Cristo quiere ser amado por ti

Al encarnarse, el Verbo asume la condición de hombre y este es un acontecimiento que no alcanzamos a entender, por el abismo de amor y humildad que Dios demuestra. Al mismo tiempo sigue siendo verdadero Dios.

Pero, centrémonos en la humanidad de Jesús, que es para nosotros fuente de contemplación y de imitación.

Lo apasionante de entender que Cristo es hombre es que tiene un corazón como el nuestro, que desea ser amado por nosotros. Por ti. Y le duele como a ti y a mí cuando nuestro amor no es correspondido y, si cabe, mucho más, porque Él te ama mucho más perfectamente.

Él no deja de pensar en ti como lo hace un amante, y al igual que las personas que más cerca tienes, más daño pueden hacerte, nosotros, sus amigos somos capaces de punzar, con las agujas calientes de nuestros pecados, la herida abierta de su amor con más dolor para Él que otros.

A Cristo no le da igual que le ames o no le ames. ¡Él desea ardientemente que correspondas a su amor!

¡Y qué poco es amado! Cualquier persona importante recibe más respeto que Él en la Eucaristía. Cualquier familiar es visitado con más frecuencia y tratado con más cariño. Incluso para personas desconocidas arreglamos nuestra casa, mientras que para nuestro Salvador tenemos un gran desorden en nuestro interior.

Por eso, nos pide actos de reparación -gestos de cariño y de mortificación ofrecidos por nuestros pecados y los de nuestros hermanos-, para consolar su Corazón sufriente. Y pide ser amado de vuelta, ser respetado y venerado como le corresponde. Quiere tener una relación celestial contigo… pero también muy humana.