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Un don preciado

amistad¡Amistad: qué don tan preciado en todas las etapas de la vida! «El amigo fiel es un apoyo seguro, quien lo encuentra ha encontrado un tesoro» (Si. 6, 14). ¡Qué afortunado es aquel que puede contar con un amigo siempre! Y siempre significa en todo momento, tanto cuando los demás te rechazan como cuando eres el centro del grupo. Pero, eso sí, hay que elegir a los amigos con cuidado, sobre todo en épocas tan difíciles como la de la adolescencia, cuando una mala amistad te puede llevar por el mal camino con una facilidad asombrosa, y muchas veces sin casi darte cuenta. Se necesita mucha fuerza de voluntad para no dejarse llevar por las corrientes dominantes en el grupo de amigos si estas no son buenas.

Por este motivo, conviene descubrir a tiempo las bondades de una verdadera amistad, esa que puede durar toda una vida, si se asienta en la verdad. Un verdadero amigo es aquel que siempre se preocupa por tu bien, que no deja -o al menos te lo dice claramente- que hagas cosas que están mal, que no se aleja de ti por tu forma de ser, sino que te ayuda a mejorar cada día.

Uno, casi siempre, intenta cambiar para encajar en el grupo si no es aceptado. Por supuesto que uno debe ir mejorando día a día, pero no cambiar la forma de ser de manera radical solo para ser aceptado por los demás. Cada uno tenemos un valor intrínseco, que no depende de nada exterior, sino que tenemos ese valor infinito por nosotros mismos, y eso se nos olvida muchas veces. El verdadero amigo es ese que, conociendo tus defectos, tus debilidades y miserias, no se aleja de ti, sino que te quiere tal como eres y, además, te ayuda, tira de ti hacia arriba, te hace alzar la mirada hacia objetivos nobles y altos, no se conforma con que vayas viviendo una vida sin fundamento.

Y eso es recíproco; para ser buenos amigos, tenemos que preocuparnos por los demás, para que los que nos rodean vivan siempre mirando hacia arriba, buscando el bien y la verdad. También es muy importante no juzgar, conocernos a nosotros mismos y no sorprendernos de las faltas de los demás. Corregir con caridad, con cariño, pero con firmeza. Si tu amigo hace algo que sabes a ciencia cierta que está mal, si de verdad es tu amigo y le quieres,  ¿cómo vas a dejar que siga por ese camino?

Eso significa cuidar una amistad. No hay que pensar que no importa lo que haga el otro, porque, al fin y al cabo, tú no eres responsable. Obviamente, cada uno es responsable, en último término, de sus actos, pero si tú podías haberle advertido y no lo has hecho, también tú tendrás que rendir cuentas por no haber hecho aquello que estaba en tu mano. Si se lo dices y tu amigo no te hace caso, al menos habrás hecho aquello que debías hacer. Sobre todo, no hay que tener miedo a perder un amigo por decir aquello que consideras justo decir. En una amistad también es muy importante tener libertad para decir la verdad, aunque pueda doler al otro, siempre y cuando se diga con amor, por supuesto.

«El amigo fiel no tiene precio, su valor es incalculable» (Si. 6, 15). Al final de la vida podremos darnos cuenta de lo afortunados que fuimos de contar con buenos amigos. En agradecimiento, esforcémonos en ser buenos amigos de los demás.

Modificado por última vez elSábado, 13 Enero 2018 17:31
Marta Troyano

Nombre: Marta Troyano
Cumpleaños: 23 de noviembre
Conocí el Hogar: En 2015, gracias a la comunidad de Alcalá de Henares
Santos protectorer: Santos Luis y Celia Martin

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