¿Qué hay sobre la curiosidad?

Querido principiante:

¿Has escuchado alguna vez la frase «la curiosidad mató al gato» aplicada a ti? ¿Te molesta si la gente no te dice las cosas inmediatamente? ¿Eres capaz de pasar delante de un cartel sin mirarlo? ¿Alguna vez has pensado intentarlo? ¿Y qué hay de poner la oreja para escuchar una conversación privada?

Realmente las situaciones en las que la curiosidad mete las narices son interminables. En muchos casos, mortificar, es decir, negar la curiosidad de uno, es parte de una buena etiqueta. Pero como otras muchas cosas, es fácil de olvidar y pienso que es muy común que nunca se haya enseñado. 

Es parte de nuestra naturaleza caída el querer estar al tanto de las cosas que pasan a nuestro alrededor, y no solo a nuestro alrededor, para satisfacer el impulso de escuchar un juicio chismoso o algo sobre la relación entre dos personas. Te hace sentir que controlas, que tu opinión cuenta, que eres alguien a quien la gente le cuenta las cosas, te da algo sobre lo que reflexionar, comentar y llevar las noticias a otros. La gente querrá entonces estar siempre a tu alrededor y escuchar todo lo que tienes que decir. ¿Por qué? Porque satisfaces su curiosidad, así que todo el mundo gana… y todo el mundo pierde.

¿Quiere decir esto que no debas hablar o saber cómo están yendo las cosas? No, ni significa tampoco que debas cortar completamente con el mundo. Pero… sí que significa que tienes que estar más atento a las oportunidades para practicar las virtudes de la templanza, la prudencia, la humildad y muchas otras. Cuando llenamos nuestra cabeza con noticias e informaciones inútiles (y no estoy hablando de cosas que son pecaminosas), empezamos a quitar nuestra mente y nuestros ojos del Señor. Nos empezamos a preocupar de cosas tontas como si estás llevando algo que está a la moda o si la persona que está en la calle trabaja secretamente para el FBI. Cuantas más cosas inútiles sepas, más distracciones te vendrán en momentos importantes como el estudio o la oración. Trabajar con cosas que conoces (y lícitamente) es otro tema, que probablemente caería bajo el control de la imaginación. Dejaremos eso para otro momento.

Bueno, algunas ideas para acabar… Haz un examen de conciencia de tus conversaciones, textos, mensajes, lo que lees, lo que ves, escuchas, en que gastas tu tiempo. ¿Te está ayudando eso a amar a Dios? ¿Te ayuda a amar a los demás? ¿Qué es lo que alienta tu interior? Para ayudarte a discernir, te dejo con una cita de san Bernardo de Claraval:

«Hay quienes buscan el conocimiento por el bien del conocimiento; eso es curiosidad. 

Hay quienes buscan conocimiento para ser conocidos por otros; eso es vanidad. 

Hay quienes buscan el conocimiento para servir; eso es amor».

En la lucha.