Haz lo que tienes que hacer

La hermana Clare Crockett sabía qué era importante en esta vida.
Sobre todo al final de su vida le daba mucha importancia a la fidelidad. En un vídeo dirigido a uno de sus antiguos estudiantes dice: “Sé fiel a lo que sabes que tienes que hacer”.

¿Qué es lo que tengo que hacer yo?

La fidelidad es simple, pero cuesta. Fidelidad significa hacer en cada momento lo que tienes que hacer. No se trata de hacer saltos gigantes, porque no somos capaces de hacer esas cosas. No podrás quitarte ese defecto que tienes de distraerte, de desobediencia, de curiosidad, de falta de humildad, de lo que sea..., de hoy a mañana, sólo porque tú lo hayas decidido.
Pero te lo podrás quitar si eres fiel. La fidelidad es el primer paso para llegar a la santidad.

Fidelidad significa que, si tienes que hacer algo, lo haces, y no haces nada más, no piensas en nada más, no te preocupas de nada más. Porque lo que tienes en este momento entre manos es lo más importante que tienes que hacer.

Tienes que hacerlo con amor y fervor, porque, en este momento, lo que estás haciendo es lo mejor que podrías estar haciendo. Y eso con respecto a todo. Puede ser cortar cebollas, dormir o rezar.

Pero el hecho que Dios te ha dado esto en este preciso instante quiere decir algo.

Haz un horario y manténlo. Y, cuando tengas que despertarte, despiértate; cuando tengas que estudiar, estudia; cuando tengas que trabajar, trabaja. Pero, cuando tengas que comer, come; cuando tengas que dormir, duerme; cuando tengas que celebrar, celebra, y no pienses en nada más, ofréceselo todo a Dios.

Te va a servir en todo. Porque ese defecto de pereza que tienes, no lo notarás, esas faltas de humildad se harán más raras, esa impureza desaparecerá, sólo porque eres fiel a lo que tienes que hacer.

Ocúpate de lo que Dios te da y Él se ocupará de todo el resto. Tus problemas, arréglalos con la fidelidad; verás como el Señor aparta todos los problemas de tus caminos.

Conozco a un chico que estaba estudiando arquitectura y, además, era director de un proyecto que le exigía todo su tiempo. Tenía que hacer reuniones, retiros, convivencias, visitar sitios, conducir toda la noche… Y no le daba tiempo a hacer todos los trabajos. Pero él dice que, cuando alguna vez no conseguía hacer un trabajo a causa del apostolado, no se lo pedían. Cuando no podía ir a clase, no había. Como si Dios lo encajara todo perfectamente.

A San Luis Gonzaga le preguntaron: "¿Qué harías si supieras que te ibas a morir?" Y el respondió: "Seguir con lo que estoy haciendo".

Mira a María, la Siempre Fiel. Ella alcanzó su santidad, su sitio a la derecha de Jesús con la fidelidad.