Dios o nada

Hace poco vi el testimonio de un sacerdote que antes de su conversión quería ser el superhombre de Nietzsche. Me impactó, porque no era la historia corriente de alcohol y drogas. Él buscaba algo muy concreto, y lo estaba consiguiendo: estaba buscando la nada.

Es la pregunta más importante de nuestra vida: Dios o nada. Pero, para poder responderla, debemos planteárnosla primero. Debemos darnos cuenta de que esas son las únicas dos posibilidades que tiene nuestra vida. Lo más triste es que la mayoría de las personas viven como si esa pregunta no existiera. Creen que el mundo se basa en una gama de colores entre los cuales puedes decidir cuál escoger y que cada color es igual de válido, como si no existieran el bien y el mal.

Pero es justamente a esto a lo que el sacerdote tuvo que enfrentarse. Después de descender hasta lo más profundo, la pregunta le saltó a la vista: ahora ya solo era Dios o nada; conversión o muerte eterna.

Pensándolo más detenidamente, esa decisión es la fundamental, pero también la más cotidiana. ¿Cuántas cosas hacemos que no son de verdad para Dios? Son innumerables. Cada acto nuestro se lo entregamos o a Dios o a la nada.

Muchas veces trabajamos en cosas con gran ahínco, por nuestro prójimo, por su bien. Pero de nada sirve si al final esa obra no merece la vida eterna. Antes de empezar cualquier cosa, plantéate para quién lo haces. Si es por vanidad, por satisfacerte a ti mismo, por egoísmo, por comodidad o para que te miren y te aplaudan. Porque son muchas las formas en las que se esconde la nada. Nos convencemos de que nuestros ideales son limpios, pero no es así.

Debes hacerlo por amor, amor puro y desinteresado, que solo busca el bien.
De nada sirve construir algo que se va a quemar.

No debemos desalentarnos, sino seguir, pero también tenemos que darnos cuenta de la trascendencia que cada cosa tiene. Dios te lo perdona, pero eso no significa que no le haya dolido.

Después, nuestra entrega puede ser grande o pequeña, pero lo principal es que sea para Dios. Partiendo de esa base, podemos agrandarla. De nada serviría agrandar una entrega que no sirve para nada.

Puede que parezca agobiante, como si no hubiera libertad, como si todo estuviera estrictamente delimitado, sin alegría ni creatividad. Pero recuerda que eso se debe a que no hacemos las cosas con esa recta intención. Para el justo todo está permitido.

El Miércoles de Ceniza se nos dijo: "Conviértete y cree en el Evangelio". ¡No te andes con medianías! Lleva todo tu ser hacia Dios. Dale la vuelta a tu vida. Que no solo tu mente vaya hacia Dios, sino también tu corazón, tus pies y tus manos; tu obrar, pensar, hablar y desear; tu reír y sufrir.
Que todo sea para Dios.

Mira a María.