Virtudes de San José

En estos días de Navidad, meditando el misterio del nacimiento de Cristo, nos encontramos con una figura que ha desempeñado tan bien el papel que el Señor le asignó que a menudo pasa desapercibida. Este es San José, el protector del niño Jesús y de la Virgen María aquí en la tierra. En un mundo en el que tan a menudo buscamos el reconocimiento y llamar la atención de los demás, sus virtudes resultan muy necesarias.

La primera virtud que nos enseña es la justicia. Cuando la santísima Virgen María vuelve de estar con su prima Isabel y claramente embarazada, San José decide repudiarla en secreto, esto es romper el compromiso con ella sin acusarla públicamente, salvándola de un severo castigo. Ante la sociedad, este castigo de la Virgen María habría servido como reparación para su honor herido. Pero él no usó, como tantas veces lo hacemos nosotros, el aparente tener razón como arma arrojadiza contra el prójimo.

La segunda virtud es la obediencia. El ángel en sueños le revela que el niño que espera María es hijo de Dios y que se case con ella. ¿Nosotros haríamos caso si en un sueño un ángel contradijera lo que nuestra experiencia nos dice y nuestros deseos? ¿O seguiríamos adelante según nuestros propios planes y no los de Dios? Tenemos la libertad de desoír lo que el Señor nos dice. A menudo nuestro propio camino nos puede parecer más razonable. “¡Qué locura!”, pensaría también San José, “¿qué dirá la gente?”, “No sé si seré capaz…”. Pero en contra de estas objeciones humanas, San José ordena su voluntad según el plan de Dios.

Pero, sobre todo, San José destaca por su humildad. Formar una familia con el Verbo Encarnado y su purísima Madre es un ejercicio de humildad, pues acepta ser espiritualmente el de menor rango a pesar de ser la cabeza terrenal de la familia. A partir de los evangelios podemos imaginarnos muchas situaciones concretas en las que San José haya tenido que hacer un ejercicio de humildad.

Por ejemplo, cuando tiene que acatar la orden del César y llevar a la Virgen María, a punto de dar a luz, en un peligroso y arduo viaje, a Belén, habrá tenido la sensación de no cumplir bien con su función de protector de la Sagrada Familia. Más aún cuando no pudo encontrar un cobijo adecuado para pasar la noche. La Virgen María le reconfortaría, ayudándole a ver en todo la voluntad de Dios. El mayor consuelo sería el nacimiento del Mesías la noche de Navidad haría olvidar todas las decepciones del viaje. Estas pruebas a las que Dios le somete seguramente también fueron importantes lecciones de preparación para la huida a Egipto, durante la cual San José salvaría del peligro incontables veces a la Sagrada Familia.

Que las virtudes de San José, casto, trabajador y cumplidor de su obligación humilde y discretamente, sean un ejemplo sobre todo para las los chicos y jóvenes hombres.