Dirección espiritual

No sé si alguna vez te ha pasado que has querido saber con certeza la Voluntad de Dios en tu vida con respecto a una cuestión y te entran mil dudas e inseguridades, intranquilidad, angustia, nerviosismo… 

Otra situación que a veces se da es recibir cierta moción en la oración, como que el Señor te habla con claridad con respecto a algo, pero sales de la oración y comienzas a pensar si quizá no has sido tú la que te lo has dicho para justificarte o tranquilizarte con respecto a cierto tema que te inquietaba.

¿Cómo saber la voz del Señor en mi vida? ¿Cómo puedo tener la seguridad de saber que voy por el camino de lo que el Señor quiere para mí y no estoy siguiendo mis gustos, apetencias o cayendo en el escrúpulo?

Sin duda hay muchos remedios contra esta inseguridad espiritual. Pero uno de ellos es la dirección espiritual.

Cuando uno quiere correr una gran carrera o competir en un campeonato de gran prestigio, solo no puede.  Necesita alguien que le ayude, que desde fuera le vaya indicando como mejorar, que le anime cuando no puede más, que le vaya indicando ejercicios para fortalecerse en el tiempo que mejor se adapte a cómo es, a su anatomía y fisionomía. 

Esta figura que se ve tan fácilmente en el ejercicio humano, es igual de relevante en el plano espiritual.  

Necesitamos de una persona que esté instruida en la vida de oración y en el discernimiento de espíritus, una persona que viva en tensión de santidad y tenga virtudes y disposición para poder guiarte, que te ayude en el camino a la santidad.

¿Cómo saber quién puede ser mi guía? 

El catecismo de la Iglesia Católica recomienda a sacerdotes y religiosos, al final debe ser una persona que te ayude a crecer en tu relación con Dios y en tu lucha por la santidad. Es lógico que sea mayor que tú y que ya haya tenido experiencia espiritual para saber guiarte y aconsejarte debidamente. No se recomienda una persona que esté ligada afectivamente contigo (aunque es normal que entre los dos surja una relación muy bonita en el Señor) puesto que el discernimiento se hará más difícil. 

Te aconsejo que le pidas al Señor que te indique quién quiere que sea. Dios está vivo y también puede y quiere hablarte de esas cuestiones. Pídele luz al Espíritu Santo y como consejo personal, pídele a san José que te ayude.

¿Y qué tengo que decirle?

Pues aquello que tienes en el corazón, lo que te aflige, las luces que el Señor te va dando, tus cruces, tus inquietudes. También cuestiones más prácticas como tu horario, tus prácticas de piedad y mortificación. Todo aquello que tenga que ver con tu relación con el Señor. No tengas miedo de pasarte, también para eso está el director espiritual. Y si tienes dudas, atrévete también a decirle a tu guía que te ayude a preparar temas para tratar en la dirección. Lo que es esencial es que te acerques con sinceridad, presentarte tal cual eres, y que vayas sin miedo y con un deseo enorme de crecer en el cumplimiento de la voluntad de Dios cueste lo que cueste.

También es necesario que todo lo que has hablado con tu director espiritual lo mantengas con prudencia en tu corazón, lo guardes y lo cuides como la Virgen María, y lo lleves a la oración. Es importante tener un espíritu de docilidad al director espiritual. No se tratar de obedecer sin pensar lo que él te dice, pero sí de llevarlo a la oración, confrontarlo con lo que el Señor te dice a ti en ese punto y hablarlo con él de nuevo.  Debes fiarte de que sus palabras son la voz del Espíritu Santo en tu vida, por eso es tan importante haber escogido a un buen director. Y en ocasiones, tendrás que someterte dócilmente a su voz, confiando y arriesgándote, aunque no lo veas con claridad. Pero siempre es un acierto.

El Señor a Santa Faustina Kowalska le dijo en numerosas ocasiones que más que no hacer su voluntad le desagradaba la desobediencia a la voz del director espiritual, incluso aunque este pueda equivocarse.

Y san Juan de la Cruz también escribe: «Por más que busques jamás encontrarás tan seguramente la voluntad de Dios como por el camino de esta humilde obediencia».

Y, ¿cada cuánto debo hablar con él?

Eso dependerá de la persona y de las circunstancias. No es lo mismo un momento de lucha o de tribulación, una época de discernimiento vocacional, etc. Pero normalmente se recomienda 1 o 2 veces al mes, con encuentros que no superen la media hora. Pero, aun así, el Espíritu Santo irá marcando el ritmo. Lo importante es que antes y después recéis y le tengáis siempre a Él como luz y guía de vuestras conversaciones.

Te animo a que tengas este buen propósito: buscar un buen director espiritual y plantearte en serio quedar con él y tratar cómo mejorar en tu vida espiritual. Es un remedio contra la mediocridad y el salir de nosotros mimos a veces basta para solucionar cierta batalla espiritual. Te aseguro que merece la pena.


Beatriz y hna. María Fra

Me llamo Beatriz. Soy enfermera y pertenezco al Hogar de la Madre de la Juventud. Hace unos años, participé en un viaje misionero a Ecuador en el que me di cuenta de la importancia de la presencia real de Cristo en mi vida. Yo había sido siempre católica, pero estaba más centrada en mí misma que en Dios. Caí en la cuenta de que una vida que no se entrega, se pudre y de que viviendo para mí y en mi superficialidad, perdía lo que Dios me había dado hasta ahora. Ver que el Señor me había estado acompañando siempre, que me amaba y que sufría por mi falta de fidelidad, cambió radicalmente mi vida. Me empujó a querer ir al Cielo dejando la superficialidad, luchando cada día por ser santa y llevando a los demás el tesoro tan grande que un día encontré. Por ello, intento compartir la alegría de la fe con todos, especialmente con los jóvenes, y un medio para ello es a través de este blog. ¡Rezad por mí!