El mundo arde

Cuando uno es más joven oye ciertas frases, que a lo largo de los años le quedan como selladas en la memoria y que nunca se olvidan. Frases que pueden hasta marcar la forma concreta de actuar de una persona a lo largo de su vida. Una que recuerdo vivamente es esta: «Nadie quiere estar solo». Creo que me pareció tanto más fuerte, conociendo la filosofía del mundo, en el que triunfa el estoicismo, encarnado en personajes como James Bond o Jack Sparrow, depredadores solitarios, que endurecen el rostro ante los problemas, prescindiendo de todo el mundo. 

Pero no es verdad. Nadie quiere estar solo. Y la soledad más grande es no tener a Dios. 

Llevar una sotana e ir por la calle es una experiencia alentadora en ese sentido. Te das cuenta que las personas miran asombradas, con odio o intentan no mirar para parecer indiferentes. Pero el mismo hecho de no querer mirar es ya signo de que justamente a ellos, ver que alguien pueda entregar su vida de esa manera, les toca profundamente, en un rincón de su ser que han intentado esconder y olvidar a toda costa.

Ellos quieren respuestas. He escuchado muchas historias de personas que se dedican a participar en eventos como Nightfever, en el que paran a las personas por la calle, invitándoles a entrar en la iglesia donde está el Señor expuesto. Las experiencias son muy variadas y muchas veces la gente que se para, solo quiere pinchar haciendo preguntas típicas para desacreditar la Iglesia. Pero yo me pregunto: ¿por qué preguntan cosas de las cuales ya creen conocer las respuestas? ¿Quieren convencerte a ti, para que apostates?

No, no creo que sea ese su fin. Pienso que buscan respuestas. Respuestas verdaderas de lo que han oído de un tal Jesús de Nazaret, su Salvador, pero que -por muchas y muy variadas razones- no han sabido encontrar. Y quizás la frustración ante ese bien que han querido alcanzar ha sido el motor de su odio, antes que una convicción bien fundada. Porque «Dios escribió en las tablas de la Ley lo que los hombres no leían en sus corazones» (San Agustín). Y la letra del Señor en el corazón del hombre no se ha borrado.

Otra historia de la cual tengo constancia es la de una persona que estaba discutiendo sobre el aborto en la universidad. Al entrar el profesor en el aula, viendo el interés de los alumnos -todos los sesenta estaban en coro, lanzando preguntas contra el provida- hizo que este último subiera a la tarima del profesor para aclarar el tema. El profesor mismo tenía la idea de que el aborto era bueno, pero aun así dedicó la hora entera al diálogo entre sus alumnos. Pero lo más sorprendente es esto: viendo la integridad del cristiano, una de las alumnas -una de las más liberales en su ideas- se convirtió, se confirmó y se consagró más tarde al Señor.

Ellos quieren respuestas.

Es nuestra misión evangelizar. A veces nos parece raro acercarnos a una persona para empezar hablarle de Jesucristo. Hoy en día casi se toma a broma, tomando como referencia a los testigos de Jehová, que tocan a la puerta preguntando: «¿Ha oído hablar de Jesucristo?» No nos debemos avergonzar, porque nosotros sí que hemos conocido a Jesucristo. Le seguimos y sabemos que «vive, que nos mira y nos ama». Solo desde ahí podemos comprender y vivir las palabras del Apóstol: «Ay de mí si no evangelizara». Cuando has conocido a Cristo, ¿cómo guardártelo dentro? 

Que no nos eche atrás la aparente indiferencia de las personas. Nadie es una roca. Todos necesitan a Cristo. Dios los ha creado para sí y el corazón de los que no le conocen estará inquieto hasta que no descanse en el Señor. Si Dios creyera que el humano puede ser indiferente a Él en esta vida, no estaría llamando a la puerta de su corazón. Dios está ahí, esperando, paciente. Seamos instrumentos de su misericordia, seamos, en un mundo tan frío, el fuego de un Amor que se hizo pecado por los culpables. 

Hace mucho frío, sí, pero las personas no están muertas. 

El mundo arde. 

Arde en sed de Cristo.

 


Hno.Joaquin Hijo Prodigo

Me llamo Hno. Joaquín María de la Cruz y soy Siervo del Hogar de la Madre. La verdad es que me gusta usar mi nombre religioso, porque ahora soy verdaderamente un hombre nuevo.
Nunca he tenido problemas de ningún tipo, pero aun así el corazón puede estar muy lejos de Dios. Me atraían cosas que en sí no son malas: el triunfar en el mundo, hacer grandes cosas, tener una familia, mujer, hijos...
Ya digo, nada malo. Pero cuando Dios me mostró lo pobre que eran mis planes y el Cielo que tiene preparado para mí, dejé mi camilla y corrí tras él.
Quizá el blog se podría llamar así: "Del paralítico". Porque sí, yo era un paralítico, un hijo pródigo. En el mundo quizá tenía futuro... pero prefiero el paraíso. Por la misericordia de Dios ahora soy libre y le sigo de todo corazón. 
Desde que empecé a seguir la voz de María, cada día es mejor que el anterior y si esto sigue así, me va a dar vértigo. Y sobre eso quiero escribir.