Un peligro (2ª parte)

El trabajo tiene como fruto varias virtudes y cualidades.

- ORDEN. Primero, el orden. Cuando se trabaja, se es mucho más consciente de que el orden en la vida es de gran importancia. Se necesita orden en el tiempo para poder aprovecharlo. No se puede trabajar todo el día y después tener un tiempo de no hacer nada, seguido por mirar el móvil y ver una película, para después ver si hacemos algo que de verdad nos guste. El día no tiene cincuenta horas, y eso es bueno. La rutina del trabajo ayuda a purificarnos de tantas necedades que no nos sirven de nada y nos desvelan las cosas que de verdad nos gustan. También se crea un orden material. Muchas veces se dice que tener el sitio de trabajo ordenado es como haber hecho ya la mitad, y es verdad. Porque, cuando se necesita algo, se sabe dónde está, porque uno se siente cómodo y se aparta de la confusión. De esto sigue un orden en la manera de hacer las cosas. No se puede hacer el tercer paso antes de hacer el primero. Si dejo mi cama sin hacer por la mañana y la tengo así durante todo el día, cuando vuelvo, me siento incómodo en esa habitación desordenada. Por eso, cuando no he podido hacerla en todo el día, antes de dormir, la hago, porque me gusta más meterme en una cama hecha. El orden tranquiliza.

- OBEDIENCIA. Es, además, una fuente de obediencia. No se nos permite utilizar los recursos como queremos, ni mucho menos hacer las cosas a nuestra manera. Tenemos que seguir las instrucciones de alguien que sabe mejor que nosotros lo que se debe hacer. Y pronto nos daremos cuenta de que todo funciona mejor. Porque hay muchas maneras de hacer algo bien, pero, si se mezclan todos esos caminos, no se llega a ningún lado. Se entiende, ¿verdad? Muchas veces creemos que tengo que ser yo el que dirige todo, pero, en el noventa y nueve por ciento de las ocasiones, la mejor manera de ayudar es simplemente obedecer.

- CONOCIMIENTO PROPIO. Conocerse. El trabajo nos descubre muchas de nuestras cualidades y también nuestros defectos. Nos sitúa en un ámbito donde debemos dar lo mejor de nosotros y esforzarnos en las cualidades de las que carecemos. Debemos encontrar soluciones a problemas por nuestra propia cuenta. Muchos de nosotros -o quizás soy sólo yo- tenemos una imagen idealizada de nosotros mismos en nuestra mente. Y esa imagen nos impide ver quiénes somos y qué es de verdad lo que nos falta para ser mejores. Hay que poner a prueba esa imagen. Cuando se tienen que pelear las cosas, se desvela quiénes somos. Un ingeniero mira de forma objetiva su barco, o debería hacerlo, porque, en el momento en el que esté en alta mar, se verá si verdaderamente ha hecho bien su trabajo. Más vale que se tome una hora más en calcular.

- SERVICIO. Todos los trabajos son para el servicio de la comunidad. El Señor nos ha enseñado que debemos servir, y una forma de hacerlo es por medio del trabajo. Ese propósito en la vida del que antes estábamos hablando es justamente eso, el servicio. Al entregarnos encontraremos la felicidad. Nuestros brazos son muy largos como para que los empleemos en nosotros mismos.

- MUNIFICENCIA. Nos obliga a hacer las cosas bien. Estamos acostumbrados a dejar cosas sin hacer, a  terminarlas mal, porque no se va a notar si lo hacemos bien. Pero incurrimos en un gran error pensando de esta manera. Esta actitud crea caos dentro de nosotros mismos, destruyendo nuestro sentido de responsabilidad. El trabajo obliga a hacer las cosas bien, ya que uno es responsable de lo que hace.