Hemos sido creados para amar

Últimamente escucho mucho hablar de que la fidelidad entre un hombre y una mujer debe ser «abierta». Dicen que estar con una persona no exige que no pueda desear a otra e incluso, que pueda satisfacer mis pasiones más bajas con otra persona que no sea mi pareja siempre y cuando eso no implique que deje de «querer» a la primera.

Cada vez que escucho comentarios como ese no puedo dejar de darme cuenta del engaño que hay detrás de esas afirmaciones y del profundo daño que se ocasiona en lo más íntimo de la persona.

Todos estamos llamados al amor, todo hombre desea amar y ser amado. Es nuestra vocación, el anhelo más profundo de nuestro corazón, que compromete toda nuestra existencia y que nos hace vulnerables. Por ello amar se convierte en la capacidad más sublime del ser humano. Si bien esto es cierto, podemos comprender que utilizar la palabra amor cuando simplemente persigo mi propio placer, o justificarme en el amor para dejarme llevar por el egoísmo, puede ser un error fatal que provoque una herida muy profunda en mi corazón, precisamente porque la capacidad de amar es un regalo que Dios me ha dado y que compromete todas las dimensiones de mi vida.

Pero, ¿cómo aprender a amar?, ¿cómo saber si estoy amando de verdad o simplemente me estoy dejando llevar por lo que yo quiero?, ¿cómo es posible amar sin ser egoísta buscando la propia felicidad?

El Señor siempre llama al amor, a la entrega. La plenitud de la persona no está en amar con pasión o en satisfacer tus deseos carnales. La plenitud del amor es la entrega. Solo en la entrega somos verdaderamente felices. Estamos creados para el amor, para la entrega. Y esa entrega debe adaptarse a cada circunstancia de mi vida. No debo amar a mi padre igual que a mi hermano o a mi novio. No debo amar a un amigo como a mi novio. No debo amar a mi novio como a mi esposo. No debo amar a mi esposo como a Dios.

Dios nos ha creado a su imagen y semejanza. Si experimentamos ese deseo de amor, de comunión, es porque el Señor nos ha creado para Él y desea que nos unamos a Él.

Dios es amor (1Jn 4,8), Dios es comunión de personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. ¿Quieres aprender a amar? Mira a la Trinidad, imita la vida de Jesucristo.
Personalmente me ayuda como medida del amor mirar a la Cruz. No hay mayor expresión de amor que aquella que hizo Jesús en la Cruz, es la definición más perfecta del amor y el modo ejemplar de amar sin mirarse a uno mismo. Él nos llama a amar a los demás como Él nos ha amado: «Nadie tiene amor más grande que aquel que da la vida por sus amigos» (Jn 15, 13).