprendido algo en este tiempo de coronavirus?