La Virgen, modelo de cómo vivir la Eucaristía

Maria¿Cómo participar activamente en la Eucaristía?

El paso de dejar de ir a misa por obligación de nuestros padres e ir por propia voluntad puede suponer una gran dificultad para los jóvenes. Quizá por desgana, desconocimiento o por no ser muy conscientes de lo que se celebra en la Eucaristía, se abandona la práctica de la fe, se dice ser creyente pero no practicante, a pesar de la incoherencia que eso supone.
Por varias razones, entre ellas las ya expuestas, necesitamos un modelo para aprender a vivir la Eucaristía del mejor modo posible, para participar de forma activa en la misa. Hay dos modos: unos de ellos es seguir la teoría, las reglas, y el otro es tener un modelo a seguir, alguien en quien podamos fijarnos para saber cómo debemos hacerlo.

La participación activa en la misa consiste en una acción interna de ofrecimiento de nosotros mismos a Dios. Sin embargo, debemos saber que hay un solo sacrificio, el de Jesús en la Cruz. Este sacrificio fue de una vez para siempre, en él hay una sola víctima, Jesús, y es ofrecido por un solo sacerdote, también Jesús mismo. Por lo tanto, nosotros podemos ser víctimas con Cristo víctima, sacerdotes con Cristo sacerdote, y ofrecer el sacrificio con las manos de Cristo. Y para esto, podemos aprender de la Virgen María, porque no hay nadie que ofrezca mejor a Jesús al Padre que Ella, ni que se ofrezca mejor que Ella al Padre.

Lo primero que hay que considerar es cómo acudimos a misa. No podemos asistir como si lo que vamos a vivir no tuviera ninguna importancia en nuestra vida. Sea cual sea el sitio al que vayamos a ir, siempre nos preparamos para ello; o para quedar con los amigos, o para ir a un partido de fútbol o a un concierto… Del mismo modo, o con mayor razón todavía, debemos prepararnos para asistir a misa. Aquí también debemos acudir a María, reconocerla como modelo de oración al Espíritu Santo, para que nos ayude a entrar en el misterio que es la Eucaristía. Porque implica la vida entera. No sirve estar simplemente en misa, sin más, como si fuésemos un banco. No, hay que tomar conciencia de lo que se celebra y participar en ello. Ni siquiera sirve sentarse en los primeros bancos, si de verdad no somos conscientes y nos esforzamos por participar en lo que se está celebrando.

No es indiferente cómo cada uno participemos de la misa, bastaría con recordar la frase del evangelio que dice “el Poderoso ha hecho obras grandes por mí”. La Virgen habla de ella misma, pero todos nosotros podemos aplicárnoslo. Dios ha hecho todo por mí, por amor a mí. Y su obra más grande es el misterio pascual. Él ve nuestro corazón en cada misa, nuestra participación, nuestro agradecimiento… Por eso es muy importante también unirnos a los prefacios y a las plegarias eucarísticas, a las que muchas veces no prestamos atención, hacerlas nuestras para dar gracias a Dios como lo haría la Virgen.

En lo que respecta a la Palabra de Dios, a la hora de las lecturas, no hay nadie mejor que la Virgen para que nos enseñe a escuchar con profundidad y detenimiento lo que se está leyendo. Dios nos habla a cada uno particularmente en cada misa, y su palabra es viva y eficaz; puede transformarnos, pero solo si le dejamos. La palabra tiene que hacerse vida en nosotros como se hizo vida en María. Ella siempre está en actitud de meditar, dejando que la Palabra penetre hasta lo más profundo de su ser y dejándola actuar. Para nosotros, la palabra es lo mismo, con la misma fecundidad infinita, pero hay dos maneras de hacerla infecunda: o bien pretendiendo hacer obras buenas, pero sin tener comunión con el Señor, o no dejando que florezcan la obras de Dios en nuestra vida, a pesar de que se haya tenido experiencia de Dios en la misa.

Por otra parte, el momento más importante de la misa es la consagración. El corazón se debe rendir en adoración al Señor, que se hace presente en ese momento en el altar. Unirnos a su sacrificio, como María al pie de la Cruz, muriendo a nosotros mismos para resucitar con Él a la nueva vida. No hay nadie como María que nos pueda mostrar cómo adorar a Jesús bajo las apariencias de pan y vino, siendo Dios y hombre. Tenemos que pedirle que nos conceda una mirada penetrante, para contemplar y unirnos en el Calvario al Padre.

Cada uno puede llevar a la misa sus gozos y fatigas de cada día, para que puedan ser transformados y así tengan valor infinito, porque dejan de ser simplemente algo mío (nuestro) para convertirse en algo del Señor, de Cristo que, en la Cruz, Él ofrece al Padre.

Así, después podremos recibirle en la comunión con todo el fervor posible. Para ello, podemos imaginar a la Virgen María recibiendo la comunión en las primeras misas celebradas por los apóstoles. Ella, que le estrechó en sus brazos, que lo tuvo en su vientre, que lo educó y lo crio, Ella que lo amó tantísimo, nos enseña cómo recibir la comunión, cómo reconocer a su Hijo bajo las apariencias del pan y vino.

El pan no es un alimento cualquiera, es Dios mismo, es Jesucristo en cuerpo, sangre, alma y divinidad. ¿Cómo podemos pretender recibirlo en nuestras indignas manos? Así también se evita que se queden partículas en nuestras manos que podrían perderse. Y al ser el Señor al que estamos recibiendo, ¿cómo podríamos conformarnos con hacer "el mínimo"? Por eso hay personas que reciben la comunión de rodillas, en gesto de completa adoración a Dios. No se quedan en una simple reverencia. Debemos meditar cómo lo recibiría la Virgen, con cuánto amor.

También se deben aprovechar los momentos después de la comunión, y algunos minutos después de terminar la misa, para hacer una pausa, dejarse empapar por el amor de Dios, que está vivo, que está dentro de nosotros, que sufre cuando le recibimos sin ser consciente de lo que estamos recibiendo. Según trato al Señor en la Eucaristía, así trataré a los demás. Al hacer el esfuerzo y buscar verle en la Eucaristía, aunque a veces no sintamos nada, también podremos verle en los demás. Por supuesto, la presencia es distinta, pero en la manera de vivir la adoración, la comunión, podremos tratar a los demás viendo a Jesús en ellos, mirándolos con reverencia y sin dejarnos llevar por la costumbre, siendo conscientes de que sin Él no podemos hacer nada.

Siempre con María para encontrar a Jesús.

De las notas tomadas en una charla del P. Peter, SHM, sobre “La Virgen María como modelo de participación activa en la misa”.

Modificado por última vez elMiércoles, 01 Noviembre 2017 10:05
Marta Troyano

Nombre: Marta Troyano
Cumpleaños: 23 de noviembre
Conocí el Hogar: En 2015, gracias a la comunidad de Alcalá de Henares
Santos protectorer: Santos Luis y Celia Martin

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