El poder de María

Estamos viviendo tiempos convulsos, sobre eso no hay duda. Cada vez parece crecer la confusión, no sabemos a qué agarrarnos y el mal parece conquistar terreno con pasos agigantados. San Maximiliano Kolbe, en medio de los más crueles tormentos del campo de concentración donde murió, decía a sus compañeros: «La Inmaculada tiene poder para transformarlo todo». 

Dios le ha dado mucho poder a la mujer vestida de sol y es nuestra responsabilidad aprovecharlo. Si estuviera en mi lecho de muerte y tuviera que darte un consejo, te diría: «Confía en María. No hay ni habrá jamás camino más corto, más directo y más fácil a Jesús que María». 

Una vez un monje franciscano tuvo una visión en la que vio una escalera que llegaba al cielo, por la cual subían muchas personas con harta dificultad. Muchos caían y pocos llegaban.

Vió entonces otra escalera, por la cual las personas subían y bajaban con gran facilidad y arriba del todo, en la cabeza de la escalera, la Virgen María.

Nunca dejes de mirar a María, de rezarle, de hablarle, de pedirle todo lo que necesites, de encomendarle tus afanes y gozos, de ponerte bajo su protección y guía, de dejarte poseer por Ella, de pedirle consumirte en su amor. 

Si algo quiere conseguir el demonio es apartarnos de María. Cuando sientas que no le encomiendas todo a Ella, que te parece poder llegar más fácilmente a Jesús rezándole directamente a Él; cuando dejes poco a poco de pensar en el poder de la Reina del Cielo; cuando la tibieza se difunda por tus huesos como un cáncer maligno, estate seguro de que Satanás está haciendo de las suyas. Renueva en esos momentos tu fe en Dios, conságrate con fervor a la Inmaculada, dale un “SÍ” sin condiciones a Aquella que con razón es llamada terror de los demonios; Ella, el fuego que hace desaparecer el frío que toma posesión del alma. 

Cuando sientas que tus pecados se abalanzan sobre ti, que te ahogan y te veas a ti mismo sucio, atormentado por la vileza de tus pensamientos, arrastrado al mal; cuando sientas en ti la llama de la pasión que te lleva a pecar: mira a la Estrella, invoca a María. Con solo sonreír puede alejar de ti toda tiniebla. 

Cuando sientas que Dios está lejos, que las desgracias se multiplican, que no hay sentido: Mira a María. Que Ella sea tu vida. 

No nos podemos ni imaginar  el poder que Dios le ha dado. Ella es mediadora de todas las gracias, Dios quiere que acudas a Ella. Por ahora solo habías recibido gracias a medias por no pedirlas a través de María. Mas si acudes a su regazo, Dios no tendrá en cuenta ni el límite de tu pobre naturaleza a la hora de derramarse sobre ti porque al ver en ti a María te dará a la medida de llena de gracia. La vida está hecha para vivirla en plenitud, una plenitud que no puedes alcanzar a comprender, porque es Dios mismo. Y Ella lo lleva en sus brazos y te lo quiere entregar.

¿Cómo explicarte que todo lo posiblemente malo es como una gota de agua en el sol de su mirada? Después de entregarle tu persona pensarás: ¿y esto me preocupaba? Si dejas que te posea no te digo que aguantarás tormentos, sino que los disfrutarás con alegría. Ese es el poder que tiene.  Aun en la noche más oscura, Ella brilla y si le dejas, brillará en ti. Y brillará con una luz capaz de mudar toda noche en día esplendoroso.

En el convento que fundó San Maximiliano, una vez se le acercaron unos monjes, diciendo que no estaban de acuerdo sobre lo que había escrito San Luis María Grignon de Montfort, un gran amante de la Virgen, por parecerles exagerado. 

San Maximiliano les respondió: Demasiado poco ha escrito el santo sobre la Inmaculada.  

Y es verdad. ¿Qué palabras pueden alcanzar a describir la grandeza de la mujer que puede transformarlo todo?

Rézale el Rosario que tanto le gusta y Ella sabrá transformarte a ti también a imagen de su Hijo.


Hno.Joaquin Hijo Prodigo

Me llamo Hno. Joaquín María de la Cruz y soy Siervo del Hogar de la Madre. La verdad es que me gusta usar mi nombre religioso, porque ahora soy verdaderamente un hombre nuevo.
Nunca he tenido problemas de ningún tipo, pero aun así el corazón puede estar muy lejos de Dios. Me atraían cosas que en sí no son malas: el triunfar en el mundo, hacer grandes cosas, tener una familia, mujer, hijos...
Ya digo, nada malo. Pero cuando Dios me mostró lo pobre que eran mis planes y el Cielo que tiene preparado para mí, dejé mi camilla y corrí tras él.
Quizá el blog se podría llamar así: "Del paralítico". Porque sí, yo era un paralítico, un hijo pródigo. En el mundo quizá tenía futuro... pero prefiero el paraíso. Por la misericordia de Dios ahora soy libre y le sigo de todo corazón. 
Desde que empecé a seguir la voz de María, cada día es mejor que el anterior y si esto sigue así, me va a dar vértigo. Y sobre eso quiero escribir.