Es verdad

A veces siento que no me puedo acercar a las personas que no creen y hablarles de Dios. Tengo una sensación como de que no pueden entender, como de que no puedo solucionar sus problemas con mis palabras o, peor aún, como si no tuviera nada que ver.

Supongo que nos pasa a muchos. Tenemos metida profundamente la idea de que para esas personas cuenta otra realidad y la causa de sus dolencias, males y alegrías es otra. Pero no es verdad. La verdad es que la Verdad es verdad para todos.

Nos frena la idea de que lo que hablamos no tiene nada que ver con esas personas. Pero lo que nosotros creemos no se aplica sólo a los que se han bautizado, sino a todos.
Esto tiene como consecuencia, que, como he dicho antes, nosotros conocemos la causa de las cosas, y ellos no.

Si una persona se siente mal porque comete actos impuros, no se debe a que no ha encontrado a la mujer de su vida, a que su trabajo no le guste o a  motivos parapsicológicos. La causa es el pecado.

Si una persona se siente bien cuando está delante del Sagrario, no es porque la temperatura de la iglesia es la adecuada y la arquitectura favorece la comodidad. Se debe a Jesús.

Si nunca me satisfago con lo que tengo, a pesar de que siempre alcanzao lo que quiero, no se debe a que no he alcanzado materialmente lo que me hará feliz, sino a que tengo un deseo de algo más allá.

Si sufro, no se debe a cualquier otra causa que nuestra caída y nuestra vuelta a Dios.

Esto que podemos aplicar a otras personas al hablar, también podemos pensarlo nosotros a fondo. No nos andemos con medianías. Si nos espera la vida eterna, no nos quedemos con el mundo. No vayamos de fiesta con el mundo, convenciéndonos de que es compatible con la fe. No nos vistamos por un momento indecentemente, porque nos lleva y lleva a otros al infierno. No dejemos nunca de rezar. No dejemos nunca de pedir. No dejemos de ser virtuosos. No dejemos de seguir fielmente a Jesucristo. No dejemos de defender nuestra fe, de entregarnos por completo a ella, aunque se rían de nosotros, aunque nos cueste.

Porque es verdad: nos espera el Cielo, con Jesús, con María, con los ángeles y los santos.

Y todo lo que tuvimos aquí nos parecerá no sólo vano, sino una tontería, una desviación. Lloraremos nuestra ignorancia, nuestra mediocridad, nuestras mentiras. Lloraremos el no haber sido virtuosos, a pesar de lo poco que nos costaba. Lloraremos nuestra infidelidad.

Lloraremos profundamente, si no hacemos ahora lo que debemos hacer.

Entra en lo profundo de ti mismo. Pídele a María que te ayude, que te dé su espíritu, para que puedas seguir con todo tu ser al que es la Verdad.