La Eucaristía no es un mero alimento

Últimamente he podido reflexionar acerca de la Eucaristía de la mano del libro Maria, camino de perfección, de Santiago Martín.

Muchas veces nos acercamos a la Eucaristía, o hablamos de ella, como si fuera un concepto o un alimento espiritual, o incluso como el motor de nuestra alma. Todo eso es cierto, pero la Eucaristía es mucho más. Como el propio Santiago Martín dice en su libro: la Eucaristía es ante todo y sobre todo una Persona, es el Hijo de Dios vivo, hijo de María, Dios y hombre verdadero.

Si olvidamos esta idea esencial y reducimos la Eucaristía a un mero alimento o algo que necesito y que me ayuda, estamos en cierta manera cosificando a Dios.

Tú puedes beneficiarte o no de un alimento, pero al fin y al cabo, la consecuencia de ese acto recae siempre en ti. Sin embargo, cuando tú decides no acudir a la Eucaristía no solo tiene consecuencias en tu alma sino también en el corazón del Señor, que sufre por tu falta de consuelo y por su soledad. Dios te espera en el altar, vuelve a vivir su Pasión por ti, y tú ni siquiera deseas ir.

Cuando un cristiano empieza a entender lo que es la Eucaristía, y si realmente cree o desea creer en la presencia real de Cristo en ella, no debería tener ningún argumento para no acudir todos los días. Si creo que el mismo Dios baja del Cielo y se sacrifica por mí, solo para poder estar dentro de mí y darme su amor, no cabe que al menos no intente ir a Misa más días además del domingo y, por supuesto, que no lo viva como una obligación sino como un acto de profundo amor y acción de gracias.

Comulgar no es solo recibir a Jesús para alimentarse de Él y encontrar las fuerzas en Él, sino que también es ir a recibirle para darle la alegría de un corazón que desea amarle, que desea acogerle, que desea consolarle. Permitirle la alegría de estar contigo. Si tú deseas estar con Él, imagínate cuánto más desea estar Él en tu alma. Lleva deseándolo desde la eternidad.

Cuando comulgas le dejas a Él comulgar contigo. Cuando no comulgas le impides a Él entrar en ti, le impides ayudarte, pero Él desea estar contigo y estar a tu lado para ayudarte y consolarte.

Por último, conviene recordar que la comunión con Cristo en la Eucaristía se debe complementar con la comunión en la fe, aceptando las normas establecidas por la Iglesia, y con la comunión en el amor, es decir, estar en gracia de Dios, sin pecado mortal.

Que nuestra Madre nos ayude a acercarnos a la Eucaristía y a acoger a su Hijo con el respeto, la reverencia, el amor y la acción de gracias con que ella le acogió cuando dijo sí en la Anunciación.