Esta Cuaresma mira hacia arriba y hacia adelante

Si estás leyendo los artículos de la página web del HMJ, es probable que haya en ti un deseo de ser bueno y de amar a Dios. Pero si te acostumbras a la idea de pensar que eres, en general, una persona bastante buena, corres el grave peligro de quedarte "atascado" en tu vida espiritual. Los santos nunca estuvieron simplemente "contentos" o satisfechos con su situación. Tengo que decir que cuando empecé a leer las vidas de los santos siempre me sorprendió su negatividad cuando escribían o hablaban de sí mismos. Me parecía bastante exagerado. Muchos santos se describían a sí mismos como pecadores terribles y llenos de miserias. Eran dolorosamente conscientes de su propia nada y debilidad. Pero los santos se encontraban entre las personas más santas que caminaban sobre la tierra. ¿Por qué eran tan pesimistas?  

Tal vez sea porque en lugar de mirar hacia abajo, como solemos hacer nosotros, miraron hacia arriba. En lugar de mirar hacia abajo, hacia los demás y compararse con los que no aman a Dios y no se preocupan por Él, miraron hacia arriba, al Cielo, y vieron la grandeza de lo que el Señor les llamaba a ser.

En esta Cuaresma, intenta dedicar un tiempo a la oración para examinar tu conciencia de una manera diferente: mirando hacia arriba, a la grandeza de la vocación cristiana, y hacia delante, a los ojos de Cristo, como hicieron los santos. 

Mira hacia arriba: ¡Considera las sublimes gracias que el Señor te ha concedido y quiere aumentar en ti! La filiación divina, la inhabitación de la Santísima Trinidad, la unión con Dios, la participación en su naturaleza, todo gracias a su Encarnación, Pasión, Muerte y Resurrección, todo por amor a ti... ¿Y te pasas horas haciendo cosas inútiles en el móvil? ¿De verdad? ¿Estás motivado en tus acciones más por tu orgullo que por un sincero deseo de amar a Dios? ¿Pasas excesivo tiempo de vanidad frente al espejo? ¿Te pones a veces en ambientes donde sabes que caerás fácilmente en el pecado y la superficialidad? La lista podría seguir y seguir... Pero la pregunta es: ¿estás dando gloria a Dios a través de tu vida y tus decisiones, cada día? 

Mira a los ojos de Cristo mismo: Considera su gran amor por ti y lo mucho que quiere que crezcas y estés más unido a Él. Puede que tus pecados no parezcan tan graves comparados con los de tantos otros en este mundo. Pero si miras sinceramente a los ojos de Cristo, la más mínima resistencia a su amor por ti— a su voluntad— te llenará de vergüenza. 

No podemos dejarlo ahí. Ciertamente, no se trata solo de sentirse mal. Los santos no veían sus miserias y se daban por vencidos, no: el reconocimiento de su miseria les permitía volar a los brazos de Dios y rogarle que tuviera misericordia de ellos, que los fortaleciera, que los iluminara. Pide al Señor que te muestre tu miseria y tu necesidad de conversión, y prepárate para oírle responder, como hizo con Santa Faustina: «Ves, hija Mía, lo que eres por ti misma, y la causa de tus caídas está en que cuentas demasiado contigo misma y te apoyas muy poco en Mí. Pero esto no debe entristecerte demasiado; estás tratando con el Dios de la Misericordia, tu miseria no la agotará. Además, no he limitado el número de perdones».